Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

Eduardo Casanova presentó su primera serie y lo hizo junto a una amiga, María León, quien sin dudarlo se sumó a Silencio para dar más voz en este proyecto tan especial.

Coincidiendo con el Día Internacional de la Lucha contra el Sida, Eduardo Casanova presentó Silencio, una serie que se aleja de los estereotipos vampíricos a través de una narrativa con trasfondo y un humor tan actual que resulta imposible no reírse. El proyecto cuenta además con un elenco de alto nivel, con rostros ya habituales en sus trabajos, como fueron Pieles o La piedad, y que ahora se puede ver de la mano de Movistar Plus+.

Silencio es la primera serie de Eduardo Casanova y uno de los proyectos más interesantes del 2025. Cuidada hasta el mínimo detalle, la obra se propone hacernos reír mientras nos invita a reflexionar sobre todos los “silencios” que habitan en torno al VIH. Con una valentía tan suya, volvemos a disfrutar de una producción junto a Óscar del Monte, escultor y maquillador que ha dado forma a las vampiras de Eduardo. Figuras que no son oscuras ni sexualizadas, sino mujeres llenas de color, emocionalidad y secretos ocultos que funcionan como pistas para quienes saben mirar y leer entre líneas.

Casanova nos propone saborear una miniserie que de mini solo tiene el número de capítulos, ya que deja con ganas de una segunda temporada, la cual nos confirma que sería aún mejor. No obstante, para quienes aún no se han permitido disfrutarla y reflexionar sobre la importancia de dar voz a aquello que suele ser callado, Eduardo Casanova nos cuenta cómo surgió esta serie tan especial, que ahonda en estas vidas y a la que da forma de manera brillante la gran María León, gracias a una humanidad tan real, hecha de piel.

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

¿Cómo viviste el estreno de Silencio?

Eduardo Casanova: Para mí ha sido como hacer un regalo muy pensado. La serie funciona porque hace reír, pero también coloca los momentos dramáticos donde tienen que estar. Agradezco mucho que haya cumplido su función: entretener y hacer reflexionar. Principalmente porque habla de algo tan importante como el silencio y los estigmas. Y por ello, por poder dar voz y forma no puedo estar más feliz, de verdad.

¿Qué te impulso a crear este proyecto?

Eduardo Casanova: No creo en los cambios pretendidos. Nadie decide de repente cambiar quién es. Las cosas surgen desde una necesidad personal, desde cómo estás en ese momento. Y en el mundo del arte pasa lo mismo.

Yo me encontraba en un punto vital en el que me apetecía hacer comedia y hacer algo nuevo, una serie, para acercarme al público desde otro lugar. No nace como una estrategia, nace porque yo estaba así.

¿Es muy complicado mezclar comedia y a la vez concienciar?

Eduardo Casanova: No lo sé exactamente porque me sale de forma natural. Es lo más cercano a mi personalidad. Yo he vivido tragedias como todo el mundo, pero cuando lo paso mal me sale hacer humor. Es un mecanismo de defensa. Incluso después de un ataque de ansiedad, hago un chiste para rebajar la tensión.

Mientras escribía sobre temas tan densos como el VIH o las personas silenciadas, había momentos en los que me asustaba la densidad. Y ahí aparecía mi parte cómica para romper el dramatismo. Esa combinación, junto con un montaje rápido, hace que el espectador pase de la reflexión a la risa y vuelva al conflicto sin agotarse.

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

Me gusta como visibilizas el VIH desde un enfoque distinto, no es desde una oscuridad completa

Eduardo Casanova: Totalmente. El VIH y el sida siempre se han tratado desde un lugar muy pesimista y oscuro. Y sí, hay tragedia, estigma y dolor, pero también hay vida. Las personas con VIH hoy en día tienen una vida normal en muchos aspectos: se ríen, se enamoran, tienen problemas cotidianos.

Lo peligroso es reducir a una persona a una sola etiqueta. Mostrar esa realidad diversa no es una falta de respeto, al contrario, es visibilizar y normalizar.

La serie aborda el VIH desde distintas épocas y pone mucho énfasis en el choque generacional. ¿Por qué era tan importante para ti contar la historia desde varios momentos históricos y cómo dialogan entre sí esas generaciones?

Eduardo Casanova: Era fundamental mostrar distintas épocas como el siglo XIV, 1986 y la actualidad. No es un capricho narrativo, es una forma de explicar que las pandemias cambian de forma, pero el miedo, el estigma y el silencio se repiten.

En el siglo XIV la problemática era la peste negra, el desconocimiento total y la idea del castigo divino. En los años 80, con la aparición del VIH, la problemática era literalmente salvar la vida. Esa generación vivió el horror en estado puro.

Mientras que hoy, al menos en España, la realidad médica es muy distinta. Hasta 2022, el 96% de las personas con VIH están medicadas, y estas personas son indetectables e intransmisibles. Eso significa que no se mueren del virus y que no lo transmiten. El avance farmacológico ha sido brutal. Pero el avance social no ha ido al mismo ritmo. Hoy el gran problema es el silencio. El 76% de las personas con VIH sufren problemas de salud mental. No mueren del virus, pero sí del estigma. Ese silencio sigue siendo devastador.

Por eso el choque generacional es tan importante. Las personas que vivieron los años 80 cargan con un trauma enorme, y las generaciones más jóvenes, aunque médicamente están más protegidas, heredan el estigma sin haber vivido la pandemia original. La serie está justo en medio de esos dos mundos, intentando conectar memorias, heridas y realidades distintas.

Lo que me interesaba era mostrar que, aunque las condiciones materiales hayan cambiado, el miedo sigue siendo el mismo si no se habla de ello. Y que no podemos avanzar si olvidamos lo que pasó, pero tampoco si no entendemos lo que sigue pasando hoy.

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

Esta reflexión da nombre al proyecto, Silencio, y justo este titulo estaba maldito

Eduardo Casanova: Precisamente por eso. Es romper con las supersticiones. Silencio es una palabra incómoda, pesada, y porque arrastra una historia de cosas que no se han dicho, que se han ocultado o que directamente se han querido borrar.

Y si hablamos de temas malditos, usemos un título maldito. Julieta, la película de Pedro Almodóvar, originalmente iba a llamarse Silencio. Pero, al final no se utilizó ese título porque, poco antes, Martin Scorsese estrenó su película Silence, que no tuvo una buena acogida comercial ni crítica. A partir de ahí y dentro de la industria, empezó a generarse esa idea absurda, pero muy real de que el título estaba ‘gafado’.

En el cine estas supersticiones existen más de lo que parece. Los títulos, igual que los números o ciertas palabras, arrastran una especie de miedo colectivo… Si algo no ha funcionado antes, se evita repetirlo.

Por ello, la serie es un portazo a discursos absurdos, a la desinformación y al miedo. Además, el final reflexiona sobre quién consigue romper el silencio y quién no. Tenía que llamarse así.

Los títulos de los episodios tienen una carga simbólica muy fuerte y dialogan directamente con los temas centrales de la serie: la religión, el amor, el rechazo y el silencio. ¿Cómo pensaste esos nombres y qué querías que evocara en el espectador antes incluso de verlo?

Eduardo Casanova: Los títulos no son decorativos, están pensados casi como pequeñas declaraciones de intenciones. Quería que, antes de empezar cada episodio, el espectador ya sintiera que iba a entrar en un territorio emocional concreto.

“Las flores del infierno”, que es el título del primer capítulo, habla de cómo históricamente se ha condenado a ciertos cuerpos y a ciertas identidades. Las protagonistas son, en realidad, como flores. Son seres luminosos, excesivos, coloridos, pero arrojados al infierno por una sociedad que las señala. Que las ve como algo malo, o con un problema. Asimismo, también hay una crítica muy clara a la institución de la Iglesia y a esa idea de castigo divino.

El segundo capitulo es “Muera el amor” conecta directamente con el conflicto afectivo y sexoemocional de las personas con VIH. Es un título irónico y doloroso a la vez, porque habla de los rechazos, de las parejas serodiscordantes, de los miedos interiorizados y de todas las historias de amor que se han roto no por falta de sentimiento, sino por desinformación. También tiene un guiño a una gran canción de Rocio Jurado.

Y “Silencio”, que da nombre al último capítulo y a la serie entera, funciona como cierre y como espejo. Después de haber atravesado el miedo, el amor, la pérdida y la memoria, todo desemboca en esa palabra. ¿Quién puede hablar y quién no? ¿Quién rompe el silencio y quién se queda atrapado en él?

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

Repites con intérpretes muy cercanos a ti. ¿Cómo ha sido trabajar con María León?

Eduardo Casanova: María y yo somos hermanos. Conozco sus virtudes y fragilidades y sabía que podía sostener algo tan complejo. Su arco es brutal y su entrega absoluta. Sin duda, ha dado mucho de ella en este personaje y también me ha regalado ese desnudo que solo lo habría hecho conmigo. Igual que yo solo habría escrito ese personaje para ella.

María, ¿cómo te propuso este proyecto Edu? ¿Qué pensantes al principio?

María León: Pues si te soy honesta, no sabría decirte un momento concreto. Con Eduardo tengo una relación muy familiar y creativa. Cada vez que nos vemos, él está creando, inventando, jugando. Siempre me hablaba de este proyecto, de que lo tenía en la cabeza, de que quería escribir un personaje para mí porque sentía que solo yo podía hacerlo. Pero claro, explicado desde fuera era algo muy etéreo, algo que estaba germinando en su cabeza.

¿Cómo es Eduardo creando?

María León:  Yo confío muchísimo en el artista que hay detrás de Eduardo, en su sensibilidad y en su mirada, que es muy exótica y muy única. Así que todo lo que me decía yo se lo compraba. Le dije que sí sin saber qué iba a escribir, algo que no he hecho nunca y que no creo que vuelva a hacer muchas veces más. Con él asumí ese riesgo.

Eduardo comentaba que en otros proyectos tú sabías esconderte más como actriz, pero que en este personaje hay mucha esencia tuya. ¿Cómo fue el proceso de crear a Triana?

María León: En La piedad, Eduardo estaba muy obsesionado con una estética y una rigidez física muy concreta. Tanto Ángela Molina como yo, que somos puro juego y movimiento, sentíamos que ahí no podíamos añadir mucho de nuestra salsa personal.

En este proyecto fue distinto. Aquí pude crear el personaje junto a él. El reto era enorme. Triana se cuenta prácticamente en dos secuencias. En ese tiempo tenía que explicar quién es, de dónde viene, su sexualidad, su vida, los años 80, la búsqueda de libertad, los estigmas de la época como la heroína o el sida… Todo eso en muy poco tiempo.

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

¿Cómo son los guiones de un trabajo así?

María León: Los textos de Eduardo son una barbaridad. Yo lo único que tenía que hacer era ponerle carne, darle humanidad, vulnerabilidad, fuerza… No era analizar ni construir capas desde la distancia, era vivirla. Triana es una punk sevillana, bollera, con unas ganas de vivir brutales, que lo supera todo y termina cumpliendo su sueño

¿Cómo se trabaja precisamente esa vulnerabilidad, más allá del desnudo físico?

María León: Empatizando profundamente. Yo me preguntaba desde dónde se droga Triana, por qué lo hace, sin juzgarla. No es “yonqui y ya está”. Es una persona que busca libertad, que no tenía información, que huía de una ciudad y una familia que le negaban su sexualidad. Prefiere exponerse a los riesgos antes que vivir en una cárcel. Cuando entiendes eso, te vulnerabilizas tú también. Comprendes que cualquiera podría estar ahí. Mi función como actriz era acompañarla y contar esa verdad.

La serie trata temas muy duros, pero siempre desde el humor. ¿Cómo viviste ese contraste?

María León: Ahí está la genialidad y la valentía de Eduardo. La vida es comedia, terror, fantasía… todo a la vez. El humor era necesario para humanizar un mensaje tan profundo y para que el espectador pudiera identificarse.

Además, Eduardo es un genio. Dentro de 30 o 40 años seguirá siendo moderno porque habla de cosas profundamente humanas, pero sabe sacar la chicharra, lo popular, lo cotidiano y mezclarlo con el terror o el vampirismo. Eso es muy difícil y muy valiente.

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

En la serie vemos un desnudo tuyo, y anteriormente has comentado que no todo vale por amor al arte. ¿Por qué decidiste hacer estas escenas?

María León: Por Triana. Estaba completamente dentro del personaje y de la mano de Eduardo. Creo que hoy en día se puede contar todo sin mostrar nada, y estoy a favor de eso. Pero en este caso merecía la pena, porque este personaje ha existido y existe.

Mi cuerpo es lo menos importante de toda la historia. Lo importante es lo que se cuenta y a quién puede tocarle. Como persona pública siento una responsabilidad, quiero contar historias con honestidad, abrir cabezas, generar empatía. Por eso me atreví a compartirlo.

Después de tantos años de carrera, ¿dónde notas esa vocación que no se apaga?

María León: En el amor. Amo profundamente mi profesión. Me permite compartir, amar sin miedo al desengaño, conocer mundos y mujeres muy distintas a mí. Todo eso me hace crecer. Después de 20 años eliges más, eliges dónde y cómo te entregas. Pero la ilusión sigue intacta. Cada proyecto es como empezar la vida otra vez. Eso no muere nunca.

¿Cuál dirías que ha sido el mayor aprendizaje que te ha dado la interpretación?

María León: La empatía. Mi profesión me obliga a trabajarla constantemente y no es fácil. Pero es profundamente humana y a mí eso me hace feliz.

¿Hay algún personaje que se haya quedado contigo más de lo normal?

María León: A todos los quiero como a mejores amigas, pero nunca se vienen conmigo a casa. Tengo mucho mundo interior y sé dejarlas a un lado. Las acompaño, las amo, las defiendo, pero luego sigo siendo María León. Con ese personaje ya tengo bastante trabajo.

Eduardo Casanova se abre en Silencio, junto a Maria León

Chicos, ¿qué es lo siguiente que se viene?

María León: Próximamente saldrá Nueve lunas, una comedia muy atrevida y diferente. Habla de un chico trans que se queda embarazado antes de hacer la transición. Yo hago de la hermana, la que conecta a toda la familia y acompaña ese proceso. Me parecía muy interesante contar la maternidad (o paternidad) desde un lugar que casi nunca se ha mostrado. Fue una aventura preciosa.

Eduardo Casanova: A mí me gustaría hacer una segunda temporada de Silencio, ya que la tengo completamente escrita. Es aún más divertida y tiene más fantasía. Pero que esté escrita no significa que se vaya a rodar; aun así, tengo todo preparado: tanto el guion como el casting y varias sorpresas increíbles. Ojalá podamos hacerla, porque cerraría la historia como se merece.

Asimismo, se viene la película de Aída. Es muy simbólico porque Silencio es mi primera serie y Aída da el salto al cine. Es cerrar un círculo. Aída me permitió convertirme en director y ahora cierro una etapa haciendo una serie después de toda una vida en el cine. Le debo todo al público. Con lo bueno y lo malo, soy quien soy gracias a ellos.

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Silencio disponible en Movistar Plus+