
Judith Fernández consolida su talento en el cine español con personajes intensos, sensibles y llenos de verdad, música y emoción.
Ir al cine es una aventura, nunca sabes cómo vas a salir. Pero si Judith Fernández forma parte del proyecto, la conexión es segura. Es una actriz que bebe de su entorno, saborea cada trabajo y lo transforma con un matiz propio. Desde niña quiso expresarse, dejarse ser. Por eso, era imposible no imaginarla actuando.

Hoy se consolida como uno de los rostros más interesantes del cine español junto a Rondallas. El largometraje que marca el regreso de Daniel Sánchez Arévalo, una historia donde la familia se convierte en roca y la música, en salvación.
Eres de A Coruña, pero viviste mucho tiempo en Edimburgo. ¿Te influenció de alguna manera?
Mucho. Me crié con mucha cultura, allí es algo esencial en la educación de cualquier niño. Los museos y el teatro son muy accesibles, hay muchísima variedad y además son gratis. Además, los británicos son personas muy constantes, eso en nuestra profesión es muy importante.
¿En qué momento decides ser actriz? Porque no vienes de una familia de actores.
Realmente, desde que tengo uso de razón. Yo nunca decía “quiero ser actriz”, esa no era mi frase, pero desde pequeña necesitaba actuar, expresarme. No le ponía nombre, pero mi persona necesitaba expresarse.
¿High School Musical fue bastante clave para ti?
Para mí, High School Musical es historia del cine y quien diga lo contrario está equivocado (se ríe) Nos marcó a todos. En mi casa de Escocia había una ventana y hay una canción de Gabriella que canta en una ventana, y yo la interpretaba ahí, con los bailes. Era mi forma de expresarme, y gracias a Dios mis padres lo abrazaban mucho.
Tus primeros pinitos fueron en teatro con Susana Crespo. Ha pasado el tiempo, pero ¿qué recuerdas de esas primeras experiencias?
Lo vivía como un juego. Era mi pasión. A mí me castigaban sin ir al teatro, imagínate. Iba todas las semanas. Me crié en bambalinas. Susana Crespo y toda la compañía El Ruiseñor son mi familia. Estuve hasta los 18 años en la compañía. Ahora que lo recuerdo se me ponen los pelos de punta. Era mágico.

Con 14 años ya empiezas delante de cámara. ¿Qué recuerdas de esas primeras veces o qué consejos te marcaron?
En Augasquentes, María Vázquez hacía de mi madre, y luego en Rondallas volvió a ser mi madre por tercera vez. Aprendí todo de María Vázquez, y tuve mucha suerte. Ella es humildad, respeto, trabajar desde la horizontalidad, comunidad. Y algo que escuché desde muy pequeña y que siempre me acompaña es: “cuida a quien te encuentres subiendo, porque te lo vas a encontrar bajando”.
Justo en San Sebastián te pregunté cómo era volver a trabajar con ella en Rondallas. ¿Cómo fue y cómo notas tu evolución como actriz?
Con ella es muy fácil, es como una segunda madre. La llamo mamá desde que tengo 14 años. Hay un vínculo que ya existe, nos miramos y nos entendemos. Pero la suerte también fue por todo el cast, las conexiones fueron tan fuertes que el rodaje era un lugar muy seguro. Cualquier presión desaparecía.

Tu personaje tiene muchas capas. El duelo del padre, la rabia, la música como salvación. ¿Cómo construiste este arco?
Hicimos mucha improvisación con Daniel Sánchez Arévalo para investigar escenas y ver a dónde nos llevaban. Luego trabajé mucho el carácter, porque ella es muy distinta a mí. Yo soy más para fuera, más blandita. Ella es más para dentro, más dura. También hablé mucho con una amiga cuyo padre murió cuando tenía 16 años. Apunté todo lo que me contó. Ella vio la película en la premiere de Vigo y me dijo que era tal cual lo había sentido. Recuerdo, que hay una frase que ella dijo y que metimos en la peli: “me da miedo porque me estoy olvidando de su voz”. Eso me atravesó.
Por otro lado, la química con Fer Fraga fue bonita, ¿cómo se construyó esa relación para la pantalla?
Fuimos amigos a primera vista. Tuvimos todo el casting juntos desde el primer momento y hubo una conexión muy natural, como si nos conociéramos de otra vida. No era forzado, íbamos a trabajar, y de repente apareció una amistad muy profunda (sonríe).

También has estrenado hace muy poco Las Hijas De La Criada de Sonsoles Ónega, ¿leíste la novela o solo el guión?
Leí la novela, sí. Para ver cómo escribía Sonsoles y si había detalles que no estaban en el guión. Cogí pocas cosas, pero me apetecía absorber un poco sin atarme demasiado.
¿Cómo sientes a Clara, tu personaje?
Clara es muy luminosa. Hay más Judith en Clara que en Andy (personaje de Rondallas). Es inocente, pero muy inteligente. Tiene mucho mundo interior, mucha fantasía. Ahí nos conectamos mucho. Además, ama los libros, como yo.

¿Qué libro te ha marcado?
Leo mucho, y de pequeña leía sobre todo teatro. Las novelas me costaban más porque en el colegio te obligan (se ríe) Hay un libro que me reconectó mucho con esta pasión, fue No Tenemos Amores de Cobardes de Marta Fernández.
Ahora que mucha gente te está descubriendo, aunque llevas bastante tiempo trabajando, ¿qué tipo de trabajos te llenan como actriz?
Historias humanas, reales, que hablen del amor en todas sus formas. Me gustaría hacer de todo, incluso fantasía, pero siempre desde lo humano.
Fotografías Janma Feliz