
En la exposición Interfaz, Ventana Project reúne a seis artistas para explorar la traducción entre código, pensamiento y forma material. Galería Doble Erre hasta el 22 de marzo.
La galería Doble Erre acoge Interfaz, una propuesta de Ventana Project que reúne a seis artistas internacionales para reflexionar sobre el espacio intermedio donde las ideas se transforman en objetos. Del 18 de febrero al 22 de marzo de 2026, en el marco de la Semana del Arte de Madrid, la muestra invita a pensar la tecnología no como herramienta neutra, sino como territorio de traducción y negociación.

Toda tecnología traduce. Esa es la premisa que articula Interfaz. No se trata de ejecutar una idea de forma directa, sino de someterla a un tránsito: del pensamiento al código, del código a la instrucción, de la instrucción a la materia. En ese desplazamiento se abre una zona intermedia —ni puramente mental ni estrictamente material— donde intervienen decisiones, escalas, tiempos y sistemas. Ese intervalo es la interfaz.

Un espacio de negociación
Lejos de concebir la interfaz como simple punto de contacto entre humano y dispositivo, la exposición la presenta como un espacio de negociación. Cada herramienta introduce una lógica; cada material, una resistencia; cada máquina, un ritmo. El resultado no es transparente ni lineal. Traducir implica siempre pérdida y ganancia. Lo abstracto adquiere cuerpo, pero también se transforma; la materia adopta una forma entre muchas posibles.
La propuesta curatorial se organiza como una constelación más que como un relato secuencial. No hay un principio ni un final cerrados, sino un sistema de relaciones que el visitante activa con su recorrido. En un primer momento, signos, llaves y escrituras funcionan como umbral de lectura. Hay algo de ritual en esta entrada, incluso un eco de lo sagrado, pero también una dimensión técnica: toda imagen responde a una estructura previa, a un código que la sostiene.

Del signo al volumen
A medida que se avanza en la sala, los signos se densifican y adquieren volumen. Lo que era inscripción deviene objeto; lo que parecía símbolo gana peso y escala. El tránsito no es solo conceptual, sino físico. La exposición propone experimentar cómo una idea se encarna, cómo un sistema abstracto se convierte en presencia tangible.
Pero el recorrido también puede invertirse. Del objeto al código, del volumen al trazo, de la forma al sistema. Esta reversibilidad activa la interfaz como experiencia viva. Cada pieza remite a un proceso de traducción que no se agota en lo visible, que apunta a una arquitectura técnica y conceptual subyacente.

En esa franja inestable trabajan los artistas convocados: Ju Young Kim, Irene Molina, Naomi Maury, Simon Speiser, Mit Borrás y Aquiles Jarrín. Sus prácticas combinan código, dibujo, impresión, tejido, sonido y ensamblaje sin ocultar la presencia de la máquina. Al contrario, la hacen evidente. La tecnología no se disfraza ni se estetiza como fetiche; se muestra como estructura operativa.


La máquina y el gesto
Sin embargo, lo humano no desaparece en este paisaje de sistemas y procesos. Permanece como tensión, como gesto que interrumpe la repetición, como sensibilidad que atraviesa el cálculo. En las obras conviven la precisión del algoritmo y la contingencia del error, la regularidad del patrón y la variación inesperada.
Ese diálogo recuerda que toda tecnología está atravesada por decisiones humanas. Incluso en los procesos automatizados persisten elecciones sobre parámetros, tiempos y escalas. La interfaz, en este sentido, no es solo un dispositivo técnico, sino un lugar cultural. Un espacio donde se negocian modos de ver, de producir y de imaginar.

La exposición, presentada durante la Semana del Arte, abrirá de miércoles a domingo, ampliando su horario habitual con cita previa. Este contexto convierte la muestra en un punto de encuentro para quienes buscan propuestas que dialoguen con las transformaciones digitales contemporáneas sin renunciar a la materialidad.

Una constelación abierta
Más que ofrecer respuestas cerradas, Interfaz plantea preguntas: ¿qué se pierde cuando una idea se convierte en código? ¿Qué se gana cuando ese código se materializa? ¿Hasta qué punto la forma final es resultado de una intención inicial o de las condiciones técnicas que la hacen posible?
La fuerza de la exposición reside en asumir esa ambigüedad. No hay nostalgia por una pureza previa a la máquina ni entusiasmo acrítico por la innovación. Hay, en cambio, una atención cuidadosa al tránsito, a ese pasaje donde pensamiento y materia se afectan mutuamente.

En tiempos en que la tecnología parece invisible por su omnipresencia, Interfaz la vuelve perceptible. Nos invita a detenernos en el intervalo, en ese espacio donde lo abstracto adquiere cuerpo y donde cada objeto encierra la memoria de un proceso. Allí, en esa zona de traducción constante, se juega buena parte de nuestra experiencia contemporánea.
Fotos: Nico Tappero
Doble Erre
C. de Nicolás Sánchez 109
Madrid