
El espacio, los materiales, el ambiente, lo que se sirve en el plato y en la copa. Todo importa en Badi, el restaurante de Bruselas fundado por la pareja formada por Victoria Merret y el chef Maxime Bourdigal.
Badi, reconocido por Commerce Design Brussels con el Premio del Jurado y del Público, fue diseñado junto a Nelly Smets, de François Marcq. Rodeada de piedra, madera, luz indirecta, velas y artesanía local, es la barra de travertino la pieza que más destaca y que organiza tanto el trabajo en cocina como la relación con los clientes. Se realizó en colaboración con Filiep Dascotte, a través de la empresa bruselense Dascotte Natuursteen, como parte de un interior impregnado de talento belga, con lámparas de Barbier Bouvet.

De bar de sidra a restaurante de Bruselas
En solo tres años, Badi ha dado el salto de bar de sidra a restaurante con todas las de la ley. Maxime Bourdigal, curtido entre París, Japón y Bruselas, trabaja codo con codo con Paul-Antoine Bertin en una propuesta gastronómica en constante movimiento que concede el máximo protagonismo al producto y que se apoya en un sólido sistema de abastecimiento: oficio y conocimiento canalizados a través de proveedores como Khobz, Grain Bakery, La Fruitière, Cycle Farm, Le Barn, Terroirist, La Coquille Qui Claque, Dierendonck y Giotto.



Sillas de Frama.

Hoy por hoy, Badi sirve originales recetas como Alcachofas, crema de parmesano, miel de harissa, avellanas, queso pecorino (16 €); Broccoletti a la barbacoa, Lao Gan Ma, cacahuetes tostados, sabayón de estragón (16 €), o Pissaladière, crema agria ahumada, cebollino (15 €). Durarán en carta lo que duren los ingredientes en su punto óptimo.
Las bebidas de Badi
Con el paso del tiempo y fiel a su devoción por la sidra, el menú de bebidas de Badi se ha ampliado para incluir vinos naturales, champanes, cervezas y alternativas sin alcohol. Entre los productores destacan Jean-Christophe Garnier (Loira), Matassa (Rosellón), Domaine Dandelion (Borgoña) y Salima & Alain Cordeuil en Champaña, junto a referencias belgas como Pellicle Vergistingen y Antidoot.


Saint-Jacques.


“Queríamos acompañar esta evolución sin perder lo esencial: crear un lugar vivo, donde cocinamos como nos gusta comer –con productos honestos, una cocina directa y una acogida genuina–. La barra, los platos para compartir y el espacio dedicado a la conversación siguen siendo el núcleo de la experiencia”, comentan Maxime Bourdigal y Victoria Merret.

Victoria Merret y Maxime Bourdigal.
Uno de los detalles más atractivos de este restaurante de Bruselas es que, aunque admite reservas, siempre guarda algunas mesas para quienes llegan sin avisar previamente, sencilla forma de preservar la hospitalidad de sus inicios.
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