
Del caos surgió el universo, y del caos nace también el método de trabajo de los artistas Lolo & Sosaku, el dúo formado por Sosaku Miyazaki y Lolo Della Pietra, desde Barcelona al mundo.
Desde hace más de dos décadas Lolo & Sosaku responden a lo impredecible mediante esculturas mecánicas expandidas, máquinas sonoras, instalaciones site specific y performances donde el objeto no es pasivo y el azar no es accidente, sino motor creativo. Lolo (Buenos Aires, 1977) y Sosaku (Tokio, 1976) se conocieron dibujando y hoy operan como un ente artístico simbiótico e indivisible que delega la responsabilidad creativa en péndulos, motores y circuitos.
Imagen superior: Lolo & Sosaku. The Western Archive, 2023 © Foto: Michel Rivas Canal.
Lolo & Sosaku, 2025 © Foto: Dani Pujalde.
El resultado son piezas que se mueven, vibran y suenan como sistemas viscerales vivos. En el universo de Lolo & Sosaku el arte es un bucle infinito, y el público deja de ser espectador para convertirse en energía y fricción esencial de un proceso artístico radical y profundamente físico.
Coche, Galeria Alegria, 2022 © Foto: Roberto Ruiz.
Inicios de Lolo & Sosaku
Desde Buenos Aires y Tokio. ¿Cómo fue ese primer encuentro y el inicio de todo?
Lolo & Sosaku: Fue la aleatoriedad máxima que hizo que nos encontráramos, chocar, y juntarnos. Yo llevaba en España 6 años, trabajaba en un barco y ya había hecho exposiciones. Sosaku viajaba por Europa sin planes de quedarse, dejándose llevar, de fiestas a raves. Una de mis compañeras de piso —y ahora una de mis mejores amigas—, Sabrina, era muy de ese rollo, lo trajo a casa porque estaba medio sin casa, y al despertar lo encontré en el salón. Lo saludé, y justo me habían publicado dibujos en una revista japonesa, le dije: “Mira, Japan Magazine”. Y me dice: “Ah, qué guay, también dibujo”. Como no nos podíamos comunicar bien, empezamos a dibujar. Y le dije: “Vamos a la calle a pintar. Tengo pintura aquí” y a los 15 minutos ya estábamos dibujando juntos. Ese fue el inicio.
Lolo & Sosaku. Studio.
Poco a poco la cosa se fue haciendo más seria. Nuestros dibujos no funcionaban bien juntos, eran muy identitarios de cada uno, pero seguimos trabajando juntos, hicimos exposiciones —con las que no estamos muy contentos—, y enseguida, al cabo de una semana, empezamos a experimentar con el sonido. Ahí vimos el punto fuerte: “Vale, aquí sí que podemos hacer algo interesante”. Encontramos una hoja en blanco total para experimentar.
Yo no tenía ningún background en sonido. Soñé con una guitarra, me compré una eléctrica sin saber tocarla y acabé tocando con tubos fluorescentes mientras Sosaku hacía cosas con samplers. En esos años conocimos a Simon y Charlie que hacían música, y formamos un grupo con ellos llamado El Sombrorö. Tocamos en La Cocina del CCCB y KBB. Estamos hablando del inicio del milenio, 2004 o 2005, un momento efervescente, muy emergente. No había redes sociales, estaba MySpace, Fotolog. Barcelona estaba en ebullición lo que nos permitió tocar en sitios totalmente underground.

El azar como modo de vida
¿Por eso el azar tiene mucho peso en Lolo & Sosaku?
Lolo & Sosaku: Toda nuestra relación y nuestra obra se vertebran por el caos, no como desorden, sino como aleatoriedad e impredecibilidad. Ahora implementamos una práctica de trabajo basada en eso. Hace poco fuimos a México. Le pregunté: “¿Cómo vas al aeropuerto?”. Me dijo: “No sé, en tren o taxi”. Le dije: “Vale, nos vemos en México”. Teníamos asientos diferentes, subimos al avión sin vernos, coincidimos buscando sitio para la maleta. Hicimos escala de muchas horas en Miami. De repente nos vimos de lejos, hablamos un rato y ya. Volvimos de México en días diferentes. Ya en Barcelona, nos encontramos en la calle, cerca del estudio, y dijimos: “Esto está muy guay”. No hay horarios fijos, hablamos de trabajo, cada uno tiene sus rutinas, y si nos vemos, nos vemos. Esa lógica de lo no programado se ha vuelto parte de nuestra práctica, y funciona de maravilla.
Esa dinámica suena a tensión productiva entre su introversión y tu extroversión.
Lolo & Sosaku: Nuestro pensamiento es muy abstracto y cuesta describirlo con palabras. Nuestra práctica es difícil de verbalizar. Hablar en términos de caos y aleatoriedad nos ayuda a entenderla. Que vengamos de lados opuestos del mundo es tan aleatorio como encontrarte dinero tirado en la calle; o como dos coches que chocan y que por diferencia de segundos no habrían colisionado. Nos entregamos a eso.

¿Tiene que ver más con la relación causa-efecto que con la idea de destino?
Lolo & Sosaku: Exacto, no es destino ni estaba escrito que nos tuviéramos que encontrar. Nos cruzamos con mucha gente antes de conocernos, y que conectáramos fue un hecho cósmico, brutal. Funcionamos muy bien juntos: somos complementarios y tenemos el mismo gusto, muy específico. A nivel estético estamos siempre de acuerdo, en cualquier disciplina nos gustan las mismas cosas.
Boca Biennal, Lisboa 2023 © Foto: Enric Vives-Rubio.
O sea como dúo profesional nunca discutís por nada, ¿y como amigos?
Lolo & Sosaku: Discutimos por cosas ajenas al arte. Nuestra relación va más allá de la amistad, somos como hermanos. O sea uno se puede llevar súper bien con su hermano, pero no es un amigo. Por el contrario, aunque te lleves mal, sigue siendo tu hermano y nunca va a ser un enemigo, porque no es externo. Hay unos lazos especiales. En lo cotidiano, no hacemos cosas de amigos, no quedamos para ir a sitios, no nos contamos nuestras cosas … en cualquier caso contamos el uno con el otro a muerte. Hay mucha profundidad, es algo cósmico, del universo…
Lolo & Sosaku contra la individualidad
Es decir, Lolo & Sosaku es un ente indivisible, un organismo en simbiosis.
Lolo & Sosaku: Sí, Lolo & Sosaku es como un árbol; hay ramas arriba que reciben más luz y hacen fotosíntesis, pero el tronco también importa; al final, es una sola cosa. Nuestra práctica es un organismo que se autoequilibra. Nos complementamos: a uno le gusta pensar, analizar y hablar; al otro, soldar circuitos o trabajar con sensores. Nos gusta alternar, romper y construir. Si empezamos a dividir funciones, entramos en una lógica que no nos interesa.
Painting Machine, 2022 © Foto: Roberto Ruiz.
Y en ese ente, ¿cómo se traducen los pensamientos abstractos en obras concretas?
Lolo & Sosaku: Nuestro caso es como un cerebro conjunto. No hay una autoría personal, es distinto de Lolo individuo y de Sosaku individuo. Por eso introducimos la presencia de un tercer elemento: las máquinas. A veces uno hace una máquina, el otro la transforma y así sucesivamente. La idea de que la obra final no está manipulada directamente por nuestras manos sino que un elemento externo manipula la obra y juega con nosotros. Esta idea evoluciona hacia sistemas que generan sonido, que pintan. En ningún caso podemos controlarlas al cien por cien. Este ente es como un ser soñado. El concepto surge de él y a menudo evoluciona a partir de ideas anteriores, como por ejemplo las diferentes series de Painting Machines/Painting Systems.
De la tierra, 2023 © Foto: 9: Aleix Plademunt.
Proceso de trabajo
¿Cuál es el proceso?
Lolo & Sosaku: Siempre pensamos el espacio primero, qué elementos tiene, cómo se transita. Lo que hacemos es, normalmente, site specific, desde una pieza de sonido hasta una instalación. Necesitamos saber cómo se mueve la gente, si es performance, dónde se sienta; si es instalación, por dónde entra; si es exposición, cómo cambia la luz durante el día. Eso marca la base; lo demás va surgiendo. Por ejemplo, en Monterrey (México) vimos una antigua fábrica de energía con mucha maquinaria en desuso. Pensamos en la luz, por dónde entra el sol, qué hacen las máquinas. “¿Qué ves tú? Yo veo esto”, de ahí imaginamos cómo volver a activar las máquinas, introducir motores… y la obra toma forma.
Lolo & Sosaku. Studio.
Con las obras sonoras, ¿el proceso es similar?
Lolo & Sosaku: Para hacer sonido necesitábamos elementos externos como una guitarra, pero sonaba a guitarra, no era “nuestro” sonido. Entonces entendimos que teníamos que construir nuestros propios instrumentos. Comenzamos alrededor de 2007; nuestra precariedad económica nos llevó a realizar sistemas automáticos basados en péndulos. No había interacción humana directa, al tirar del péndulo se desencadena una serie de movimientos… volvemos al caos. Después evolucionamos poco a poco. Tuvimos suerte. Éramos muy precarios, estábamos encerrados en una habitación y pequeños factores aleatorios —hermosos, salvadores— nos fueron sacando. David Quiles, un curador increíble, nos llevó al museo MIS en Brasil. Allí creamos un gran proyecto con murales realizados con las Painting Machines y conciertos con instrumentos que también funcionaban como instalaciones sonoras. Después lo vio nuestro gran amigo Juanjo, que ahora está en otro plano, y se lo enseñó a Sergio Caballero, que nos organizó un concierto en Sónar.
Ipso Erit, MACBA, 2018 © Foto: Cecilia Diaz Betz.
Museos
De gran festival a gran institución: Ipso Erit en el MACBA.
Lolo & Sosaku: En el MACBA sabíamos que tenía que ser una obra sonora. Como siempre, partimos del espacio. Decidimos trabajar el atrio y pensamos en el suelo, porque es lo que se ve desde todas las plantas. Habíamos hecho un prototipo de una plancha que se movía con un motor. Investigamos cómo hacerlo sin cables, sin baterías visibles. Queríamos que cada parte tuviese personalidad propia, y lo conseguimos colocando el motor en distintos lugares de las planchas de metal microfoneadas, de modo que cada una se movía de forma diferente, algunas más rápido, otras más lento. El montaje también tenía grandes tubos; en conjunto generaba comportamientos impredecibles, aleatoriedad total.
Stellar. 2017, Suzhou, China.
De la aleatoriedad del MACBA pasamos a una pieza que a simple vista parece muy planificada, Disco. ¿Aquí también hay caos?
Lolo & Sosaku: Sí que lo hay, pero en la visión de la obra. Tito Díaz nos invitó a trabajar en su espacio del Delta del Ebro, un lugar muy potente, casi astral donde está su instalación Mental Stones. La instalación de Tito es tipo azteca, maya, egipcia, pirámides… es astral, muy muy fuerte. Fuimos, caminamos por el campo, entre olivos y almendros, cada uno por su lado, y empezamos a ver agujeros en la tierra. Pensamos: “¿Quién habrá hecho esos agujeros?”
De ahí surgió la imagen de un disco enorme, limpio, que gira y perfora el suelo, como si respondiera a fuerzas externas incontrolables. Así nació Disco, un gran disco con estructura, motor y eje. Era tan distinta que muchos pensaron que era digital, un render. Es una obra muy importante para nosotros. Consta de un disco gigante con una estructura debajo, un motor, un eje, y gira. Es tan distinta que, al ver las fotos, la gente pensaba que era un render, una obra digital. Pero es real, esta pieza generó un eco que continua en nuestro trabajo hasta ahora.
La máquina en Lolo & Sosaku
Automatización y motores, la maquina aparece como interlocutora en vuestro trabajo, pero si tuvierais que mecanizar una parte del cuerpo, ¿cuál sería?
Lolo & Sosaku: Sosaku se convertiría entero en robot. Todo, cuerpo, mente, excepto fumar y tomarse algo de vez en cuando. Lolo mecanizaría todo el interior: corazón, pulmones, riñones… menos el cerebro. Esos mecanismos internos que ya funcionan como máquinas los cambiaríamos por máquinas reales que aguanten más. En Silicon Valley están haciendo cosas increíbles: estómagos artificiales, órganos. Reemplazar todo lo que falla (al final falla el corazón, el riñón) permitiría vivir más años.
¿Eso resuena a teoría posthumanista, la idea de vivir infinitamente?
Lolo & Sosaku: Sí, queremos crear infinito, ver infinito, viajar. Aunque lo de Silicon Valley es oscuro, sus avances están ligados al consumo. Los que ponen dinero son Google, Amazon, empresas que trabajan con nuestros datos. Si te mueres, dejan de ganar contigo. Por eso no les interesa que mueras joven.

Transdisciplinariedad
Vuestro trabajo es profundamente transdisciplinar: performances, instalaciones, conciertos.
Lolo & Sosaku: El sonido es la columna vertebral de nuestro trabajo. En todas las piezas es o protagonista, o casi protagonista; es lo que atraviesa todo. Desde ahí, nuestras obras tocan muchas disciplinas. Una escultura se mueve, hace sonido, es una máquina, es un instrumento —como la serie Motors—. Quizá las que más disciplinas tocan son los Painting Systems, porque pintan, ese acto de pintar es una performance que registramos y pasa a ser videoarte.
Los conciertos son actos performáticos con instrumentos que también son esculturas e instalaciones. Por ejemplo, 27.500 parpadeos es una instalación site specific sobre la reflexión de la luz, es una coreografía de luz, sonido y movimiento. También trabajamos mucho con pianos intervenidos y microfoneados, les quitamos tapas, añadimos máquinas que generan sonido, como en C言語 (C Language), P系 (Tipo P) que relizamos en el Teatre Lliure, Concert for Four Pianos en Sónar, o 2A Metal en Los Ángeles.
Lolo & Sosaku. Studio.
Stelar
De todo este corpus, ¿hay una obra que marque un antes y un después?
Lolo & Sosaku: Pues sí, se trata de De La Tierra. Nace de Stelar, que previamente presentamos en China, donde inundamos el espacio con cinco centímetros de agua antes de inaugurar. Observamos dónde quedaba el agua estancada. Ahí apareció el tema del reflejo como dimensión escondida. Años después retomamos esa idea. Encontramos una nave abandonada en Hospitalet, donde tenemos el estudio. Fue un proceso larguísimo, tardamos tres años y contamos con la ayuda de Mireia Mascarel, fue co-curada con Maike Moncayo, diseño técnico de Kike Blanco y performances de Laia Struch y Roc Gimenez de Cisneros. Como teníamos libertad total, transformamos el espacio por completo. Rompimos ventanas, perforamos suelos y techos, inundamos el espacio y seguimos la trayectoria del sol para las modificaciones. Es nuestra obra más completa hasta ahora y estuvo expuesta un año completo.
¿Recicláis componentes para diferentes obras?
Lolo & Sosaku: Nuestros trabajos no se terminan, no se almacenan, ni se abandonan. No renegamos del pasado, sino que es un presente en constante transformación. No se trata de volver a usar lo mismo, de reciclarlo, sino de transformarlo. Tampoco es evolución en el sentido de mejorar, porque no hay baremo… El sonido también funciona así, va transformándose continuamente.
The Western Archive, 2023 © Foto: Michel Rivas Canal.
Un western en bucle
Y seguimos con la continuidad, hablemos del bucle como concepto en The End y The Western Archive.
Lolo & Sosaku: Sergio Caballero, quien nos conoce profundamente, nos propuso hacer un documental. Él trabaja mucho el silencio, la voz en off, la postproducción. Surgieron ideas de falso documental, hubo muchas conversaciones hasta que dijo: “Vamos a hacer un western”, y de ahí resultó The Western Archive. Yo dudé muchísimo, no quería ir de cowboy, pero al final confié en él y convencimos a Sosaku —¡un cowboy con kimono! En el documental aparecen muchas de nuestras máquinas; es, en realidad, como una performance de Lolo & Sosaku. La película no tenía final, así que durante el rodaje el equipo propuso que el final fuese nuestro concierto de Sónar titulado The End. El western termina, hay un zoom out y empieza el concierto. Y ahí tienes el loop: cuando hicimos el concierto, se proyectaron imágenes del western.
The End, Sonar, 2023 © Foto: Sergio Albert.
¿Qué pensáis de espectacularización del arte?
A nivel social todo es muy efímero. Lo que queda es una sensación, un sentimiento fuerte. El arte tiene que ser verdadero. Dedicarse al arte es duro, hacer algo de calidad es extremadamente difícil y profundo. Hoy en día hay de todo, gente que empieza y necesita tiempo. Otros llevan años, pero no profundizan. Hay artistas muy reconocidos que hacen obras vacías, pero que están en todos lados… Lamentablemente, el vacío está muy presente en el arte. En nuestro caso, estamos comprometidos con el arte como forma de vida.
El público como elemento endógeno
La música y por ende el sonido son el arte más emocional, en festivales el público coincide con vosotros en espacio y tiempo. ¿Cómo percibís esa energía?
Lolo & Sosaku: La percepción del público es tan importante como la obra misma, no solo en la performance, también en las exposiciones. En Motors II, que presentamos en el Power Station of Art de Shanghái, construimos bancos y los pusimos en el lugar donde la obra se recibía mejor, pensando en la gente. En las performances en vivo a veces nos tocamos, nos rozamos físicamente con la gente. La composición sonora, los sonidos que generamos, los mantenemos o los retiramos dependiendo de cómo percibimos al público. Si está muy estático, sacamos algo más cañero, más rítmico; entramos en un paisaje sonoro, hacemos una meseta y empezamos de nuevo. Si la gente está muy arriba, pero percibimos que comienza a perder sentido, también ajustamos.
Una performance tiene tres etapas. La previa, con el montaje y el soundcheck solo con el equipo técnico. Luego entra el público, y lo que sucede es que la gente absorbe el sonido. Si en el chequeo estás tocando a 120 decibelios, para llegar a esa sensación con gente hay que subir el doble. El público absorbe el sonido, se lo queda, se lo lleva. Luego está la presencia durante la actuación, y el final. Muchos músicos terminan, dicen gracias y se van al camerino. Nosotros nos quedamos ahí con ellos, no desaparecemos, acabamos rodeados de la gente. Ya no hay sonido, pero seguimos ahí.
Y ahí viene la tercera fase, hablar con la gente que se queda. Es entonces cuando el ente que estaba generando muta en algo que escucha y habla, que regala. Regalamos partes de las máquinas, fotos. Nadie habla de composición sonora ni de si fue bonito o no; hablan de experiencia. Tras todos estos años trabajando juntos, incluyendo los momentos más difíciles y las crisis, lo que siempre rescatamos es la existencia de algo externo que se genera, que es importante para la gente, y que se convierte en una responsabilidad para mantener esto vivo.
Festivales
En el festival MIRA, vuestra instalación exhibida se activaba con performances y el público efectivamente se mezclaba con vosotros. ¿Qué os parece este festival y esa permisividad?
Si estamos nosotros, todo es tocable, todo es permeable. Al principio nos preocupaba que la gente tocara las obras, porque son frágiles, pero pensamos : “Son prototipos. No importa”. Eso nos da una tranquilidad espectacular. Pensar que todo está siempre en transición, que va a evolucionar. Con respecto al festival, creemos que Sónar —cuando era más experimental— fue muy importante para la ciudad, pero MIRA ha recogido esa línea desde hace años, y eso está muy bien, porque la escena de Barcelona lo necesita.
Boca Biennal, Lisboa 2023 © Foto: Enric Vives-Rubio.
Lolo & Sosaku para millennials, generación Z, hípsters
Es curioso que conectéis con un público tan amplio: millennials, generación Z, hípsters, o gente de la cultura, ¿a qué se debe?
Lolo & Sosaku: Es una pregunta compleja, pero creemos que conectamos porque se ve que somos normales. Venimos de etapas difíciles, tomamos riesgos y eso se percibe, somos reales y la gente se ve reflejada. Hay una especie de mensaje de esperanza, de “sí se puede hacer”, no por lo que hacemos, sino por el cómo, por el hecho de experimentar constantemente, arriesgando fuera de los ámbitos comerciales, fuera de lo normativo. Uno puede inventarse su propio mundo y hacerlo real. Quienes no toman ese riesgo lo viven a través de nosotros. Ni siquiera nos pensamos como artistas; todo está mezclado —el estudio, la vida, el trabajo—, es un universo paralelo sin maquillaje ni artificio. Hay mucho respeto por la gente y, sobre todo, mucho amor.
Para cerrar, proyectos futuros.
Lolo & Sosaku: En 2026 vienen proyectos muy bonitos. Volvemos a combinar instalaciones site specific con performances en otros contextos, algo que nos interesa mucho. Hay proyectos muy potentes en París y Australia que aún no podemos anunciar. En Barcelona estaremos en Apolo en abril. En mayo haremos una performance en el MACBA por su 30 aniversario. Y, como siempre nuestra cita anual en MIRA. A largo plazo, tras tres años y medio de trabajo, en 2027 queremos presentar nuestra película Yonko. ¡Es un gran proyecto, nuestro proyecto vital!
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