
La adolescencia también se escucha. Hay discos que aparecen en un momento concreto y terminan asociados para siempre a una versión de nosotros mismos.
No necesariamente porque sean los mejores álbumes que vamos a escuchar en nuestra vida, sino porque llegan cuando todavía estamos aprendiendo a entender qué nos gusta, qué nos duele y qué queremos ser. La identidad también se construye a partir de las canciones que decidimos escuchar. En este post te recomendamos 10 discos imprescindibles para sobrevivir a la adolescencia.
Foto superior: Elice Moore

La música como espacio para construir la identidad
La adolescencia tiene algo de territorio desconocido. El cuerpo cambia, las relaciones se transforman y la personalidad todavía no termina de encontrar una forma definitiva. En este proceso de cambio, la música para adolescentes ofrece un refugio donde probar diferentes versiones de uno mismo sin tener que dar explicaciones a nadie.
10 discos para atravesar la adolescencia
Esta selección de 10 discos imprescindibles para sobrevivir a la adolescencia no funciona como una guía definitiva, sino como un mapa para poder atravesar esta etapa. Cada álbum representa una sensación diferente: aislamiento, desamor, curiosidad, melancolía, ansiedad, deseo o la necesidad de pertenencia. Esa es precisamente la fuerza de la música en la juventud: poner sonido a emociones que todavía estamos aprendiendo a reconocer.

01. The Neighbourhood – Wiped Out!
Sensación: sentirse fuera de lugar.
Wiped Out! parece hecho para esos momentos en los que uno observa su propia vida desde cierta distancia. The Neighbourhood convierte la confusión adolescente en una atmósfera: guitarras difusas, voces contenidas y canciones que parecen suceder de madrugada.
El disco permite convertir el aislamiento en algo reconocible. Escucharlo durante esta etapa puede ayudar a entender que sentirse diferente no significa necesariamente estar perdido. La identidad comienza a formarse también cuando descubrimos qué ambientes, sonidos y emociones sentimos como propios.
A veces, no encontrar tu sitio también forma parte de encontrarte a ti mismo.

02. Kanye West – 808s & Heartbreak.
Sensación: el primer desamor.
Antes de entender completamente qué significa perder a alguien, aparece la necesidad de escuchar canciones que hagan ese dolor aún más grande y, al mismo tiempo, más soportable. 808s & Heartbreak utiliza el autotune, las cajas de ritmo y una producción deliberadamente fría para convertir la vulnerabilidad en un sonido.
El álbum representa que expresar una emoción no exige hacerlo de manera convencional. Para un adolescente, descubrir una forma propia de exteriorizar lo que siente puede ser una de las primeras proximidades a su verdadera identidad. Por eso, la música para los adolescentes acaba pareciéndose a un diario personal: guarda una versión de nosotros que tal vez ya no existe, pero que alguna vez necesitó dichas canciones.

03. Tame Impala – InnerSpeaker.
Sensación: descubrir el mundo interior.
InnerSpeaker mira hacia dentro. Sus capas psicodélicas crean una sensación de movimiento constante, como si las canciones estuvieran intentando ordenar pensamientos que todavía no tienen nombre.
Durante la adolescencia, pasar tiempo a solas deja de ser únicamente aburrimiento; puede convertirse en una forma de conocerse. Tame Impala representa ese momento en el que nuestros pensamientos comienzan a convertirse en un mundo propio.
Crecer también significa darse cuenta de que nuestra cabeza puede ser otro lugar individual.

04. Frank Ocean – Channel Orange.
Sensación: deseo.
Channel Orange habla de relaciones, deseo, dinero, soledad y contradicciones sin reducirlo todo a una única lectura. Frank Ocean construye personajes y situaciones que muestran lo complejo que puede ser querer algo pero no saber qué hacer con ello.
Su importancia en la adolescencia está precisamente ahí: escuchar a alguien hablar de sentimientos ambiguos permite entender que no todas las emociones necesitan una respuesta inmediata. La música para los adolescentes también sirve para poder descubrir nuevas formas de relacionarnos con el deseo, la intimidad y las expectativas que ponemos sobre nosotros mismos.

05. Sufjan Stevens – The Greatest Gift.
Sensación: melancolía.
En The Greatest Gift, Sufjan Stevens recupera canciones relacionadas con uno de sus otros discos, Carrie & Lowell, y profundiza en una sensibilidad especialmente íntima. Con su música, no intenta esconder la tristeza detrás de una producción excesiva.
Para los adolescentes, encontrar belleza dentro de una emoción difícil puede cambiar su forma de relacionarse con ella. La melancolía deja de parecer un defecto y comienza a convertirse en una experiencia que también puede ser observada, expresada y compartida.

06. Mac Miller – Swimming.
Sensación: aprender a estar contigo mismo.
Swimming no representa la madurez como una llegada definitiva, sino como un proceso lleno de contradicciones. Sus canciones hablan de avanzar mientras todavía tenemos dudas, cansancio y miedo.
Esa idea resulta especialmente cercana durante una etapa en la que todo parece estar ocurriendo por primera vez. El disco propone una identidad menos rígida: no tienes que saber exactamente quién eres para empezar a levantar tus propios cimientos.
Hay momentos en los que crecer consiste simplemente en aprender a existir con tu propia compañía.

07. Blood Orange – Coastal Grooves.
Sensación: libertad.
Coastal Grooves tiene una relación particular con la ciudad, la noche y el movimiento. Dev Hynes, la persona detrás del nombre artístico de Blood Orange, construye un sonido que parece estar siempre desplazándose, mezclando funk, pop, electrónica y R&B.
La adolescencia también está marcada por la necesidad de salir del espacio familiar y crear uno propio. Descubrir una escena, una estética o un sonido que sentimos como nuestro puede convertirse en una declaración silenciosa de independencia. Aquí encontramos también parte del atractivo que tiene la música para los adolescentes: no solo acompaña los cambios, sino que también puede convertirse en una forma de diferenciarnos.

08. Lorde – Pure Heroine.
Sensación: no pertenecer a ningún lado.
Pure Heroine convirtió las fiestas y la sensación de estar observando a los demás desde fuera en material pop. Lorde no necesitó idealizar la adolescencia para hacerla atractiva.
El disco resulta importante porque propone otra manera de ser joven: mirar alrededor, cuestionar lo establecido y no fingir entusiasmo por aquello que no nos interesa. La música para los adolescentes no tiene por qué hablar siempre de la misma euforia; también puede recoger el desencanto, la apatía y esa sensación de estar presente sin terminar de formar parte de ningún sitio.

09. Guitarricadelafuente – La Cantera.
Sensación: pertenecer.
La Cantera de Guitarricadelafuente recupera elementos de la tradición musical española y los sitúa dentro de una sensibilidad contemporánea. Esa mezcla demuestra que identidad y modernidad no tienen por qué estar enfrentadas.
Durante la adolescencia empezamos a decidir qué partes de nuestro origen queremos conservar. La música puede funcionar como puente entre aquello que heredamos y aquello que queremos transformar. También por eso determinados álbumes de música para los adolescentes terminan vinculándose a una ciudad, una familia, un idioma o una forma concreta de entender de dónde venimos.
Encontrar tus raíces también es una forma de encontrarte.

10. Tyler, The Creator – Cherry Bomb.
Sensación: experimentar.
Cherry Bomb representa la necesidad de probarlo todo antes de decidir qué encaja contigo. Es un disco irregular, agresivo e impredecible de manera intencionada, precisamente porque no parece interesado en ofrecer una identidad completamente resuelta.
Y quizá esté ahí una de las claves de la música para los adolescentes: entender que construir una identidad propia no significa encontrar una personalidad definitiva. Significa experimentar, equivocarse, cambiar de opinión y volver a empezar.

La música que queda después: una cápsula en el tiempo
Con los años, algunos discos dejan de sonar igual. No porque la música haya cambiado, sino porque nosotros ya no somos las personas que los escucharon por primera vez. La música que marca la adolescencia actúa como una cápsula en el tiempo: conserva emociones que después aprendemos a mirar desde una distancia totalmente distinta.
Crecer no significa salir de la adolescencia siendo alguien completamente definido, sino haber descubierto lo suficiente sobre nosotros mismos como para saber por dónde seguir buscando. La música acompaña este proceso de forma íntima: elegimos canciones antes de saber por qué las necesitamos y, con el tiempo, entendemos que también estábamos eligiendo una forma de mirar el mundo. Una parte de madurar consiste en poder escuchar quién eras sin dejar de reconocer quién eres ahora.