
Marc Pascal y Emelia Islas vuelven a coincidir después de colaborar juntos varios años. En esta ocasión, se enfrentan a Clínica Avida, un centro de reproducción asistida en Interlomas, México.
Marc Pascal y Emelia Islas se propusieron que la visita al médico dejara de ser una experiencia visualmente deprimente. Todo un reto que implicaba alejarse del cliché sanitario y apostar por un lugar donde el paciente pudiera sentirse acompañado emocionalmente. Así lo establecía también el briefing: un entorno universal e inclusivo que hablara por sí solo de tecnología avanzada, higiene y rigor médico, pero sin caer en esa estética, tan fría e intimidante, típica del sector de salud y bienestar.

Una distribución fácil de entender
El primer paso para conseguirlo fue idear una distribución que no pusiera a prueba la orientación del usuario. Nada confusa ni laberíntica; una organización sencilla que le permitiera sentir cierto control sobre lo que ocurre. Por eso, al entrar, identifica de inmediato la secuencia del espacio: recepción, consultorios, áreas de revisión, laboratorios y quirófano.
Transmitir calma como objetivo principal
Pensando en que la calma no se esfumara por el camino, Marc Pascal y Emelia Islas eligieron materiales discretos y una paleta de tonos neutros. Travertino en los suelos para dar continuidad, madera natural para aportar calidez y vidrio acanalado para dejar pasar la luz sin perder privacidad. Algunos muros, con acabado tipo cal y detalles en encino, dotan de elegancia al centro, esa que guiaba a los arquitectos.




La iluminación tuvo la misma importancia que todo lo anterior. Cálida y uniforme, evita contrastes bruscos o intensidades excesivas y rema a favor de la tranquilidad que impregna la clínica, situada en la planta 14 de un edificio de nueva construcción de uso mixto –centro comercial, hotel y oficinas corporativas–.
El mayor reto de los arquitectos
Lo más difícil para Marc Pascal y Emelia Islas fue que nada pareciera difícil tras diez meses de obra. La quietud del establecimiento contrasta de lleno con su complejidad técnica, particularmente en el laboratorio y en la coordinación de flujos entre personal y pacientes, diseñados para no cruzarse ni evidenciarse.



