
Erik Munro ha obrado lo inimaginable: donde antaño dormían pacas de heno hoy se encuentra The Great Barn, una casa familiar luminosa, cómoda y cálida, todavía impregnada del poso rural de sus orígenes.
The Great Barn, ubicada en Wiltshire, se transformó lentamente, a lo largo de varios años y en distintas fases. Lo que antes era un interior oscuro y compartimentado en pequeñas habitaciones se convirtió, gracias a Erik Munro, en un hogar abierto y amplio, con techos elevados, espacios despejados y abundante luz natural. El objetivo, plenamente alcanzado, consistía en recrear la paz de un refugio campestre mezclando la sofisticación informal de un estudio angelino con la atmósfera acogedora de un chalet alpino en Verbier.

La zona más importante para la vida familiar de The Great Barn
La distribución abierta funde cocina, comedor y salón bajo un mismo techo para favorecer la convivencia familiar a cualquier hora del día. Un ámbito perfecto para desayunar, merendar, tardes de deberes y largas conversaciones en familia. El gran truco del proyecto de Erik Munro se oculta tras una segunda área coquinaria camuflada, donde el trajín culinario y todo lo que lo acompaña desaparece de la vista de la estancia más importante en The Great Barn.




Aunque la vivienda se actualizó con piezas contemporáneas, el despacho londinense optó por mantener detalles que recordaran el pasado del edificio y evitar una estética demasiado moderna o excesivamente antigua. La roseta decorativa del techo y la pared de espejos envejecidos son algunos de los ejemplos que consiguen mantener ese complicado y delicado equilibrio.
Materiales naturales y colores inspirados en el paisaje
Ese encuentro entre pasado y presente continúa en los materiales, con maderas claras, piedra natural, microcemento y superficies pintadas que crean una capas de textura y esa imperfección intencionada. En la cocina, la oficina apostó por un verde pastel y terroso para la carpintería, un tono inspirado en el paisaje exterior. “Combinar un tono suave con materiales naturales como la madera o la piedra ayuda a equilibrar el color y hace que el espacio conserve una sensación cálida y atemporal”, explican desde Erik Munro.




Baños ideados como calmados refugios
Más que simples baños, el estudio quiso crear una suerte de oasis íntimos y relajantes. En uno de ellos, una gran ventana de pared a pared deja entrar la luz natural y convierte el paisaje exterior en parte de la propia estancia. “Mi recomendación para la mayoría de los clientes al diseñar un baño es decidir primero el color, la atmósfera o la energía que desean transmitir. Si se busca una sensación tranquila y neutra, lo ideal son los tonos terrosos. Si se quiere un espacio fresco y lleno de vitalidad, los verdes funcionan especialmente bien. Los azules evocan serenidad y calma, mientras que los rojos y marrones generan ambientes más cálidos y envolventes”, comenta Erik Munro.

Imágenes superiores: Freddie Marriage.
Un dormitorio que Erik Munro pensó para desconectar
En el dormitorio principal, el estudio aplicó el concepto cocooning, tendencia que persigue originar componer hogares acogedores donde sentirse protegido y desconectado. Tres fueron los aspectos fundamentales para lograr esa ansiada sensación: tonalidades neutras, texturas delicadas y grandes ventanales abiertos a la naturales.