
Pluto es un espacio independiente en l’Horta Sud que entiende la creación como práctica colectiva, donde arte, cuerpo y comunidad conviven fuera de los márgenes institucionales.
Pluto es un ecosistema cultural independiente, fundado en 2019 por Carlos Sáez, Rita Delgado y José Martí. Nacido como un hogar para artistas, el proyecto se despliega entre lo rural y lo industrial como un organismo vivo, en constante adaptación a las necesidades de quienes lo habitan. Estudios de trabajo, residencias, club, huerta colectiva y espacios de experimentación conviven en un mismo enclave que apuesta por otra forma de producir y vivir la cultura.

Desde su origen, Pluto se define como un hub autogestionado por artistas, alejado de los circuitos convencionales y sostenido por una filosofía clara: crear desde la colectividad, desde la escucha y el cuidado, entendiendo el juego como motor creativo. Más que un contenedor de actividades, funciona como una infraestructura afectiva donde se cruzan disciplinas, generaciones y contextos, articulando programas de becas, residencias internacionales, programación cultural y colaboraciones con marcas e instituciones afines.

Un organismo en diálogo con su entorno
La ubicación de Pluto no es casual. Inserto en la huerta valenciana y rodeado de antiguas naves industriales, el espacio propone un diálogo constante entre territorio, arquitectura y prácticas contemporáneas. Este contexto híbrido permite repensar los modos de encuentro y experimentación, favoreciendo una relación más horizontal entre artistas y públicos. Aquí, la creación no se presenta como producto cerrado, sino como proceso compartido.

Esa vocación se materializa en una programación que cruza performance, música, artes visuales y pensamiento crítico. Un ejemplo fue Tensión, la propuesta curatorial presentada el pasado 4 de octubre dentro del Festival de Artes Escénicas Bucles. La noche transformó una nave industrial autogestionada en un espacio de mutación, donde cuerpo, sonido y electricidad se entrelazaron en un recorrido sin jerarquías entre escena y club.

La velada se articuló como una transición progresiva. Manuel Rodríguez abrió con Zero, una pieza de gesto mínimo y precisión quirúrgica que exploraba el cuerpo como residuo y reinicio. A continuación, Meritxell de Soto activó Ultra Femme Frequencies, diluyendo lo performativo y lo sonoro en un pulso ritual y electrónico que convirtió la pista en un espacio de trance y cuidado colectivo.

Del cuerpo al club, sin ruptura
El punto de inflexión llegó con Fitnesss, cuya performance sonora, entre techno mutante y corporeidad desbordada, borró las fronteras entre artista y público. El cierre, a cargo de Krystales (Kaechouchou), condensó toda la energía acumulada en un estallido de luz y sonido que selló la experiencia. Más allá de las piezas, Tensión evidenció el papel de espacios como Pluto en la reconfiguración de las prácticas escénicas contemporáneas, al desplazar la danza y la performance fuera de los marcos institucionales.

Esta misma lógica de cuidado, escucha y visibilidad atraviesa Mantiss, la nueva plataforma anual presentada el pasado 7 de febrero. Concebida como una cita que pone en el centro sensibilidades, cuerpos y prácticas que desbordan las normas de género, Mantiss hace explícita una línea de trabajo que en Pluto es estructural: la creación de espacios seguros y la atención al espectro femenino y disidente dentro de la escena cultural local.

La primera edición contó con el colectivo valenciano Brasas como agente programador principal, una plataforma que entiende la cultura como un territorio donde lo performativo y lo club conviven sin jerarquías. La jornada se abrió con Girl Employee, de Carmen Lael Hines y Morgane Billuart, una performance y podcast en vivo que abordó la dimensión política de la información desde una lectura materialista-feminista de las tecnologías.

Palabra, identidad y energía colectiva
Las intervenciones de Gabriella Nuru, con Cartas de amor y memoria, y de Triana Segovia junto a Eloy Gonzales desplazaron el foco hacia la palabra encarnada, la memoria y la relectura de la identidad artística. La segunda parte trasladó esa energía al club con propuestas que cruzaron diáspora, erotismo y ritmo compartido: Dybbukks, La Galgue, Miss Reales, DJ Natty y el universo visual de Calambr3d construyeron un ecosistema sonoro y audiovisual coherente con el discurso de la jornada.

Pluto se consolida así como un espacio de posibilidad, donde las disciplinas se contaminan y las comunidades se tejen desde la proximidad. Un proyecto que demuestra que otra forma de producir, mostrar y sostener la cultura no solo es necesaria, sino ya tangible en la huerta valenciana.
Fotos @_salvadorlorente