Yandel hizo lo jamás pensado, combinar la música de la calle, denostada durante décadas, es decir, el reggaetón, y fusionarlo con la academia, lo hegemónico, una filarmónica para tocar los temazos que sentaron las bases del género urbano
Llandel Veguilla Malavé aka Yandel (Puerto Rico, 1977)es uno de los arquitectos del reguetón moderno y una figura clave de la música latina global. Desde sus inicios con Wisin & Yandel, ha firmado himnos generacionales que marcaron una era. Su carrera en solitario confirma una evolución constante, mezclando calle, elegancia y visión futurista. Productor, vocalista y creador incansable, siempre va un paso por delante del ritmo. En directo, Yandel no repite fórmula: reinventa su legado y lo lleva a otro nivel.

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Yandel ha hecho algo verdaderamente icónico, algo que nadie esperaba. El reguetón, nacido en los barrios populares, fue denostado durante años —por no decir décadas—. Hoy, sin embargo, es pop global, transversal y celebrado por todas las clases sociales. Raro es quien no lo escucha o lo baila. La academia y la música clásica, en cambio, siempre han pertenecido a otro territorio.
Llandel Veguilla (@yandel) por @nabscab
La academia y la calle unen amor por la música en estos conciertos sinfónicos
Un espacio históricamente reservado a las élites, a los eruditos, a lo intocable. Un mundo que, durante mucho tiempo, parecía incompatible con cualquier expresión considerada callejera o “barriobajera”. Y, aun así, Yandel ha unido ambos universos. Lo culto con lo popular. La disciplina de años de estudio con el desahogo nacido de la calle. Dos mundos aparentemente antitéticos que, al encontrarse, encajan con una naturalidad sorprendente. ¿Por qué funciona? Porque, en el fondo, ambos comparten lo esencial: un amor absoluto por la música. Y eso se nota. Por eso esta fórmula de Yandel no solo impacta, sino que funciona.

Dos días, domingo 25 y lunes 26 de enero, dos sold out en el mítico espacio de Madrid
El lunes, Madrid fue testigo de algo poco habitual: Yandel en formato sinfónico, sin perder pulso, calle ni pegada. El concierto arrancó con Intro / Puño de Tito y Permítame, marcando desde el inicio el diálogo entre beats y orquesta. A partir de ahí, el set fue un viaje emocional y generacional: Reguetón en lo Oscuro, Nunca Me Olvides, Noche de Sexo o el medley de Mírala Bien, Rakata y Pam Pam provocaron una respuesta inmediata del público.

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La segunda mitad elevó el tono con momentos especialmente intensos como Mayor Que Yo, Noche de Entierro —expandida con arreglos sinfónicos— y un bloque final donde Lloró Por Ti, Dime Qué Te Pasó o Desperté Sin Ti demostraron que el repertorio de Yandel resiste cualquier formato sin perder verdad. El peso emocional del directo recae en la Camerata de Antonio Soler, una formación de 36 músicos clásicos que acompaña a Yandel con una precisión sorprendente. Lejos de funcionar como mero acompañamiento, la orquesta dialoga constantemente con la base rítmica, aportando cuerpo, dramatismo y amplitud sonora.

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Los arreglos respetan la esencia del reguetón, pero la elevan, especialmente en los momentos más melódicos y en los pasajes extendidos, donde cuerdas y metales empujan el show hacia una dimensión más cinematográfica. El resultado no es una fusión forzada, sino un equilibrio natural entre academia y calle. La Camerata no domestica el repertorio; lo expande. Cada golpe orquestal subraya el pulso del directo y refuerza los clímax emocionales, demostrando que este formato no es un experimento puntual, sino una relectura sólida y ambiciosa del universo Yandel.