
Ekaitz Ferrero y Quique Vidal son los fundadores de Umbo, un espacio creativo multifuncional, desarrollado por el estudio de comunicación creativa Cartulina, el alter ego de este tándem.
Ekaitz Ferrero (Zarautz, 1998) y Quique Vidal (Valencia, 1996) formados en interiorismo y moda, respectivamente, atesoran una colección privada de mobiliario vintage con instinto de conservación. Este lienzo en blanco testigo de shootings, presentaciones y eventos, reúne un apabullante archivo de unas 300 piezas, a cuál más icónica. Son obras maestras del diseño del siglo XX, italianas, francesas, alemanas, suizas, danesas y finlandesas, conservadas con constancia y paciencia. Una joya.

Imágenes superiores: 1) Ekaitz Ferrero y Quique Vidal, fotografía Antártica 2) Sillón Marsala de Michel Ducaroy para Ligne Roset
Qué os conecta con esas piezas siendo tan jóvenes?
Que siguen funcionando. Están bien pensadas, diseñadas con criterio y con una lógica que va más allá de la tendencia. No dependen de modas ni de lo inmediato. Por eso siguen teniendo sentido y encajando en contextos contemporáneos.
¿Cuál fue la primera pieza que marcó el inicio?
El carrito Boby de Joe Colombo, que compramos en la Escuela de Cerámica de Madrid, fue un punto de inflexión. Entendimos que rescatar y compartir piezas especiales tenía sentido y nos hacía realmente felices. Entonces, el proyecto empezó a tomar forma de manera natural.

Sillas Rey de Bruno Rey para Dietiker
Habláis de Umbo como archivo vivo. ¿Qué significa?
Que las piezas no están guardadas sin más. Se conservan y se cuidan, pero también siguen en movimiento, formando parte de nuevos proyectos, producciones y contextos. Son objetos con historia que continúan activos y dialogando con el presente. Además, se trata de una colección que evoluciona: retapizamos piezas, adquirimos otras nuevas, etc.
¿Cómo se construye un archivo así?
Con tiempo y con mucha selección. No se trata de acumular rápido, sino de elegir bien y dejar que las piezas lleguen cuando tienen que llegar. Muchas veces aparecen en muy mal estado y el trabajo está en recuperar su esencia, siempre respetando las etiquetas, las formas, los tejidos y el contexto de cada época. Empezamos comprando una o dos piezas al mes y reinvirtiendo lo que íbamos ganando en nuevas adquisiciones. Ha sido un proceso constante y paciente.

Sillón Soriana de Afra & Tobia Scarpa para Cassina
“Son objetos con historia que continúan activos y dialogando con el presente” Umbo
¿Dónde encontráis las piezas?
En muchos sitios y de muchas maneras: a través de viajes, contactos, investigación y también de fruto de la casualidad. La clave está en mirar con atención y tener paciencia. Con el tiempo, además, hay piezas que empiezan a llegar a nosotros casi de forma natural.
¿Alguna anécdota especial ligada a una pieza?
Muchas. Desde viajes expresamente para ver una pieza concreta hasta rescates en lugares que estaban a punto de desaparecer. Cada objeto tiene detrás una historia y muchas de ellas forman ya parte de nuestro recorrido.

Espacio diáfano Umbo con mucha luz natural
¿Qué criterio seguís para incorporar una pieza?
Que tenga sentido hoy. Nos importan forma, material, historia y que aporte algo visual a los proyectos en los que se utiliza. En principio, trabajamos con mobiliario y objetos vintage de las décadas de los 60, 70 y 80. Pero, a veces el ojo se nos va y aparece alguna pieza de otra época.
¿Cómo surge el flechazo?
Nuestro punto de partida suele ser el diseñador, sobre todo italianos y franceses. A partir de ahí investigamos su trayectoria, entendemos su contexto y buscamos sus creaciones a lo largo del tiempo, siempre con la idea de construir un archivo coherente y con criterio.

Sillón Calin de Pascal Mourgue para Ligne Roset
¿Hay piezas a las que tengáis especial cariño?
Sí, porque explican muy bien el origen del proyecto. No son necesariamente las más conocidas, pero sí las más representativas de Umbo. Un ejemplo: las sillas Universale de Joe Colombo, en la colección del MoMA. Una pieza icónica de la que hace poco conseguimos completar todos los colores que nos faltaban. También tenemos especial apego a los distintos sillones y sofás Maralunga, diseñados por Vico Magistretti. El primero de ellos estuvo en nuestro propio salón antes de ser retapizado y, hoy en día, es una de las piezas más demandadas del archivo.
¿Qué aporta una pieza vintage frente a una nueva?
Tiempo y memoria. Son objetos que ya han sido usados, que funcionan y que cuentan algo. Las marcas de uso forman parte de su valor y aportan una narrativa que una pieza nueva no puede tener. Además, reutilizarlas implica no producir de nuevo y no contaminar, algo que para nosotros es algo inseparable del proyecto.

Sillas Mito de Carlo Bartoli para Tisettanta
¿Cómo es el espacio de Umbo y cómo funciona?
Es un espacio industrial, flexible y diáfano, con mucha luz natural. Funciona como base de trabajo y espacio de alquiler. Se alquila con o sin mobiliario, según las necesidades de cada proyecto. Está pensado para producciones, editoriales y proyectos creativos.

Interior del espacio Umbo
¿Cómo veis el coleccionismo de diseño de mobiliario en España?
Creemos que el coleccionismo de diseño todavía se asocia en muchos casos a lo puramente decorativo, sin llegar a entenderse del todo desde un punto de vista cultural y artístico. Sin embargo, empezamos a notar un cambio: cada vez se percibe más como un reflejo de una época (o de varias), de otras formas de vivir y de pensar, y no únicamente como algo estético.
¿En qué estáis trabajando ahora?
En 2025, hemos estado muy centrados en adquirir nuevas piezas, reformar el espacio y consolidar el archivo. Ha sido un periodo de construcción interna. Ahora nuestro foco está en comunicar mejor todo ese trabajo: restaurar, ordenar y poner en valor las piezas, y darles una lectura más clara a través de un book que se entienda como concepto y como universo.

Ekaitz Ferrero y Quique Vidal sentado en un sillón Corbi de Klaus Uredat para COR. Fotografía Antártica
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Umbo Space
Calle Tracia 38, Madrid 28037
@umbospace
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