
Glenn Martens profundiza en los códigos icónicos de Maison Margiela a través de una nueva entrega para fw26 que muestra en simultáneo Artisanal y ready-to-wear.
El nuevo desfile de Maison Margiela fw26 nos adentra en el universo altamente referencial de Martens con una muestra doble. Sin embargo, todo sigue una misma línea: rescatar los códigos más emblemáticos de su legado poniéndolos como el hilo conductor de un mercadillo parisino tras su hora de cierre; con un especial enfoque en la materialidad, la reutilización y lo surrealista.

Un mercado parisino que cobra vida en Shanghái
Si algo nos ha quedado claro es que las fuentes de inspiración de Glenn Martens para sus colecciones de Maison Margiela no se quedan en lo llano; todo lo contrario. Para esta entrega conjunta, el belga toma como punto de partida conceptual un mercadillo tras su hora de cierre; donde queda tirado lo que no se ha vendido en la jornada y donde todavía queda alguna que otra joya escondida. Pero la cosa no se queda solo en esto; no. Todo eso que no encontró nuevo dueño cobra vida y se transforma: una muñeca de porcelana agrietada comienza a moverse, un tapiz de época cobra un nuevo brillo.

Ese es el mood conceptual que hay detrás de ambos armarios de Maison Margiela fw26. Porque sí, este desfile muestra tanto la entrega de ready-to-wear como la Artisanal (Alta Costura) en simultáneo. Esto, entre otras cosas, ayuda a que veamos el panorama completo de su idea para la casa esta nueva temporada. Ah, y también está el hecho que este desfile tuvo lugar en China (otra primera vez para la casa). Pero, centrándonos en lo importante, también hace falta una base material. Y esa, como siempre, son los códigos que definen la identidad de Margiela y lo han hecho durante años.

La nueva colección (más bien, colecciones) de Maison Margiela concebidas por Martens siguen apoyándose bastante en los pilares y arquetipos icónicos. Aquí, elementos como las prendas de segunda piel, el bianchetto, las transparencias y la reutilización vanguardista de materiales juegan un papel clave a la hora de componer el relato. Y bueno, tampoco podemos ignorar que se sigue manteniendo y evolucionando el tema de las máscaras, con construcciones que alcanzan el mismo grado de maestría y radicalidad que las prendas ponibles.

Así es el universo de Maison Margiela fw26 al completo
Las colecciones de Maison Margiela fw26 ponen un foco -bastante- marcado en el tema de la textura, la construcción y la silueta; que deriva de los cortes alargados de la época eduardiana. Abriendo esta entrega, tenemos formalwear surrealista que combina arquetipos clásicos de lo formal con construcciones recubiertas en cera para simular un drapeo infinito. Un vestido ostenta un cuerpo de porcelana agrietada como punto de transición.

Luego, entran los looks de second skin, logrados a través de prendas construidas en sheer color piel que coquetean con la sastrería tradicional. A esto le sigue el componente bianchetto, con prendas formales delimitadas por su capa de pintura blanca hecha para resquebrajarse con el uso. Entre medias, sale a relucir un look de taje femenino en efecto pelo con uno de los leit motifs de la colección: una pechera incrustada con joyería. Esta construcción se va mostrando a lo largo de la colección a manera de negativo, con moldes inyectados que sugieren las marcas que deja un escote lleno de collares.

Para más inri, Maison Margiela fw26 compone un vestido integral en tela recubierta dorada cuyo torso solo presenta esta textura en negativo. Varios looks después, vemos esta misma idea metálica en vestidos con arrugados perpetuos; y hay uno confeccionado a partir de miles de estrellas doradas. Pero, antes de todo esto, sale a vestido un look escultórico y eduardiano definido por cera de abeja sobre organza negra que es una de las mejores prendas de la colección. Luego de esto, el ready-to-wear limpia la paleta con pilares clásicos del menswear y womenswear deconstruidos y radicalizados (ojo con la biker alargada).

Un cierre con texturas soberbias, muy a lo Martens
Maison Margiela fw26 mantiene el ready-to-wear radicalizado hasta casi el final; donde las cosas vuelven a tornarse mucho más vanguardistas. En este último segmento, salen a relucir vestidos y esmóquines construidos en terciopelos metálicos (muy parecidos a los de su colección debut) con tonos más oscuros. Y sí, la silueta eduardiana alargada y de mangas abullonadas se mantiene en los looks de mujer. Pero eso no es todo lo interesante… el último punch de esta colección es lo que tiene mérito.

El cierre del desfile Maison Margiela fw26 se entiende a través de su vestido de construcción mixta. Este nace como un tapiz historicista en jacquard, pero con la particularidad de reconstruirse también con lentejuelas, dando un paso entre texturas surrealista. Y claro, esto tiene su máscara a juego. Otro look retoma el drapeado imposible con un bridal look decadente con hombros descubiertos. Y el closing look es un vestido que simula un tapiz crackeado y olvidado… en un mercadillo, por ejemplo.
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