
Richard Linklater recrea el nacimiento de la Nouvelle Vague y el rodaje de À Bout de Souffle como celebración del cine libre, juvenil y creativo frente a la industria.
Con Nouvelle Vague, Richard Linklater viaja al París de finales de los años cincuenta para capturar el instante exacto en que Jean-Luc Godard y su entorno estaban a punto de cambiar la historia del cine. Más que una recreación histórica, la película es una reflexión viva sobre la creación artística, la juventud y la necesidad urgente de filmar. Estreno en cines el 9 de enero.
La nueva película de Richard Linklater se adentra en uno de los momentos fundacionales del cine moderno: el nacimiento de la Nouvelle Vague francesa y el rodaje de À Bout de Souffle (Al final de la escapada, 1960).
Lejos de construir un biopic convencional, el director estadounidense opta por un enfoque libre y lúdico, coherente con el espíritu del movimiento que retrata. El resultado es una obra que combina el making of ficticio, la comedia y el ensayo cinéfilo, con una fluidez que evita la solemnidad y apuesta por la emoción.

Nouvelle Vague no es un retrato congelado, sino un gesto vivo de amor al cine.
Rodada en un elegante blanco y negro y en formato académico 4:3, la película reconstruye el París de 1958 y 1959 con una atención minuciosa al detalle. El grano de la imagen, las imperfecciones simuladas del celuloide y el uso de locaciones reales y luz natural generan una sensación de autenticidad que remite directamente a las películas de la época. Sin caer en el fetichismo, Linklater recrea un clima donde lo cotidiano se vuelve poético y donde la improvisación es una forma de verdad cinematográfica.
Guillaume Marbeck encarna a un joven Jean-Luc Godard de 29 años, aún crítico de Cahiers du Cinéma, arrogante, inseguro y desbordante de ideas. No es el Godard mítico y hermético que la historia consagró, sino un creador en plena ebullición, filmado con ironía y cercanía. A su alrededor aparecen figuras clave del movimiento, como François Truffaut, Claude Chabrol o Éric Rohmer, así como presencias decisivas como Agnès Varda y Jacques Demy, que completan el retrato coral de una generación dispuesta a dinamitar las normas.

Uno de los grandes aciertos del film es su mirada sobre el rodaje de À Bout de Souffle. Las escenas muestran un cine hecho a contrarreloj, con presupuestos mínimos, soluciones técnicas improvisadas y una fe absoluta en la intuición. Godard filma sin sonido directo, reescribe diálogos sobre la marcha y desafía constantemente a su equipo y a sus actores. La cámara de Linklater acompaña ese caos creativo con ligereza, replicando el impulso rebelde que definió a la Nouvelle Vague.

El choque entre la espontaneidad creativa y la industria atraviesa toda la película.
Zoey Deutch destaca como Jean Seberg, actriz estadounidense atrapada entre el desconcierto y la fascinación que provoca trabajar sin un método claro. Su relación con Godard condensa una de las tensiones centrales del film: la fricción entre el sistema y la libertad, entre la tradición industrial y el deseo de reinventarlo todo. Frente a ella, Aubry Dullin compone un Jean-Paul Belmondo carismático y despreocupado, mientras el vínculo creativo entre Godard y el director de fotografía Raoul Coutard revela la importancia del trabajo colectivo en aquella revolución estética.

Más allá de la reconstrucción histórica, Nouvelle Vague dialoga con la propia filmografía de Linklater. Como en Boyhood o la trilogía Antes de…, el tiempo y la juventud son aquí materias primas esenciales. Existe también un evidente eco autobiográfico: el recuerdo de un cineasta que comenzó filmando con pocos medios y que ha defendido, a lo largo de su carrera, la persistencia de una mirada personal dentro —o a pesar— del sistema.
En ese sentido, la película funciona como una reflexión sobre el oficio de filmar en el presente. En un contexto donde la industria tiende a medir el valor del arte en métricas y algoritmos, Linklater reivindica el milagro de hacer cine por pura necesidad expresiva. La Nouvelle Vague aparece entonces no solo como un episodio del pasado, sino como una pregunta abierta sobre el futuro del cine.

Celebrar el caos creativo es, para Linklater, una forma de resistencia cultural.
Con Nouvelle Vague, Richard Linklater no solo rinde homenaje a Godard y a una generación irrepetible, sino que reafirma una forma de entender el cine: como un acto de libertad, riesgo y amistad. Una película que mira hacia atrás para recordarnos que, sin rebeldía, el cine pierde su razón de ser.
Estreno de Nouvelle Vague en cines 9 de enero