
El Santuario del Agua, el nuevo proyecto de Tomás Saraceno junto a comunidades indígenas en el altiplano andino, propone el arte como práctica de relación, cuidado y defensa del territorio.
En las Salinas Grandes, en el altiplano andino del norte de Argentina, donde la superficie blanca de la sal se funde con el cielo y el tiempo parece expandirse, El Santuario del Agua emerge como uno de los proyectos más ambiciosos de Tomás Saraceno. Concebido junto a once comunidades indígenas de la Red Atacama, este proyecto se sitúa en un lugar donde el arte deja de ser un objeto o una representación para convertirse en una práctica situada, relacional y colectiva.
Imagen superior: The Sanctuary of Water, 2026. Cortesía del artista, Red Atacama y The Aerocene Foundation. También las galerías Neugerriemschneider, Berlin, Tanya Bonakdar, Los Angeles, Pinksummer, Genova, Andersen’s, Copenhagen and Ruth Benzacar, Buenos Aires © Studio Tomás Saraceno.
Apacheta, Norte Andes © Imagen: Inca Glossary
El agua. El coste invisible del progreso
Vivimos en un momento atravesado por una paradoja difícil de ignorar: mientras avanzamos hacia modelos tecnológicos que prometen un futuro más sostenible, muchos de esos mismos sistemas siguen dependiendo de la explotación intensiva de territorios vulnerables y de recursos cada vez más escasos. Entre ellos, el agua, invisible en la superficie de nuestras pantallas pero esencial en cada proceso que las hace posibles. En este contexto, resulta inevitable preguntarse qué entendemos realmente por progreso y a qué coste se articula. Tal vez el problema no esté solo en las tecnologías que desarrollamos, sino en la forma en que seguimos situándonos fuera de los sistemas de los que dependemos, como si no formáramos parte de ellos.
Práctica de tejido local e hilado a mano. Atacama Region, 2026. © Imagen: Studio Tomás Saraceno
Frente a esta tensión, proyectos como El Santuario del Agua, de Tomás Saraceno en colaboración con la Red Atacama, introducen otra forma de mirar, desplazando la atención desde la producción hacia la relación, desde la extracción hacia el cuidado, y recordándonos que aquello que hace posible la vida —como el agua— no es un recurso inagotable, sino una condición compartida que exige ser atendida.
Endless Big, 2006. Courtesy del artista, Neugerriemschneider, Berlin, Tanya Bonakdar Gallery, New York; Andersen’s Contemporary, Copenhagen; and pinksummer contemporary art, Genoa © Studio Tomás Saraceno.
El agua como eje cosmológico
En las Salinas Grandes, el agua circula de forma casi imperceptible, pero sostiene todo lo que existe. Asciende desde acuíferos subterráneos, se evapora bajo el sol intenso del altiplano y cristaliza en sal, dando forma a un ciclo lento, delicado y profundamente vulnerable. En un territorio donde las precipitaciones son mínimas y las condiciones extremas, cualquier alteración en este equilibrio tiene consecuencias que se extienden a todo el ecosistema. Para las comunidades indígenas que habitan este territorio desde hace milenios, el agua atraviesa todas las dimensiones de la vida. Está presente en las prácticas cotidianas, en las formas de organización social y en las estructuras de pensamiento.

The Three Worlds of Pacha, 2026 © Imagen: Studio Tomás Saraceno
“El agua en el espacio del lickana representa un nexo unificador que atraviesa lo espiritual, lo social, lo cultural, lo económico y lo político.” Red Atacama
Desde esta perspectiva, el agua articula una red de relaciones que conecta lo visible con lo invisible, lo material con lo simbólico. En la tradición andina, sus flujos recorren distintos planos de existencia: el mundo de arriba, donde habitan los astros; el mundo presente; y el mundo interior, asociado a lo profundo, lo fértil y lo latente. Cuando estos circuitos se mantienen en equilibrio, también lo hace la vida en su conjunto.
El Santuario del Agua, Salinas Grandes, Norte Argentina. © Imagen: Studio Tomás Saraceno
Extractivismo y conflicto
Sin embargo, este equilibrio se encuentra hoy profundamente amenazado. Las Salinas Grandes albergan una de las mayores reservas de litio del mundo, un recurso estratégico en el contexto de la transición energética global. Este proceso, presentado como una alternativa sostenible frente a los combustibles fósiles, revela aquí sus contradicciones: su desarrollo depende de la extracción intensiva de agua en uno de los territorios más áridos del planeta.
Apacheta, Atacama Region, 2026. © Imagen: Studio Tomás Saraceno
Para producir una sola tonelada de litio se evaporan millones de litros de agua subterránea, alterando sistemas hídricos que requieren siglos para regenerarse. Este impacto no solo afecta a los equilibrios ecológicos, sino que incide directamente en las formas de vida que dependen de ellos. El agua, entendida por las comunidades como un ser vivo y un vínculo con el territorio, entra así en lógicas de explotación y mercantilización.
“Hoy las comunidades atacameñas nos enfrentamos a la mercantilización del agua para proyectos de minería a gran escala que amenazan nuestra cosmovisión y nuestro control territorial sobre el gran lickana.”
Salinas Grandes, norte Argentina, 2026 © Imagen: Studio Tomás Saraceno
En este contexto, el territorio deja de ser un espacio circunscrito para convertirse en un punto clave dentro de redes globales de producción y consumo. Lo que se extrae en las Salinas no permanece allí: se transforma en baterías, dispositivos y sistemas energéticos que circulan a miles de kilómetros, integrándose en economías que dependen de estos recursos sin asumir sus consecuencias.
La aparente sostenibilidad de estos procesos se sostiene, así, sobre una geografía desigual, donde los costes ambientales y sociales se desplazan hacia territorios específicos. Las Salinas Grandes se revelan entonces como un lugar donde se hacen visibles las tensiones entre transición energética, justicia ecológica y soberanía territorial.
The Sanctuary of Water, 2026. Cortesía del artista, Red Atacama y The Aerocene Foundation. También las galerías Neugerriemschneider, Berlin, Tanya Bonakdar, Los Angeles, Pinksummer, Genova, Andersen’s, Copenhagen and Ruth Benzacar, Buenos Aires © Studio Tomás Saraceno.
Una práctica de largo recorrido
La relación entre Tomás Saraceno, la Aerocene Foundation y las comunidades de las Salinas Grandes se ha construido a lo largo de más de dos décadas. Un proceso sostenido en el tiempo a través de encuentros, asambleas, aprendizajes compartidos y formas de escucha que han ido configurando una práctica basada en la confianza y la reciprocidad.
Desde los primeros viajes a este territorio a mediados de los años 2000, el trabajo ha evolucionado como una relación situada, en la que el conocimiento local, la experiencia comunitaria y la práctica artística se entrelazan. En este contexto, el tiempo se entiende desde otra lógica: como ciclo, como continuidad, como una forma de vínculo que se construye lentamente. Uno de los momentos más significativos de este recorrido tuvo lugar en 2020, cuando el vuelo de Aerocene Pacha sobrevoló las Salinas sin utilizar combustibles fósiles. La aeronave, impulsada únicamente por el sol y el aire, transportaba un mensaje escrito por las propias comunidades:
“El agua y la vida valen más que el litio. Sin agua no hay territorio, no hay cultura, no hay futuro.”
Flashing Toilets, 2025. Vista instalación en Tomás Saraceno, Neugerriemschneider gallery, Berlin, 2025. © Imagen: Studio Tomás Saraceno.
Una afirmación que condensa una forma de entender el mundo en la que la vida se sitúa por encima de cualquier lógica extractiva. En ella se expresa también una posición política clara frente a los modelos de desarrollo que ponen en riesgo los equilibrios del territorio. El vuelo adquirió así una dimensión simbólica que iba más allá de su condición técnica. Activaba una manera distinta de pensar la relación entre tecnología, naturaleza y sociedad, basada en la colaboración entre saberes, la confianza entre comunidades y el respeto por los elementos como base para imaginar otros futuros posibles.
Fly with Aerocene Pacha, Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, Norte Argentina, 2020, El Santuario del Agua. © Imagen: Studio Tomás Saraceno.
De este proceso colectivo surge El Santuario del Agua, un proyecto que materializa años de diálogo y trabajo compartido entre las comunidades y el equipo de Tomás Saraceno. Se plantea como una estructura abierta, que se construye y adquiere sentido a lo largo del tiempo. Su diseño se inspira en las apachetas, construcciones de piedra que en la tradición andina funcionan como ofrendas en el paisaje. Cada piedra colocada forma parte de un gesto acumulativo, vinculado al cuidado, la memoria y el paso por el territorio.
“Las apachetas no solo marcan el camino; lo bendicen.”
The Sanctuary of Water Are Fair Clouds on the Horizon, 2025. © Imagen: Studio Tomás Saraceno
A partir de esta referencia, el Santuario se concibe como una arquitectura de crecimiento progresivo, basada en la participación y en la suma de acciones. No responde a una forma cerrada, sino a un proceso que se desarrolla en el tiempo. El espacio se organiza en torno a un gran espejo de agua circular que refleja el cielo, estableciendo una relación directa entre paisaje y percepción. A su alrededor se sitúan cinco estructuras de sal que remiten a cuerpos celestes y a ciclos cosmológicos, introduciendo una dimensión simbólica que conecta el territorio con una lectura más amplia del entorno.
Salinas Grandes, Norte Argentina. © Fotografía: Studio Tomás Saraceno
Estas estructuras configuran el espacio y lo ponen en funcionamiento. Invitan a recorrerlo, a detenerse y a observar desde distintos puntos de vista, activando una experiencia que se construye en el desplazamiento. El proyecto se entiende así como un entorno que se habita y se percibe en relación con el cuerpo. La construcción con sal, extraída del propio entorno, refuerza esa continuidad con el paisaje e introduce una temporalidad específica, en la que la arquitectura puede transformarse con el paso del tiempo. El Santuario se plantea, en este sentido, como una forma integrada en los ciclos del territorio.
Aerocene Community. Taller de Fairclouds, Salta, Salinas Grandes, Norte Argentina, 2026. © Imagen: Studio Tomás Saraceno.
Comunidad, autonomía y continuidad
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su modelo de gestión. El Santuario no pertenece a una institución ni a un artista, sino a las propias comunidades, que serán responsables de su cuidado, uso y desarrollo. Esta estructura desplaza la lógica habitual del arte contemporáneo, situando la toma de decisiones y los beneficios en manos de quienes habitan el territorio. Este enfoque refuerza la soberanía territorial y, al mismo tiempo, abre la posibilidad de generar nuevas formas de economía vinculadas al lugar, basadas en el conocimiento local, la hospitalidad y la transmisión cultural. En este sentido, el proyecto responde a una preocupación clave para las comunidades: la continuidad.
“Queremos que nuestros jóvenes tengan trabajo aquí, en su propio territorio, para que no tengan que irse a buscar fuera lo que siempre ha estado cerca.”
Aerocene Community. Dibujos de Fairclouds, Salta, Salinas Grandes, Norte Argentina, 2026. © Imagen: Studio Tomás Saraceno.
El Santuario se plantea así como una infraestructura orientada al futuro, capaz de sostener la vida sin comprometer los equilibrios del entorno. Un espacio donde cultura, economía y territorio se articulan desde el cuidado, permitiendo que las nuevas generaciones permanezcan, habiten y proyecten su vida en el lugar al que pertenecen. En este sentido, más que una obra, el proyecto funciona como una herramienta: un dispositivo que activa vínculos, fortalece comunidades y ensaya otras formas de relación con el mundo.
Más información sobre el Santuario del agua en este enlace.