Bejo y su rap interiorista e intimista inundan Madrid

Bejo presentó El Interiorista en el Teatro Circo Price. El rapero desnuda su alma y se reinventa en blanco y negro. Hay conciertos que entretienen y conciertos que revelan algo, él consiguió las dos cosas, además de evolucionar y convertirse en un rapero de culto

Lo de Bejo en el Teatro Circo Price fue algo muy diferente a lo que hemos visto de él. Fue asistir en primera persona a la evolución de un artista que lleva años escapándose de cualquier etiqueta, pero que ahora ha decidido, por fin, abrazar su propia profundidad. Verle en directo es siempre una fiesta, un viaje, un collage sonoro. Pero esta vez fue distinto: fue la presentación de un Bejo adulto, reflexivo, minimalista, contundente. Un Bejo que ya no está para tonterías ni chiquilladas, ni de la industria ni de nadie. Un Bejo que reivindica su madurez sin perder ni una pizca de su universo brillante.

Bejo y su rap interiorista e intimista inundan Madrid

El salto de un artista que no cabe en ninguna categoría

La noche arrancó con la sensación clara de que algo había cambiado. No era solo un rapero presentando un disco: era un creador completo mostrando una etapa nueva, más sólida, más limpia, más pensada. Su carrera siempre ha sido una mezcla de rimas, artes visuales, humor, surrealismo y sensibilidad. Pero ahora esas piezas encajan con una claridad pasmosa. Ya no es el Bejo que juega con colores explosivos y referencias pop a cada verso: es un artista integral, un rapero de culto que se ha construido un lenguaje propio. Alguien que ya no pide permiso: avanza.

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Minimalismo radical: dos colores bastan para un universo infinito

El Price se convirtió en un lienzo de blanco y negro. Nada más. Nada menos. Bejo había contado en redes que pasó meses experimentando con juegos de luces, sombras y dibujos para construir los visuales de este show, y vaya si se notó. El escenario era un trampantojo constante: luces que aparecían y desaparecían sin lógica aparente, distorsiones que hacían dudar de si lo que veías era real o una animación perfectamente sincronizada.

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¿Trampantojo? ¿Estaba Bejo ahí o solo eran visuales?

Hubo momentos en los que su figura parecía integrarse con los visuales, casi como si formara parte del diseño gráfico del directo. Esa sensación —¿está ahí o no está ahí?— se convirtió en uno de los recursos más potentes del concierto, un diálogo entre el cuerpo del artista y el espacio que lo rodeaba. El uso exclusivo del blanco y negro, lejos de empobrecer la puesta en escena, la convertía en algo hipnótico: un recordatorio de que el universo de Bejo es tan rico que no necesita la pirotecnia habitual de otros artistas. Con dos colores basta para decirlo todo.

Bejo y su rap interiorista e intimista inundan MadridBorja alias Bejo (@borjabuche)

Referencias cinematográficas y gestos de artista total

No faltaron los guiños culturales que Bejo suele sembrar en su obra. Aparecieron imágenes y referencias directas a El Séptimo Sello de Ingmar Bergman, con su solemnidad existencial, y a Viaje A La Luna de Georges Méliès, con su magia artesanal y su espíritu pionero. Ese cruce entre lo culto y lo juguetón es una de las marcas de la casa: Bejo entiende el arte como un espacio donde cabe todo, siempre que esté atravesado por la imaginación. Pero el momento más simbólico llegó cuando decidió pintar un cuadro en mitad del concierto. Un gesto performativo, íntimo, visceral. La sala entera en silencio, observando cómo daba forma a ese lienzo… para destruirlo segundos después. Fue una metáfora perfecta de esta etapa suya: creación libre, desapego, transformación constante. Crear para romper, romper para avanzar.

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Un setlist construido como un viaje interior

El hilo conductor del directo fue El Interiorista, un álbum que ya de por sí funciona como una exploración de la identidad, pero que en vivo cobra una dimensión totalmente nueva. El concierto avanzó con una narrativa clara, casi teatral. Abrió con “El interiorista”, como una declaración de intenciones. Le siguieron piezas potentes como “El puerto de la estaca”, “La cocina está cerrada” o “Metamorfosis”, donde su madurez poética se mezcla con esa musicalidad tan suya.

Hubo momentos de vulnerabilidad —Corazón Tripartito, La Pieza Que Falta— en los que la voz se convertía en un hilo directo hacia su interior, iluminado solo por las sombras del escenario. Y también estallidos de ritmo, humor y energía como Cinco Perros Machos, Guaña Guaña o Pecata Minuta, donde el público se levantó de golpe, como si Bejo hubiera accionado un resorte colectivo.

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Momentos emocionales de un duro del rap

Uno de los instantes más emotivos fue Invirtiendo En La Pérdida, el tema junto a Kase.O. En directo se sintió como una confesión compartida, una grieta abierta en mitad del espectáculo. Y ya hacia el final, cuando sonó Cuando El Suelo Es Gelatina, la sala parecía suspendida en una especie de sueño fluido, casi cinematográfico. El cierre con Dentro De Mi Cueva fue el broche perfecto para un viaje que empezó afuera y terminó dentro: un regreso a lo esencial.

Bejo, un lenguaje propio

Al final, lo que quedó claro en el Teatro Circo Price es que Bejo está viviendo un momento artístico único. Ya no es solo un rapero, ni solo un compositor, ni solo un productor, ni solo un pintor: es todo eso y algo más. Un creador total con una mirada propia, con un universo que no se parece al de nadie y que sigue creciendo. El público salió con la sensación de haber asistido a una mutación. A una confirmación. A la llegada de un artista que no teme demostrar que ha cambiado, que ha madurado y que tiene mucho más que decir. Bejo no es solo un músico con un buen directo. Bejo es un lenguaje. Y anoche, en blanco y negro, lo habló con una claridad deslumbrante.