Blanca Paloma publicó este verano Trenza Mía, su primer disco de estudio y en solitario tras todo el huracán de Eurovisión… Lejos de haberse convertido en un cliché, ha conseguido crear su propio universo sonoro y visual

Blanca Ramos Baeza (Elche, 1989) vuelve a demostrar que sigue jugando en un universo propio. Tras años construyendo una identidad artística donde conviven la raíz, el folclore, la experimentación y una mirada profundamente personal, Blanca Paloma presenta ahora Trenza mía, su esperado primer disco. Un nuevo capítulo para una artista que, después de llevar Eaea a Eurovisión, sigue explorando su imaginario propio y se prepara para defender estas canciones en directo durante su gira de septiembre.

Blanca Paloma girará con Trenza Mía por toda España

Trenza mía un álbum construido desde la música de raíz, la poesía y el desapego. Hablamos con ella sobre Eurovisión, el vértigo de convertir la música en profesión, su pasado como escenógrafa y la necesidad de seguir cambiando.

¿Cómo te sientes después de presentar el álbum?

(Blanca Paloma) Tengo una resaca emocional bonita de ese día y también muchas ganas de todo lo que viene. En otoño empezará la gira, aunque todavía no hemos anunciado las fechas. Las lanzamos la semana que viene. Este verano, aprovechando que todavía no estamos girando, voy a volver a encerrarme para el siguiente proceso creativo de composición. Para el siguiente trabajo. Es como tener el motor todavía en marcha. Creo que este lanzamiento me ha estimulado para seguir creando. Yo pensaba que cuando lanzara el álbum podría sosegar, hacer balance y parar un poco. Pero creo que ese balance llegará más adelante, cuando tenga más oportunidades de poner las canciones sobre el escenario. De momento, el balance es muy positivo. Además, la presentación fue el día de mi cumpleaños, así que imagínate.

¿Nunca consigues desconectar de esa intensidad?

(Blanca Paloma) No demasiado. Para mí es diferente a la hora de relacionarme. Pero creo que también necesitas aprender a convivir con tu propia intensidad.

Antes de que la música se convirtiera en el centro de tu vida eras escenógrafa. ¿Qué tienen en común ambos mundos?

(Blanca Paloma) La diferencia principal es que antes estaba al servicio de contar historias de otros. Ahora estoy contando mi propia historia. Cuando cuentas tu historia, además, está ocurriendo en este momento. Eso hace que el motor no pare. Antes terminaba un proyecto y podía haber un tiempo hasta que llegara otro. Ahora termina un proyecto y ya estás pensando en el siguiente. Lo que sí se mantiene es ese cuadernito que llevaba siempre bajo el brazo para apuntar ideas. Ahora utilizo muchísimo el móvil y las notas, pero cuando tengo que trasladar imágenes sigo volviendo al cuaderno. Necesito dibujarlas. Eso viene de mi formación en Bellas Artes. Yo no tengo una titulación musical, pero la música ha estado en mi vida desde antes de nacer.

¿Desde antes de nacer?

(Blanca Paloma) Sí. Mi madre bailó sevillanas conmigo en la barriga hasta pocas semanas antes de que naciera. En mi familia hay una mezcla muy fuerte. Por parte de padre está Andalucía y por parte de madre, la Comunidad Valenciana, Alicante y un pueblo muy pequeño que se llama El Altet. Yo escucho una sevillana y hay algo que me atraviesa. Pienso que mi madre bailaba y yo me la bailaba dentro.

Blanca Paloma girará con Trenza Mía por toda España

Blanca Paloma por Ana Pizarro

Entonces la música estaba en casa desde siempre.

(Blanca Paloma) En mi casa de infancia teníamos un cuarto al que llamábamos directamente «el cuarto de la música». Para mis hermanos y para mí era también el cuarto de juegos. Allí nos juntábamos con mi padre y mi madre, con una guitarra, a cantar, bailar y escuchar cassettes y vinilos. También estaban las sobremesas familiares con mis abuelos andaluces, que cantaban, y los valencianos, que recitaban y tenían muchísimo arte. La música siempre ha sido mi espacio de libertad. Un lugar donde podía jugar y donde no me sentía juzgada. Además, siempre he tenido bandas en las que he podido explorarme y acercarme a las músicas de raíz.

¿Has formado parte de bandas?

(Blanca Paloma) Sí, he formado parte de grupos. En una de ellas, De Mar a Mar, hablábamos de las músicas del Mediterráneo y del otro lado del Atlántico. Yo tenía muy claro que en la música de raíz había algo que me atraía. Me daba igual el idioma en el que estuviera cantada. Había un misterio del que quería formar parte. De ese rito. Cuando una música de raíz perdura y trasciende es porque existe una necesidad de mantenerla viva. Eso me ha pasado cantando canciones de otros, pero también cuando compongo. Siempre revisito pequeñas partes de esa historia y de ese bagaje.

La música de raíz está viviendo una especie de nueva juventud.

(Blanca Paloma) Sí. Me parece muy interesante lo que está pasando. Lleva ya unos años, pero me gusta mucho. Puede parecer algo manido, pero no lo es. Quizá para nosotros, que estamos dentro de la música y sabemos lo que está pasando, puede parecerlo. Pero me parece muy guay que algo que estaba denostado ahora se considere fresco, incluso cool. Pasa con las coplas, con las cantautoras… Antes era como «ay, las cantautoras» y ahora es «¡guau, lo más!».

Hay que quitarle la caspa.

(Blanca Paloma) Totalmente. Creo que también en determinados momentos históricos estas músicas se asociaron a determinados movimientos políticos. Hay que descontextualizarlas, traerlas al presente y poner en valor todo lo que reivindicaban esas letras. Muchas siguen teniendo una actualidad tremenda. Muchas mujeres contaban todo lo que les pasaba a través de esas canciones porque era la única manera que tenían de decirlo. En el álbum hago un homenaje a La Tarara junto a Rocío Márquez.

Blanca Paloma girará con Trenza Mía por toda EspañaRocío Márquez y Blanca Paloma

¿Por qué Rocío?

(Blanca Paloma) Porque me parece la imagen de la Tarara en persona. Si te fijas, todas las coplillas de La Tarara hablan o critican cómo vestía, cómo se movía… Es una mujer libre que no encajaba en lo establecido. Rocío representa para mí a esa mujer. Conoce perfectamente el cante, es doctora en flamenco y, al mismo tiempo, no tiene miedo de abrazar la electrónica y fusionarse con otros mundos. Es una referente.

¿Existe una diferencia entre Blanca Paloma y tú?

(Blanca Paloma) Yo marco esa distancia, no sé si para protegerme o por qué. Cuando creas algo estás generando una ficción, aunque parta de una realidad que sea la tuya. En las propias canciones, cuando generas imágenes, estás creando ficciones. La poesía es una ficción que te transporta a través de las imágenes. Un proyecto te permite mostrar la parte de ti que quieres mostrar en ese momento. Este álbum habla de una parte de mí, de la parte de la que quiero hablar ahora.

También has pasado por diferentes discográficas.

(Blanca Paloma) Sí. Empecé en Universal, después fui a Dromedario y ahora estoy en otro momento. Dromedario está en Navarra y es una discográfica más asociada al rock. Era la discográfica de Robe Iniesta y me encantaba estar allí. Para mí, todas esas discográficas han sido como los padres de este álbum. Con Universal saqué el primer single después de Eurovisión, Jaleo, haciendo un homenaje a Lorca. Con Dromedario saqué el primer single de este álbum, Lo Fugaz. Todos han contribuido de alguna manera a darle forma al disco. Quizá no es el álbum que la Blanca Paloma de antes de Benidorm Fest y Eurovisión habría imaginado. Pero creo que es un disco coherente con lo que soy y con lo que quiero. Es abrir una puerta a ese universo que me apasiona, que es la música de raíz.

En este disco también has empezado a pensar más en la gente que escucha tus canciones.

(Blanca Paloma) Sí. Quizá antes componía como pintaba, contando una historia, casi como si estuviera haciendo una banda sonora. Por eso quizá he tenido facilidad para hacer canciones que han formado parte de proyectos audiovisuales. Secreto de agua, por ejemplo, con la que fui al Benidorm Fest, era la cabecera de una serie. Y después llegó lo del Goya. Ahora también he empezado a generar estribillos que pueden crear una comunidad. Que podamos cantar juntos.

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El disco gira alrededor del desapego, pero también del amor.

(Blanca Paloma) Sí. Quería hablar del desapego. Para mí supone un corte y por eso quería completar el concepto con cortar la trenza. En cada hebra de esa trenza están las diferentes versiones de lo que he sido y de lo que he amado. Ahora han quedado plasmadas en las canciones. Y ya no es solamente mi trenza, es la de todos. El desapego no es el único protagonista del álbum. También hablo del discernimiento amoroso. De cuál es la forma en la que quiero amar. Primero hay que discernir lo tóxico y desprenderse de ello.

Aunque todos podemos ser tóxicos.

(Blanca Paloma) Claro. Todos podemos serlo. Todos hemos sido tóxicos alguna vez. En Trenza mía hay mucha poesía y mucha tradición.

¿Cuánto tiempo llevas componiendo este álbum?

(Blanca Paloma) Creo que llevo toda mi vida componiendo este primer álbum. En la historia de cada canción hay algún momento, algún referente o alguna canción que conecta conmigo. La canción que da nombre al álbum, Trenza Mía, es una versión de una zambra de Estrella Morente que escuchaba durante los viajes en coche. Mi padre ponía mucho Mis Cantes Y Un Poema.

Cuando conocí a Estrella le comenté que era una canción que me había marcado y que estaba pensando incluirla en el disco, incluso reescribirla. Era como pedirle permiso. Y ella me dijo: «Pero si esa zambra no es mía, esa zambra es de todos». Eso me pareció precioso. Porque el cante popular es de todos. Es transmisión oral. Ha llegado hasta nosotros como un regalo, como un legado. Mantenerlo vivo y transformarlo es algo que quiero seguir haciendo.

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También aparecen autoras como Sor Juana Inés de la Cruz y Fadwa Tuqán.

(Blanca Paloma) Sí. He cogido dos poemas de dos autoras que para mí era importante que estuvieran. Una es Sor Juana Inés de la Cruz, que en el siglo XVII escribió La Casa Del Placer, un libro de enigmas. En los conventos muchas mujeres encontraban un espacio de libertad frente a las imposiciones sociales. Era una oportunidad para acceder a la educación, leer, escribir y dejarnos ese legado.

Sor Juana tenía además diálogo con las monjas portuguesas, que llamaban «la casa del placer» al espacio en el que se reunían para leer y escribir. Más allá de la religión, tenían un mundo propio. Y eso era algo que las mujeres no podían tener. En esos enigmas, la respuesta a todos era el amor. Por eso encajaba perfectamente con el concepto del álbum y con ese discernimiento amoroso.

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¿Y Fadwa Tuqán?

(Blanca Paloma) El otro poema es de Fadwa Tuqán, una poeta palestina. Su poema Un instante vertebra también el discurso del álbum. Es muy breve y muy visual. Habla de ese instante que existe entre el pasado, que ya se ha desvanecido, y el futuro, que todavía no conocemos. Lo compara con una flor que ha florecido entre nuestras manos y que debemos cuidar antes de que se marchite.

Para mí resume las ganas de vivir, la esperanza y las ganas de salir adelante. Además, todo lo que recaude ese poema, que va seguido de la última canción del álbum, irá destinado a Hándala, una asociación que ayuda a la infancia en Gaza. Era mi manera de poner mi granito de arena en una historia que me ha estado atravesando durante todo el proceso de composición y que no he sido capaz de expresar con mis propias palabras. Fueron las palabras de Fadwa las que pudieron hacerlo. Y el poema lo recita una amiga mía palestina que tuvo que exiliarse. Para mí era importante contar con su voz. No quería apropiarme de esa voz ni de ese poema, sino que estuviera contado por ella.

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Volviendo a ti, ¿qué canción dirías que representa mejor a la Blanca Paloma de ahora?

(Blanca Paloma) Creo que en todas las canciones recurro mucho a la poesía y a la imagen poética. No hay una concreta con la que diga «esta es». En Trenza Mía se explica muy bien ese desprendimiento: «Yo me corté con tijeras la trenza para olvidarme de ti». Pero no habla necesariamente de una persona. A veces se trata de cortar con una misma para transformarse y dejar atrás lo que ya no sirve: miedos, inseguridades… Cada canción tiene su porqué y su historia. Quizá elegiría la última por ser la conclusión del álbum. Tiene una frase que dice: «El fuego abrasa y no me quema, fue su latido el que me guió». El fuego lo arrasa todo, pero de las cenizas siempre puedes resurgir reforzada.

¿Y crees que este estilo que has asentado en el disco será el que continúes?

(Blanca Paloma) No lo sé. Tampoco creo que tenga que serlo. Por supuesto que no. Un artista tiene derecho a convertirse en lo que quiera ser. (Blanca Paloma) Totalmente. A mí me encantan los artistas que hacen que cada disco sea un concepto diferente, con una estética diferente. Me gusta sentir que cada álbum es otro mundo.

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¿Te planteas volver al teatro?

(Blanca Paloma) Sí. No descarto volver de alguna manera al teatro. Lo que pasa es que ya no volvería igual al teatro de antes. Ya había hecho una transición hacia la música y estaba cantando en escena. Había acompañado a danza y algunos espectáculos teatrales. Es algo que me gusta mucho: que mi voz sea parte de un todo. No tengo ese afán de protagonismo. Tengo el ego muy tranquilo. Me pongo al servicio del proyecto.

Y después de todo lo que has vivido, ¿cómo llevas que la fama te llegara siendo adulta?

(Blanca Paloma) Se agradece. Yo tengo 37 años y ya estoy harta de las historias con la edad. Con los hombres no pasa lo mismo. Más allá de la edad, creo que mi cabeza tampoco corresponde necesariamente con mi edad. Y todavía me queda mucha madurez por delante. Creo que también viene de que yo no tenía expectativas en la música. Para mí estar en la música era volver a aquel cuarto de la música de mi infancia. Partía de una entrega sin esperar nada a cambio. Yo no sabía que iba a dedicarme exclusivamente a la música. Tenía claro que me acompañaría hasta el día que muriera, como dice la canción de La Tarara. Y entonces, cuando las cosas llegan por sorpresa, todo cambia.

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Tu llegada al Benidorm Fest también fue bastante inesperada.

(Blanca Paloma) Completamente. Si no hubiera dicho que sí al Benidorm Fest, quizá ahora sería maestra de artes plásticas. La escenografía es un mundo muy inestable y llegó un momento en el que necesitaba estabilizarme. Incluso estaba pensando en estudiar una oposición. Me encanta dar clases. He dado clases de artes plásticas y disfruto transmitiendo lo que amo. Tengo esa vocación de transmisión. Pero apareció una oportunidad que ni siquiera busqué. Un amigo me llamó y me dijo: «¿Quieres poner la voz en esta serie?». Y yo dije que sí. Era una serie que hablaba de un caso de violencia de género. Todo lo que sea apoyar causas y poner mi voz al servicio de eso siempre me interesa. Después llegó la oportunidad del Benidorm Fest. La canción fue seleccionada y yo solamente tuve que decir que sí.

Más que conseguirlo, te cayó.

(Blanca Paloma) Sí. Me cayó porque estaba en el momento justo, con las personas adecuadas. La primera respuesta cuando me llaman para ir a un programa de televisión fue: «¿Qué hago yo ahí? ¿Qué pinto?». Pero después pensé: «Es tan random… ¿por qué no?». Algo tendré que aportar con todo el bagaje del que vengo: Bellas Artes, teatro, escenografía, cultura.

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¿Y qué aprendiste de Eurovisión?

(Blanca Paloma) Primero, a validarme. Siempre he sido la primera persona que se ha sentido una intrusa en la música, quizá por no tener un diploma. Es una absurdez. Bowie no tenía diploma, Dylan tampoco. Muchos de los grandes músicos que conozco no tienen un diploma de nada. Quizá también tiene que ver con el estigma de la mujer y con lo difícil que es ocupar tu lugar. En escenografía me costó muchísimo. Llegaba a los teatros, lideraba un montaje y los técnicos preguntaban: «¿Pero quién dirige esto?». Y yo: «¡Yo!». (Risas.) Después de siete años en escenografía ya había conseguido hacerme ese hueco. Las compañías confiaban en mí y yo confiaba en mí. Y entonces cogí la música, que era mi espacio de recreo, y la convertí en el centro de mi vida profesional.

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¿Y cómo has llevado convertir tu espacio seguro en tu profesión?

(Blanca Paloma) Ahí está el quid de la cuestión. Creo que la crisis de estos tres años de proceso de composición viene de ahí. Cuando haces música y no dependes de ella para vivir tienes mucha más libertad. Es otra cosa. Mantener esa libertad cuando la música se convierte en tu profesión ha requerido tiempo. Las discográficas me decían que había que aprovechar la exposición y sacar música cuanto antes. Pero yo no estaba lista y el proyecto no estaba listo. Necesitaba ese proceso. Incluso hice un retiro de una semana para entenderlo.

¿De silencio?

(Blanca Paloma) De silencio y desconexión. Me fui a un monasterio en medio de la naturaleza, sin conexión y dando paseos. Primero necesitaba dar las gracias por haber vivido algo increíble que jamás estuvo en mis planes.

Y encima llegaste a Eurovisión casi por accidente.

(Blanca Paloma) Sí. Mi hermana quería ir a Eurovisión y acabé yendo yo. (Risas.) Mi hermano quería ir a los Goya… A veces pienso: «¿Por qué estoy cumpliendo los sueños de mis hermanos? ¿Cuáles son mis verdaderos sueños?». Pero ellos están encantados. Además, forman parte de toda esta aventura. Se vinieron a Eurovisión, a los Goya…

¿Y qué pasó con aquella Blanca Paloma que existía antes de Eurovisión?

(Blanca Paloma) Cuando me eligen para ir a Eurovisión es como si te llegara el hada madrina, te pusiera el traje y la carroza y, durante tres meses, estuvieras en una misión para representar a tu país. Todo mi empeño estaba volcado en eso. No solamente por mí, sino por todo el equipo y por la gente que me había votado. Quería corresponder a todo ese afecto. Tienes tres meses para preparar tres minutos de actuación. Es muchísimo trabajo. Llegas allí y lo disfrutas. Y después de todo ese gran acontecimiento, ¡pum!, la carroza se convierte de nuevo en calabaza y tienes que empezar otra vez. Las doce en punto. Te tienes que reconstruir. Esa es la verdadera resaca emocional. Porque después de Eurovisión ya no vuelves a ser la misma Blanca Paloma. Y creo que Trenza mía es el resultado de todo ese proceso.

¿Qué quieres conservar de aquella Blanca Paloma y qué quieres dejar atrás?

(Blanca Paloma) Creo que precisamente eso es lo que cuenta el álbum. Las diferentes versiones de mí están en cada hebra de esa trenza. Ahora quiero desprenderme de lo que ya no me sirve y quedarme con lo que sí. No sé qué será lo siguiente. Y eso también me gusta. Un artista tiene derecho a cambiar. No quiero sentir que tengo que repetir una fórmula porque a alguien le funcionó una vez. Quiero seguir teniendo la libertad de convertirme en lo que quiera ser.

Blanca Paloma en concierto durante el otoño invierno 2026/27: Zaragoza, Madrid (23 de enero), Barcelona (2 de octubre), Sevilla (24 de octubre), Elche (30 de octubre), Málaga (18 de septiembre)… todas las actualizaciónes las puedes verlas por aquí.