Isaac Loya, tercera generación del Real Balneario, toma definitivamente las riendas del restaurante, que este 2026 cumple 35 años desde su apertura.
Con un claro enfoque dirigido al producto, hoy su filosofía sigue prácticamente inalterada. No solo del producto se ha alimentado el Real Balneario. Tampoco de su privilegiada ubicación frente al mar Cantábrico, ni siquiera de su estrella Michelin, una de las primeras de la región. Si algo ha marcado una constante en su historia ha sido la sala, el arte de leer al cliente, la elegancia al retirar un plato, el dominio de las elaboraciones en mesa o la sabiduría al recomendar un buen vino.
Imágenes superiores: Isaac Loya y sashimi de salmonete con rábano picante.
Si hubo un precursor de la sala en Asturias y en España, ese fue el carismático Félix Loya, toda una institución. Y como el Real Balneario fue —y sigue siendo— un negocio familiar, no todos podían ser jefes de sala ni todos jefes de cocina. Por ello, cuando Isaac Loya, actual propietario del restaurante, se incorporó de lleno al negocio, lo hizo primero como camarero para luego dar el salto a los fogones.
“Aquí la carta se trabaja más que el menú degustación, no podemos prescindir de ella. Ahora queremos potenciar paralelamente el menú degustación. Otro espacio, otros códigos, pero bajo el paraguas del Real Balneario”, comenta Isaac Loya, que, a diferencia de sus homólogos michelinianos, mantiene la carta convencional.
Imágenes superiores: Virrey recién llegado.
Real Balneario tiene dos menús degustación: corto a 140€ y largo a 220€
El menú parte de una versión corta, La Peñona, a 140 euros, y otra larga, Isaac Loya, a 220. Aunque pueda parecer de precio elevado, el producto lo merece. En él degustamos meros, virrey, bogavante y otro sinfín de productos de lo mejor que da el Cantábrico.
El menú Isaac Loya comienza con una selección de aperitivos, entre los que encontramos un bocado de foie y garnacha a modo de bombón o el bocado de pitu caleya. Sin duda lo mejor de esta secuencia es la tosta de anchoas sobre escalivada de verduras. Más que una escalivada parece un escabeche, algo que favorece mucho a la anchoa en el conjunto.
Imágenes superiores: Lubina al champán.
Aunque el recetario de Isaac Loya se ha ido actualizando, hay elaboraciones que han sabido envejecer con dignidad. De su recetario personal destaca la lubina al champán, toda una referencia cuando se habla de la familia Loya, una lubina perfectamente cocinada en su punto, bañada con lo que parece ser una holandesa montada con un poco de champán o cava y gratinada a la salamandra.
A la lubina le sigue una vieira braseada, acompañada de una espuma de champiñones y unos toques de licuado de lechuga de mar. El sabor profundo del champiñón casa a la perfección con el dulzor marino de la vieira. De esa actualización de la que hablábamos anteriormente salen elaboraciones como el sashimi de salmonete con rábano picante.
Imágenes superiores: Mero con salsa manier
Los pescados Del Real Balneario destacan por su sabor y técnica
Sin necesidad de grandes salsas ni guarniciones que oculten su sabor, el bogavante del Cantábrico se expresa por sí mismo, al ser asado y acompañado de un jugo elaborado a partir de la esencia de sus propias cáscaras.
El virrey, también desprovisto de cualquier distracción a su sabor, se elabora confitado y se acompaña de una tomatada que redondea el sabor.
Para finalizar la secuencia marina, el mero se acompaña, esta vez sí, pero con sentido, de una salsa meunière realizada de manera canónica, en la que Loya vuelve a demostrar su maestría con las salsas clásicas de la cocina francesa. La carne, que por lógica y relato no aparece apenas en este menú, se resuelve con un solomillo de ternera lechal asturiana acompañado de pak choy glaseado.
Imágenes superiores: Elaboración de erizo y mejillones.
Aunque es difícil situar los postres al nivel de la categoría de sus pescados, tanto el flan de queso Lazana como el cremoso de tocinillo están muy bien resueltos.
Imágenes superiores: Flan de queso Lazana.
El Real Balneario, enclavado en un edificio de 1916, no ha contado todo lo que tenía que contar. Aún le queda recorrido y este menú degustación es una prueba de ello. No solo destaca por su enfoque dirigido al producto del mar, sino también por su técnica y por un sabor en el que no predominan picos, lo que se convierte en una fortaleza y no como un defecto. Todo sabe a lo que tiene que saber, y eso hoy es un plus.
Imágenes superiores: Vistas Del Real Balneario.
Sin duda, existe una especie de acuerdo tácito cuando se come a pie de playa. Se da por hecho que se va a comer un pescado recién capturado, algo que no siempre ocurre, por no decir en la mayoría de los casos. En el Real Balneario este compromiso es evidente y sólido. Todo ello, unido a un equipo de sala de formación clásica y elegante, hace que este restaurante deba figurar entre la categoría de establecimientos en peligro de extinción.
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Real Balneario de Salinas
Avenida Juan Sitges, 3
Salinas, Asturias
Precio medio: 120€ a la carta, menú degustación 150-220
Tel.: 985 51 86 13
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