
Del caos surgió el universo, y del caos nace también el método de trabajo de los artistas Lolo & Sosaku, el dúo formado por Sosaku Miyazaki y Lolo Della Pietra, desde Barcelona al mundo.
Desde hace más de dos décadas Lolo & Sosaku responden a lo impredecible mediante esculturas mecánicas expandidas, máquinas sonoras, instalaciones site specific y performances donde el objeto no es pasivo y el azar no es accidente, sino motor creativo. Lolo (Buenos Aires, 1977) y Sosaku (Tokio, 1976) se conocieron dibujando y hoy operan como un ente artístico simbiótico e indivisible que delega la responsabilidad creativa en péndulos, motores y circuitos.
Imagen superior: Lolo & Sosaku, 2024 © Foto: Aleix Plademunt.
Lolo & Sosaku, 2025 © Foto: Dani Pujalde.
El resultado son piezas que se mueven, vibran y suenan como sistemas viscerales vivos. En el universo de Lolo & Sosaku el arte es un bucle infinito, y el público deja de ser espectador para convertirse en energía y fricción esencial de un proceso artístico radical y profundamente físico.
Coche, Galeria Alegria, 2022 © Foto: Roberto Ruiz.
Desde Buenos Aires y Tokio. ¿Cómo fue ese primer encuentro?
Lolo & Sosaku: Fue la aleatoriedad máxima que hizo que nos encontráramos, chocar, y juntarnos. Yo llevaba en España 6 años, trabajaba en un barco y ya había hecho exposiciones. Sosaku viajaba por Europa sin planes de quedarse, dejándose llevar, de fiestas a raves. Una de mis compañeras de piso —y ahora una de mis mejores amigas—, Sabrina, era muy de ese rollo, lo trajo a casa porque estaba medio sin casa, y al despertar lo encontré en el salón. Lo saludé, y justo me habían publicado dibujos en una revista japonesa, le dije: “Mira, Japan Magazine”. Y me dice: “Ah, qué guay, también dibujo”. Como no nos podíamos comunicar bien, empezamos a dibujar. Y le dije: “Vamos a la calle a pintar. Tengo pintura aquí” y a los 15 minutos ya estábamos dibujando juntos. Ese fue el inicio.
Lolo & Sosaku. Studio.
Poco a poco la cosa se fue haciendo más seria. Nuestros dibujos no funcionaban bien juntos, eran muy identitarios de cada uno, pero seguimos trabajando juntos, hicimos exposiciones —con las que no estamos muy contentos—, y enseguida, al cabo de una semana, empezamos a experimentar con el sonido. Ahí vimos el punto fuerte: “Vale, aquí sí que podemos hacer algo interesante”. Encontramos una hoja en blanco total para experimentar. Yo no tenía ningún background en sonido. Soñé con una guitarra, me compré una eléctrica sin saber tocarla y acabé tocando con tubos fluorescentes mientras Sosaku hacía cosas con samplers. Tambíen conocimos a Simon y Charlie y formamos un grupo llamado El Sombrorö, tocamos en muchos sitios. Era el inicio del milenio, 2004-2005, un momento efervescente y emergente en una Barcelona que nos permitió tocar en sitios totalmente underground.

¿Por eso el azar tiene mucho peso en Lolo & Sosaku?
Lolo & Sosaku: Toda nuestra relación y nuestra obra se vertebran por el caos, no como desorden, sino como aleatoriedad e impredecibilidad. Ahora implementamos una práctica de trabajo basada en eso. Hace poco fuimos a México. Le pregunté: “¿Cómo vas al aeropuerto?”. Me dijo: “No sé, en tren o taxi”. Le dije: “Vale, nos vemos en México”. Teníamos asientos diferentes, subimos al avión sin vernos, coincidimos buscando sitio para la maleta. Hicimos escala de muchas horas en Miami. De repente nos vimos de lejos, hablamos un rato y ya. Volvimos de México en días diferentes. Ya en Barcelona, nos encontramos en la calle, cerca del estudio, y dijimos: “Esto está muy guay”. No hay horarios fijos, hablamos de trabajo, cada uno tiene sus rutinas, y si nos vemos, nos vemos. Esa lógica de lo no programado se ha vuelto parte de nuestra práctica, y funciona de maravilla.

¿Tiene que ver más con la relación causa-efecto que con la idea de destino?
Lolo & Sosaku: Exacto, no es destino ni estaba escrito que nos tuviéramos que encontrar. Nos cruzamos con mucha gente antes de conocernos, y que conectáramos fue un hecho cósmico, brutal. Funcionamos muy bien juntos: somos complementarios y tenemos el mismo gusto, muy específico. A nivel estético estamos siempre de acuerdo, en cualquier disciplina nos gustan las mismas cosas.
Boca Biennal, Lisboa 2023 © Foto: Enric Vives-Rubio.
Es decir, Lolo & Sosaku es un ente indivisible, un organismo en simbiosis.
Lolo & Sosaku: Sí, Lolo & Sosaku es como un árbol; hay ramas arriba que reciben más luz y hacen fotosíntesis, pero el tronco también importa; al final, es una sola cosa. Nuestra práctica es un organismo que se autoequilibra. Nos complementamos: a uno le gusta pensar, analizar y hablar; al otro, soldar circuitos o trabajar con sensores. Nos gusta alternar, romper y construir. Si empezamos a dividir funciones, entramos en una lógica que no nos interesa.
Painting Machine, 2022 © Foto: Roberto Ruiz.
Y en ese ente, ¿cómo se traducen los pensamientos abstractos en obras concretas?
Lolo & Sosaku: Trabajamos como un cerebro conjunto, no hay autoría personal, y además introducimos un tercer elemento, las máquinas para hacer que el ente sea autónomo. A veces uno hace una máquina, el otro la transforma y así sucesivamente. Es como un ser soñado, el concepto surge de él y a menudo evoluciona a partir de ideas anteriores.
De la tierra, 2023 © Foto: 9: Aleix Plademunt.
¿Cuál es el proceso?
Lolo & Sosaku: Siempre pensamos el espacio primero, qué elementos tiene, cómo se transita. Lo que hacemos es, normalmente, site specific, desde una pieza de sonido hasta una instalación. Necesitamos saber cómo se mueve la gente, si es performance, dónde se sienta; si es instalación, por dónde entra; si es exposición, cómo cambia la luz durante el día. Eso marca la base; lo demás va surgiendo. Por ejemplo, en Monterrey (México) vimos una antigua fábrica de energía con mucha maquinaria en desuso. Pensamos en la luz, por dónde entra el sol, qué hacen las máquinas. “¿Qué ves tú? Yo veo esto”, de ahí imaginamos cómo volver a activar las máquinas, introducir motores… y la obra toma forma.
Lolo & Sosaku. Studio.
Con las obras sonoras, ¿es similar?
Lolo & Sosaku: Para hacer sonido necesitábamos elementos, como una guitarra, pero sonaba a guitarra, no era nuestro sonido. Entendimos que teníamos que construir nuestros propios instrumentos. Empezamos en 2007; nuestra precariedad nos llevó a crear sistemas automáticos basados en péndulos, al mover uno, se desencadenaba toda una serie de movimientos… volvemos al caos. Después evolucionamos poco a poco. Estábamos encerrados en una habitación, muy limitados, y pequeños factores aleatorios —hermosos, salvadores— nos sacaron adelante. David Quiles, un curador increíble, nos llevó al museo MIS en Brasil, donde hicimos un gran proyecto con murales de Painting Machines y conciertos con instrumentos que también eran instalaciones sonoras. Nuestro amigo Juanjo, que ahora está en otro plano, lo vio y se lo enseñó a Sergio Caballero, que nos organizó un concierto en Sónar.
Ipso Erit, MACBA, 2018 © Foto: Cecilia Diaz Betz.
De gran festival a gran institución: Ipso Erit en el MACBA.
Lolo & Sosaku: En MACBA como siempre partimos del espacio, trabajando el atrio y el suelo, visible desde todas las plantas. A partir de un prototipo anterior hicimos planchas de metal microfoneadas con motores ocultos, cada una con movimientos distintos. El montaje, con grandes tubos, generaba comportamientos impredecibles y aleatoriedad total.
Stellar. 2017, Suzhou, China.
De la aleatoriedad del MACBA a una pieza aparentemente controlada, Disco. ¿Aquí también hay caos?
Lolo & Sosaku: Sí, pero en la visión. Tito Díaz nos invitó a trabajar en su espacio del Delta del Ebro, un lugar muy potente, casi astral donde está su instalación Mental Stones. Caminamos entre olivos y almendros, juntos y cada uno por su lado, y empezamos a ver agujeros en la tierra. De ahí surgió la imagen de un disco enorme, limpio, que gira y perfora el suelo, como si respondiera a fuerzas externas incontrolables. Así nació Disco, un gran disco con estructura, motor y eje. Era tan distinta que muchos pensaron que era digital, un render. Fue una obra clave para nosotros que generó un eco que continua.

Vuestro trabajo es profundamente transdisciplinar: performances, instalaciones, conciertos.
Lolo & Sosaku: El sonido es la columna vertebral de todo lo que hacemos, o es protagonista o atraviesa la obra. Desde ahí tocamos muchas disciplinas. Una escultura se mueve, suena, es máquina e instrumento como en Motors. En Painting Machines, pintar es una performance que registramos y pasa a vídeoarte. Los conciertos son actos performáticos con instrumentos que son esculturas e instalaciones: 27.500 parpadeos es una instalación site specific de luz, sonido y movimiento. También trabajamos mucho con pianos intervenidos y microfoneados, como en Concert for Four Pianos o 2A Metal.
Lolo & Sosaku. Studio.
De todo este corpus, ¿una obra que marque un antes y un después?
Lolo & Sosaku: De La Tierra. Surge de Stelar, previamente presentada en China, allí inundamos el espacio con cinco centímetros de agua, donde quedaba estancada aparecieron reflejos que aparecían como dimensión oculta. Años después retomamos esa idea en una nave abandonada en L’Hospitalet, con un proceso largo de tres años y la complicidad de Mireia Mascarel, co-curada con Maike Moncayo, diseño técnico de Kike Blanco y performances de Laia Struch y Roc Gimenez de Cisneros. Transformamos el espacio con libertad total, rompimos ventanas, perforamos suelos y techos, inundamos el espacio y seguimos la trayectoria del sol. Es nuestra obra más completa hasta ahora, estuvo expuesta durante un año.
The Western Archive, 2023 © Foto: Michel Rivas Canal.
Hablemos del bucle como concepto en The End y The Western Archive.
Lolo & Sosaku: Sergio Caballero, que nos conoce muy bien, nos propuso hacer un documental. Tras muchas conversaciones sobre la idea de un falso documental, dijo: “Hagamos un western”, y así nació The Western Archive. Dudamos por eso de ir de cowboy, pero confiamos y Sosaku se convirtió en un cowboy con kimono. El filme es como una de nuestras performances, con muchas máquinas-esculturas. Faltaba el final, así que durante el rodaje surgió que el cierre fuese nuestro concierto en Sónar, The End. El western acaba, hay un zoom out y empieza el concierto. Y ahí aparece el bucle, porque a su vez en el concierto se proyectaron imágenes del western.
The End, Sonar, 2023 © Foto: Sergio Albert.
El sonido es el arte más emocional, en festivales el público coincide con vosotros en espacio y tiempo. ¿Cómo percibís esa energía?
Lolo & Sosaku: La percepción del público es tan importante como la obra, no solo en la performance, también en las exposiciones. En el Power Station of Art de Shanghái, incluso diseñamos bancos pensando en dónde la obra se recibía mejor. En directo, a veces nos rozamos físicamente con la gente y la composición sonora se ajusta en tiempo real. Si el público está muy estático, entramos un paisaje sonoro más rítmico, hacemos una meseta y empezamos de nuevo; si está muy arriba, pero percibimos que comienza a perder sentido, bajamos.
La performance tiene tres momentos. Primero soundcheck solo con el equipo técnico. Luego, la presencia del público, que absorbe el sonido, se lo queda, se lo lleva, para llegar a la misma intensidad hay que tocar más fuerte. Luego está la actuación en sí. Y al final no desaparecemos; nos quedamos ahí, rodeados de la gente. Ya no hay ruido, pero empieza otra cosa, el ente que estaba generando sonidos pasa a hablar, escuchar, compartir —Sosaku entrega partes de las máquinas, fotos—. Nadie habla de composición, o de si fue bonito, hablan de experiencia. Y eso, después de todo, se convierte en una responsabilidad para mantener esto vivo.
Boca Biennal, Lisboa 2023 © Foto: Enric Vives-Rubio.
Es curioso que conectéis con un público tan amplio: millennials, generación Z, hípsters, o gente de la cultura, ¿a qué se debe?
Lolo & Sosaku: Es una pregunta compleja, pero creemos que conectamos porque se ve que somos normales. Venimos de etapas difíciles, tomamos riesgos y eso se percibe, somos reales y la gente se ve reflejada. Hay un mensaje de esperanza, de “sí se puede”, no por lo que hacemos, sino por el cómo, experimentar, arriesgar, salir de lo comercial y de lo normativo. Inventar nuestro propio mundo y hacerlo real. Quienes no toman ese riesgo lo viven a través de nosotros. Ni siquiera nos pensamos como artistas; todo está mezclado —el estudio, la vida, el trabajo—, es un universo paralelo sin maquillaje ni artificio. Hay mucho respeto por la gente y, sobre todo, mucho amor.
Proyectos futuros.
Lolo & Sosaku: En 2026 vienen proyectos muy bonitos. Volvemos a combinar instalaciones site specific con performances en otros contextos, algo que nos interesa mucho. Hay proyectos muy potentes en París y Australia que aún no podemos anunciar. En Barcelona estaremos en Apolo en abril y en mayo haremos una performance en el MACBA por su 30 aniversario; y, como siempre nuestra cita anual en MIRA. A largo plazo, tras tres años y medio de trabajo, en 2027 queremos presentar nuestra película Yonko. ¡Es un gran proyecto, nuestro proyecto vital!
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