
PPAA ha liderado la recuperación del edificio que tiempo atrás albergó una librería y lo ha reconvertido en Lamartine, un sofisticado hotel que toma su nombre de la calle donde se ubica, en Polanco, Ciudad de México.
No se trata, digamos, de un coloso hotelero. Lamartine acumula en su propuesta diez habitaciones que sacan partido a un terreno pequeño con frente angosto, convertido en virtud en manos de PPAA. A causa de esa estrechez, el estudio, con un presupuesto aproximado de 1.630 € por m², se enfrentó a su principal desafío: asegurar la entrada generosa de luz natural. Al final, terminó decantándose por crear un tragaluz en la parte superior del establecimento que, aliado con la escalera, derrama la claridad hacia abajo.

Una segunda piel ideada por PPAA
PPAA también dispuso en la fachada, a modo de segunda piel, una malla metálica traslúcida que permite mirar hacia el exterior sin quedar expuesto. Desde el interior, la ciudad se deja ver; desde fuera, la intimidad de los huéspedes permanece a salvo. Como valor añadido, este velo ayuda a reducir el calor en los dormitorios que reciben más sol, convirtiéndose en un muy eficaz filtro térmico.





Relación con la calle y sostenibilidad
El nivel de calle, abierto y permeable, lo ocupan la firma local de cuidado personal Laguna Cyprien y Gramo, una cafetería de especialidad. En la parte posterior, el despacho sembró áreas verdes que atenúan la densidad urbana, acompañadas de un sistema de recolección de agua de lluvia que complementa el planteamiento sostenible de Lamartine.






Materiales de Lamartine y diseño interior
Respecto a los materiales, se eligieron acabados duraderos y sobrios, como mármol Santo Tomás en los pisos y muros con pasta texturizada. El diseño interior no fue realizado por los arquitectos de PPAA, sino por Aagnes, con sede en Guadalajara.
Aquí puedes ver los planos.