
Hasta el 19 de abril, La Casa Encendida acoge Generaciones 2026, una exposición que presenta los seis proyectos ganadores de esta 26ª edición y que convierte la escultura en un campo de experiencia, relación y transformación.
Generaciones 2026 se aloja en las salas B y C de La Casa Encendida. La exposición que presenta los seis artistas ganadores propone una lectura expandida de la escultura contemporánea. Las instalaciones escultóricas dejan de entenderse como una forma estable para convertirse en dispositivos de relación, que se despliegan en el espacio y en el tiempo. Más cercanas a la fenomenología, donde el sentido emerge en la experiencia y no en el objeto cerrado, las obras proponen formas de habitar marcadas por la inestabilidad, la transformación, la escucha y el cuidado.
The Voiceless Voice of the Girls de Hodei Herreros Rodríguez, detalle
En Generaciones 2026, las piezas tridimensionales no se limitan a ocupar las salas, sino que generan tension en recinto expositivo y lo vuelven poroso. A continuación, se despliegan las propuestas de los seis artistas galardonados, todos nacidos en la decada de los 90 del siglo pasado, por orden alfabético.
Subsidencia de Víctor Santamarina, detalle
Élan d’Orphium
Élan d’Orphium (Badajoz, 1992) propone en Acto de Amor una operación radical: solidificar una acción íntima y cotidiana —orinar— para convertirla en escultura y gesto relacional. El cuerpo se transforma en una tecnología afectiva sostenida en el tiempo, donde el deseo, la disciplina y la entrega generan valor material y simbólico. La obra desborda los límites de lo íntimo y lo público, desplazando las narrativas normativas del amor hacia un territorio donde lo blando, lo efímero y lo orgánico adquieren una potencia política inesperada.
Izquierda: Actos de amor de Élan d´Orphium
Hodei Herreros Rodríguez
La voz es el eje central de The Voiceless Voice of the Girls, el proyecto de Hodei Herreros Rodríguez (Vitoria-Gasteiz/Granada, 1997). A través de instalaciones sonoras y escultóricas, la artista convierte la escucha en un acto espacial y político. La voz femenina —cis y trans— aparece como materia que modela el espacio, cuestionando las jerarquías entre lo visible y lo audible, entre ornamento y estructura. El sonido no acompaña a la forma: la produce. La escultura se vuelve así un lugar coral donde el cuerpo, la estética y la resistencia se entrelazan.
The Voiceless Voice of the Girls de Hodei Herreros Rodríguez, detalle
Claudia Pagès
Claudia Pagès Rabal (Barcelona, 1990) activa en Marcas de Agua: Torres, Castillos, Perros, y Laia una investigación material y simbólica sobre las filigranas del papel, esos signos casi invisibles que históricamente han funcionado como marcas de control y autenticidad. Al trabajar con filigranas del siglo XV, la artista desplaza su lectura hacia una dimensión sensible. Y es que las imágenes no comunican un significado fijo, sino que aparecen como presencias latentes que solo se revelan bajo determinadas condiciones. El archivo deja de ser documento para convertirse en materia viva, donde historia, lenguaje y percepción se entrelazan en un juego de apariciones y desapariciones.
Vista de la instalación de Víctor Ruiz Colomer
Maya Pita-Romero
En Sin Vunca Llegar a la Boca, Maya Pita-Romero (Madrid, 1999) construye una arquitectura blanda y transitable que articula refugio, cuidado y ambigüedad. A través de textiles, materiales orgánicos y procesos manuales como coser o ensamblar, la obra se presenta como un cuerpo en metamorfosis constante. El espacio invita a una experiencia lenta, casi reparadora, pero nunca del todo confortable: la protección puede devenir asfixia, y el cuidado, una forma de tensión. La escultura se convierte aquí en un organismo que respira, recuerda y se transforma junto a quienes lo atraviesan.
Sin Nunca Llegar a la Boca de Maya Pita-Romero, detalle
Víctor Ruiz Colomer
En l>ii<z, Víctor Ruiz Colomer (Barcelona, 1993) trabaja en los márgenes de la arquitectura y el lenguaje, activando umbrales como puertas, marcos o ventanas para generar desplazamientos perceptivos. Sus esculturas no imponen una forma, sino que sostienen estados de tensión e inestabilidad que obligan a repensar cómo el cuerpo se orienta en el espacio. El proyecto concibe la escultura como un sistema abierto, donde materia y pensamiento se desajustan continuamente, produciendo una experiencia cognitiva que es tanto física como conceptual.
Vista instalación Generaciones 2026
Víctor Santamarina
Y finalmente Víctor Santamarina (Madrid, 1990) aborda en Subsidencia la escultura como un proceso de colapso controlado. A través de estructuras de cera pensadas para deformarse y derrumbarse con el tiempo, la obra despliega una coreografía lenta de desgaste y transformación. El fracaso de la forma no aparece como un final, sino como una condición productiva desde la que imaginar otras temporalidades y modos de organización material. La escultura performativa se convierte aquí en un ensayo sobre la fragilidad de las estructuras que sostienen —y gobiernan— lo real.
Subsidencia de Víctor Santamarina
La escultura como experiencia situada en Generaciones 2026
En conjunto, Generaciones 2026 traza un mapa de prácticas que entienden la escultura como experiencia situada, como un espacio donde el sentido no está dado, sino que se produce en la relación entre cuerpos, materiales y tiempo. Más que ofrecer objetos para ser contemplados, la exposición propone situaciones para ser habitadas, confirmando a Generaciones como un termómetro sensible de las preocupaciones éticas, políticas y formales del presente.
Vista instalación Generaciones 2026
Todas las imágenes cortesía de La Casa Encendida © Fotos: Maru Serrano, 2026
Generaciones 2026, hasta el 19 de abril
Ronda de Valencia, 2. 28012 – Madrid
+ info web de La Casa Encendida
Vista instalación Generaciones 2026