
La pieza Force Song, cuarta producción de la compañía Éskaton, se presenta como un dispositivo escénico que interroga la noción contemporánea de “fuerza” desde una perspectiva crítica.
Lejos de entenderla como una cualidad inherente al cuerpo, la pieza Force Song la plantea como una construcción cultural atravesada por dinámicas de poder, productividad y deseo. Este solo interpretado por Miguel Deblas articula una reflexión incisiva sobre las formas en que la esperanza —convertida en promesa aplazada— modela nuestras relaciones laborales, afectivas y comunitarias.
Imagen superior Foto: Salem Amar
Foto: Salem Amar
La fuerza no es un atributo natural, sino una forma de organización social del cuerpo.
Desde esta premisa, la propuesta escénica se despliega como una hibridación de lenguajes que combina coreografía, escritura y performatividad en diálogo con una instalación site-specific. La pieza se inscribe en la línea de investigación que Éskaton desarrolla desde su fundación. El cuerpo se convierte en archivo y campo de batalla de tensiones políticas y simbólicas. En este contexto, la “fuerza” aparece vinculada a imaginarios de masculinidad, explotación y rendimiento, revelando su dimensión normativa.
Foto: Carlo Sgarzi
El trabajo de Miguel Deblas se construye a partir de una relación intensa con el espacio y con el público. Llevando su propio cuerpo al límite de la resistencia. Esta estrategia performativa no busca la espectacularidad del esfuerzo, sino evidenciar los mecanismos que convierten el agotamiento en valor. Sustancias como la creatina, las proteínas o las bebidas energéticas —habitualmente asociadas al fortalecimiento físico— se incorporan como elementos escénicos que subrayan la artificialidad de estos procesos de optimización corporal.
Foto: Salem Amar
El cuerpo productivo es también un cuerpo disciplinado por la promesa de un futuro que nunca llega.
En este sentido, Force Song desplaza la idea de esperanza desde su connotación positiva hacia una lectura crítica: ya no como motor emancipador, sino como tecnología de control. La obra sugiere que la esperanza opera como un dispositivo que organiza la vida en función de una expectativa permanente de mejora, subordinando el presente a un porvenir siempre diferido. Esta lógica genera sujetos orientados hacia la productividad constante, internalizando el sacrificio como condición de posibilidad.
Foto: Carlo Sgarzi
La pieza propone así una inversión conceptual: destruir la esperanza como acto de resistencia. Este gesto, lejos de ser nihilista, abre la posibilidad de imaginar otras formas de relación que no estén mediadas por la promesa ni por la utilidad. En lugar de proyectarse hacia un futuro idealizado, la obra invita a habitar el presente desde la vulnerabilidad, el cuidado y la coexistencia.
Foto: Salem Amar
Renunciar a la promesa es recuperar la potencia del presente.
Esta relectura se inscribe en una sensibilidad queer que cuestiona los relatos hegemónicos del éxito, la conquista y la acumulación. A través de un recorrido que transita del exceso al agotamiento, de la afirmación a la disolución. Force Song despliega una poética de la fragilidad que desafía los modelos heroicos de resistencia. El cuerpo, en este contexto, deja de ser un instrumento de producción para convertirse en un espacio de experiencia compartida.
Foto: Carlo Sgarzi
Asimismo, la obra dialoga con las condiciones materiales de su propia creación. Gestada en diversas residencias artísticas internacionales, la pieza refleja una práctica que entiende la investigación escénica como proceso colectivo y transnacional. Esta dimensión refuerza su carácter crítico, al poner en relación distintas geografías y contextos de producción cultural.
Foto: Salem Amar
Imaginar otras formas de vida implica desactivar las lógicas que nos sostienen.
En definitiva, Force Song se configura como una propuesta que desborda los límites de la representación para convertirse en un ejercicio de pensamiento. Su apuesta no radica únicamente en lo que muestra, sino en las preguntas que activa: ¿qué significa ser fuerte en un mundo que exige rendimiento constante? ¿Qué cuerpos son considerados valiosos y bajo qué condiciones? ¿Es posible sostener vínculos al margen de la productividad?
Al plantear estas cuestiones, la pieza de Éskaton no ofrece respuestas cerradas, sino un espacio de apertura donde invita al espectador a reconsiderar sus propias formas de estar en el mundo. En ese gesto, radica su potencia: en hacer visible lo que habitualmente permanece naturalizado y en proponer, desde la escena, otras formas posibles de existencia.
Dónde: Réplika Teatro (C/ de la explanada, 14)
Cuándo: viernes 8 de mayo (21:00h), sábado 9 de mayo (20:00h), domingo 10 de mayo (19:00h)
Duración: 60 min. Aproximadamente
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