
Jevany Villa, firmada por el estudio Architektura, tiene dos caras: discreta hacia la calle y completamente abierta hacia el bosque del pequeño municipio checo que le da nombre.
Ahora bien, ¿por qué sucede esto? El terreno, en pendiente, ocupa el vacío dejado por una edificación anterior. Desciende hacia una zona arbolada de abetos, con aves, ciervos y una luz titilante. Los arquitectos de Architektura no lucharon contra esa inclinación y, en su lugar, le sacaron el máximo partido. Encajaron Jevany Villa en la parte alta, donde parece más pequeña y de una sola planta, y dejaron que se expandiese hacia abajo para mostrar su tamaño real y sus dos niveles.

Un peculiar acceso creado por Architektura
Otra de las peculiaridades de Jevany Villa es la forma de acceder a ella. Entrar en esta casa requiere algo más que abrir una puerta. Primero se llega al aparcamiento en cubierta, una estructura metálica dentada de acero rojo que le confiere al proyecto una estética industrial y crea un fuerte contraste con el verde que lo circunda. Desde ese punto, la vivienda se va descubriendo progresivamente.
Subir y bajar, pero también conectar
Dentro, la escalera, con su barandilla iluminada, pasa a ser fundamental. Architektura la utilizó para organizar toda Jevany Villa y establecer una directa relación con el exterior, presente en toda la residencia. A medida que se recorre, el entorno natural se hace más presente, enmarcado por grandes ventanales, también de acero rojo, que dibujan patrones irregulares y recuerdan a composiciones de Mondrian.




Vivir y descansar, bien separados
Este elemento también conecta las alas oeste y este: zona de día y zona de noche. La primera es un gran espacio abierto para vivir, cocinar y descansar, con el salón en doble altura y techos de hormigón visto con huellas de encofrado. La segunda, organizada mediante un longitudinal pasillo con armarios integrados, incluye el dormitorio principal, con vestidor y baño, y las habitaciones infantiles, todas orientadas hacia el bosque. El corredor finaliza en una salida al jardín, que podría convertirse en un acceso independiente en el futuro, especialmente pensado para la autonomía de los hijos de la pareja habitante cuando crezcan. Apenas modificado, este ámbito conserva su aspecto boscoso, con piedras reutilizadas y vegetación existente. “Las intervenciones se limitaron a la terraza, el acceso superior y una escalera lateral”, resume la oficina.




Neutro, con un toque de color
Para el resto del interior, el despacho, en colaboración con Jan Waltr, apostó por una paleta neutra en blanco con toques de negro y carpinterías en rojo, que solo se rompe en la cocina con el empleo de piedra rojiza y una combinación más rica de tonalidades. “La casa es el resultado de la mentalidad abierta de los clientes, casi afinada de manera artística, de la confianza mutua, de una cooperación constructiva que ambas partes disfrutaron y de la meticulosidad excepcional del contratista Radek Trojánek durante la construcción”, explica David Kraus, fundador de Architektura.