La Casa del Pirata que Raúl Sánchez reforma con pulcritud

Ubicada en Mataró, La Casa del Pirata, antaño hogar de un histórico e intimidante personaje navegante, ha sido objeto de una respetuosa transformación finalizada en 2025 y capitaneada por el estudio de arquitectura Raúl Sánchez.

La Casa del Pirata fue propiedad de Antoni Cuyàs, mataronense que en 1820 emprendió rumbo a Argentina con escasa formación náutica y acabó siendo “el corsario más temido por los barcos brasileños”. Tras hacer fortuna y tratar con las élites políticas, regresó a su ciudad en 1865, compró dos viviendas en la Rambla y las fusionó en esta residencia inspirada en los palacios que había frecuentado en América. La morada pasó de generación en generación hasta Manuel Cuyàs, su tataranieto, quien en 2023 decidió que había llegado el momento actualizarla de la mano de Raúl Sánchez.

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Una casa fuera de su tiempo

Los espacios parecían anclados en un pasado desvirtuado. No uno conservado con dignidad, sino deteriorado, alterado y poco funcional para la cotidianeidad. Una circunstancia nada compatible con las necesidades de Manuel Cuyàs y Nuria, su mujer –argentina, curiosamente–, ambos con actividad profesional en el inmueble: él, diseñador; ella, editora.

Tres espacios de La Casa del Pirata para reformar

Encargaron a Raúl Sánchez la intervención en los tres ámbitos que aún conservaban vestigios –el vestíbulo, el comedor y la llamada sala del pirata, además catalogada por patrimonio–. Los objetivos, en ningún caso enrevesados, consistían en convertir la sala del pirata en un lugar híbrido de salón y trabajo, reservar el comedor exclusivamente para la mesa y sus placeres, y devolver al vestíbulo su lógica de uso. Todo acompañado de la voluntad de recuperar parte de la antigua fastuosidad y magnificencia que distinguieron en sus albores a La Casa del Pirata.

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La importancia del zócalo en la sala del pirata

La actuación principal de la obra tuvo lugar en la sala del pirata. Allí se instaló un gran zócalo perimetral de acero inoxidable, pieza continua que recorre toda la estancia. Un material “indispensable para el pirata”, según apuntan desde Raúl Sánchez, con múltiples funciones, como la de aglutinar zonas de trabajo, sitio para el sofá y armarios.

Por encima de este, la oficina puso la memoria en orden con papeles pintados primigenios, pinturas familiares y un techo policromado que, por fin libre de cables, vuelve a lucirse. Por debajo, se rehabilitó el suelo original de barro, muy deteriorado, mediante un proceso de consolidación con resina que detiene su progresiva desintegración. Raúl Sánchez eliminó las baldosas perimetrales que ocultaban las instalaciones tras el zócalo metálico y remató el contorno con micromortero flexible, preparado para adaptarse a los movimientos de una estructura antigua.

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Restaurar sin borrar, el objetivo de Raúl Sánchez

También destaca en la sala la reinterpretación del cara a cara entre el retrato del corsario con su espada y el espejo que originalmente lo enfrentaba. El primero permaneció inalterado; el segundo, en cambio, fue sustituido por un gran mueble espejado que alberga en su interior una estructura de madera lacada amarilla brillante con la televisión incorporada, color que reaparece en la mesa de centro diseñada a medida. A fin de cuentas, no deja de ser un movimiento más en una remodelación que, de principio a fin, se resiste a “inyectar bótox” a La Casa del Pirata, tal y como subraya el despacho responsable.

Comedor y vestíbulo: depurar y definir

Para el comedor, Raúl Sánchez eligió un nuevo pavimento de roble oscuro, en afinidad con el arrimadero original, y mantuvo el remate de baldosas verdes, igualmente de época. Por otro lado, el vestíbulo lo resolvió desde la depuración: fuera añadidos, fuera cables a la vista. Liberado este rincón, los colores intensos y densos de las paredes y los suelos restituyen a La Casa del Pirata la extraordinaria personalidad que el tiempo había ido desdibujando.

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Raúl Sánchez.

Máxima atención al detalle

Con apenas 100 m², el proyecto hizo justo lo contrario de lo esperable: se agrandó en el detalle. Todo importaba. Los encuentros en acero inoxidable, los pomos de piedra incrustados, la chimenea que se alinea con las baldosas triangulares, la luz que bordea el techo policromado o la estantería que acoge una extensa colección de libros. También la disposición del arte, la selección de cada mecanismo o tejido, o la presencia de la mesa lacada de Carlo Scarpa. La climatización, por último, casi desaparece: está, naturalmente, pero no se aprecia en absoluto.

Aquí puedes ver los planos de La Casa del Pirata.

Ficha ténica

Arquitectura: Raúl Sánchez
Equipo: Nerea Moya, Marta Gámiz, Flavia Thalisa Gütermann
Proyecto: 2024
Obra: febrero – octubre 2025
Ubicación: Mataró, Barcelona (Cataluña)
Cliente: Antoni Cuyàs y Nuria, su mujer
Superficie construida: 100 m²
Presupuesto (PEC): <130.000 €
Fotografía: José Hevia
Trabajos en metal: Metal Ware
Mobiliario comedor: Orseolo Table (Carlo Scarpa para Cassina), sillas CAB 413 (Mario Bellini para Cassina)
Mobiliario sala: Aluminium Chair (Charles y Ray Eames para Vitra), mesa lacada amarilla diseñada por Raúl Sánchez