
Cansada de la itinerancia y con una hija pequeña creciendo entre mudanzas, una joven pareja encontró su lugar en la cuarta planta de un edificio del año 52, ahora conocida como Casa Zam 12 tras pasar por las manos de DG Estudio.
DG Estudio tuvo que enfrentarse a 135 m² en el barrio valenciano de La Petxina, al lado del Jardín del Túria, encorsetados por una maraña de tabiques. Casa Zam 12 presentaba una planta fragmentada y excesivamente compartimentada, prácticamente en las antípodas de la propuesta que el despacho tenía en mente para sus clientes: un hogar confortable, luminoso y preparado para acompañar futuras e inevitables transformaciones familiares. Había poco que rescatar… salvo las molduras del techo. Bien conservadas y originales, sobrevivieron a la reforma. El resto desapareció.

La memoria en las alturas y la nueva distribución de Casa Zam 12
Con esos resaltes manteniéndose estoicos como recuerdo del pasado, DG Estudio, con un presupuesto estimado de 1.250 € por m², puso orden y actualidad en la distribución, sin pasillos al uso. Casa Zam 12 se reparte ahora en tres dormitorios –uno principal, otro para la niña y un tercero comodín, listo para lo que depare el porvenir–, además de dos baños, lavadero, cocina abierta, salón-comedor y un versátil ámbito para teletrabajar, estudiar cómodamente, jugar…


“Cuando hablamos de que la vivienda puede evolucionar con el tiempo, nos referimos al espacio central formado por la entrada el espacio de trabajo y el distribuidor de las habitaciones. Este espacio de dimensiones generosas puede albergar a lo largo del tiempo diferentes funciones. Los elementos no cambian pero el uso que se le puede dar puede variar según las necesidades”, explica DG Estudio.
Tres volúmenes de roble para no recurrir a los antiguos pasillos
DG Estudio evitó volver al viejo rompecabezas de muros y optó por tres grandes piezas de roble natural. Dan calidez, delimitan ambientes pero no los clausuran, ponen orden reteniendo la amplitud y dejan que la luz circule por el interior. Cada volumen cumple con su cometido: el primero consolida el estar-comedor y agrega el soporte de la televisión; el segundo define la zona coquinaria, y el tercero organiza el estudio.




Ese roble natural también se desliza por el suelo de las zonas principales para que todo respire continuidad. En cocina y baños, por resistencia y limpieza, se colocó un porcelánico de aspecto pétreo –diseñado por Inma Bermúdez para Nadis–. En lo concerniente a paredes y techos, estos se pintaron en blanco para multiplicar la claridad y dejar que el contraste entre lo antiguo y lo reciente quedase patente.

