
La firma japonesa Anrealage revoluciona la pasarela de París fusionando el anime Ghost in the Shell con tecnología LED de camuflaje. Un show que incita a pensar sobre la identidad personal en la era de la IA y las redes sociales cada vez más impersonales.
Anrealage, la marca fundada en 2003 por el visionario Kunihiko Morinaga en Tokio, ha vuelto a dejar boquiabierto al sector de la moda en París. Desde su base en la capital nipona, Morinaga ha construido un imperio basado en la unión de ciencia y costura. Sus señas de identidad son la fotocromía y el uso de materiales inteligentes que cambian con la luz. Entre sus mayores logros destaca su nominación al LVMH Prize y sus constantes innovaciones textiles que desafían la percepción humana. En esta ocasión, la firma ha transformado el Ircam de París en un laboratorio de experimentación visual y sonora.
Fotos: Estrop / Francesc Tent
El fantasma en la máquina de Morinaga
La colección FW26-27 rinde un tributo sofisticado a Ghost in the Shell, la obra maestra del cyberpunk de 1995. Morinaga explora el concepto de “invisibilidad” a través de la tecnología, cuestionando los límites de nuestra propia identidad. Las modelos desfilaron entre pantallas, sugiriendo que en un mundo digital, vestirnos es, paradójicamente, una forma de desaparecer.

La colaboración con Led Tokyo permitió crear superficies de ingeniería que actúan como interfaces vivas sobre el cuerpo. Estas piezas capturan y reflejan el entorno en tiempo real, logrando que la silueta se funda con el fondo. Es un ejercicio de camuflaje óptico térmico que convierte la ropa en una piel de código y luz.

Psicodelia robótica y sostenibilidad extrema
Más allá del camuflaje, la colección presentó looks flamantes que rescatan el espíritu liberador y romántico de los años setenta. Vimos volantes mezclados con estructuras que recordaban a caparazones de insectos o armaduras robóticas de alta tecnología. Las joyas, similares a antenas, brotaban de los zapatos y dedos, reforzando esa estética de heroína de ciencia ficción.

El compromiso con el planeta también estuvo presente gracias al uso de la impresora textil Forearth de Kyocera. Esta tecnología permite imprimir flores de efecto acuarela sobre ante sintético sin utilizar una sola gota de agua. Esto supone una reducción drástica del consumo energético y de las emisiones de CO2 en el proceso.

Una reflexión sobre el “yo” digital
El cierre del desfile fue una meditación sobre qué queda de nosotros cuando nuestra imagen se disuelve en la red. Los estampados de multitudes generadas por IA y los códigos verdes ácidos envolvieron siluetas de jacquard opulento. Morinaga nos pregunta si todavía existe un “alma” dentro del caparazón cuando la frontera entre lo real y lo virtual se borra.

La colección no solo es un triunfo del diseño, sino un manifiesto sobre la moda como tecnología de ocultación. Al final, Anrealage demuestra que la verdadera vanguardia no es solo ser visto, sino elegir cómo y cuándo queremos ser percibidos. Es moda para un futuro donde la privacidad es el lujo definitivo y la tecnología es nuestra segunda piel.
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