
Marty Supreme retrata la ambición desbordada de un buscavidas en un mundo precario, un falso biopic deportivo que transforma el tenis de mesa en una batalla vital. Estreno en cines el 30 de enero de 2026.
Marty Supreme no es un biopic al uso, y cuanto antes se entienda esto, mejor se disfrutará la película. No estamos ante la historia canónica de un deportista de élite, ni ante el ya gastado relato de auge, caída y redención que tantas veces ha explotado el cine. Esta producción de A24 va mucho más allá de ese esquema. Lo que se nos propone aquí es el retrato de un buscavidas, de un embaucador de esos que parecen destinados a extinguirse en un mundo cada vez más reglado y aséptico.
Marty Supreme no es un biopic, es el retrato de un buscavidas.
Marty no aspira a la respetabilidad ni a la épica; su ambición es desmedida, casi obscena, y por momentos profundamente incómoda. Y es precisamente ahí donde reside la fuerza de la película.
Marty Mauser trabaja en una tienda de zapatos. Es un vendedor prometedor, carismático, intuitivo, con un talento natural para leer a los demás y manipular las situaciones a su favor. Tanto es así que su jefe quiere ascenderlo. Pero Marty se niega. No porque desprecie el trabajo ni porque se crea por encima de los demás, sino porque entiende que esa no es la vida que quiere. Él está predestinado a algo mayor, o al menos así lo siente. Marty quiere ser el número uno del tenis de mesa. Una aspiración que, sobre el papel, podría parecer ridícula o anecdótica, pero que se convierte en una obsesión total, en el eje alrededor del cual gira toda su existencia.

El camino importa más que la meta cuando no hay red de seguridad.
La historia se centra claramente en el camino más que en el destino. La precariedad atraviesa y vertebra cada uno de los movimientos de Marty. Cada elección está condicionada por la falta de recursos, por la inestabilidad constante, por la necesidad de improvisar. Marty difícilmente podrá ser un campeón de tenis de mesa si no puede costearse ni un techo bajo el que caer rendido por las noches. El filme es muy consciente de ello y nunca pierde de vista esa realidad material que suele quedar fuera de los relatos de éxito.

Josh Safdie filma el caos como si todo estuviera a punto de estallar.
Enmarcada dentro del thriller, la película acompaña a Marty surfeando el caos. Desde su Nueva York natal, sucia, ruidosa y siempre al borde del colapso, hasta Japón, donde su propósito parece adquirir una dimensión casi mística, el espectador sigue a un personaje decidido a ejecutar su plan cueste lo que cueste y convenciendo a quien haga falta. Cada paso adelante está cargado de tensión, de riesgo, de una sensación constante de que todo puede venirse abajo en cualquier momento. Josh Safdie dirige con pulso nervioso, manteniendo un ritmo que no concede respiro y que convierte incluso las escenas más cotidianas en pequeñas bombas de relojería.

Timothée Chalamet convierte la arrogancia en una forma de vulnerabilidad.
Timothée Chalamet nos regala aquí una de las mejores actuaciones de su carrera. No es difícil comprender el porqué de su nominación al Oscar. Chalamet compone a Marty Mauser desde una mezcla muy precisa de carisma, vulnerabilidad y arrogancia. Y es que, si algo comparten Chalamet y Mauser, es esa aspiración —que para más de algunos es sinónimo de altivez— de ser los mejores en lo suyo. El actor, con raíces francesas, parece plenamente consciente de esa lectura y la utiliza a su favor. Desde Marlon Brando, es el actor más joven en obtener tres nominaciones a los Oscar en categorías interpretativas, y Marty Supreme funciona como una confirmación de que ese lugar no es casual. Posiblemente, y sin spoilers de por medio, la escena final le corone definitivamente como uno de los mejores actores de su generación, si es que no se ha hecho ya con ese título.

El reconocimiento no se limita a su protagonista. La película cuenta ya con 9 nominaciones al Oscar: mejor película, mejor dirección para Josh Safdie, mejor actor para Timothée Chalamet, mejor guion original, mejor fotografía, mejor montaje, mejor diseño de producción, mejor vestuario y mejor casting. Un listado que refleja la solidez de un proyecto donde todas las piezas encajan. La fotografía refuerza la sensación de urgencia y desgaste; el montaje acentúa la ansiedad constante; el diseño de producción y el vestuario sitúan al espectador en un mundo reconocible.

La banda sonora está a la altura del conjunto. No solo acompaña la narración, sino que te adentra de lleno en la historia y te sitúa temporalmente con gran precisión. Cada tema parece elegido para subrayar el estado mental de Marty, su euforia momentánea o su caída inminente, sin caer nunca en lo obvio ni en la sobreexplicación.

Nadie sale indemne cuando la ambición nace de la carencia.
El resto del reparto también está a la altura. Gwyneth Paltrow y Odessa A’zion se erigen como dos pilares fundamentales en la vida de Mauser, figuras a las que recurre con frecuencia en busca de ayuda, apoyo o mera supervivencia. Sus relaciones están marcadas por la necesidad y el interés y se traduce en promesas vacías. Así, se radiografía una dinámica de dependencia que la película observa con crudeza pero sin juzgar. Nadie sale indemne del universo de Marty Supreme, porque todos, de una forma u otra, están atrapados en el mismo sistema de carencias.
Marty Supreme es un retrato feroz de la ambición en tiempos de precariedad, y una confirmación de que el cine de A24 sigue apostando por historias que no buscan agradar, sino sacudir.
