
La 61ª Bienal de Venecia de Arte 2026, abierta hasta el 22 de noviembre, reúne 100 participaciones nacionales distribuidas entre 29 pabellones en los Giardini, 25 en el Arsenale y 46 en distintos puntos de la ciudad.
La 61ª Bienal de Venecia marca un evidente cambio de paradigma, una edición atravesada por dimisiones, tensiones institucionales y conflictos geopolíticos. Días antes de la apertura, el jurado internacional renunció en bloque y los premios anuales fueron cancelados, tanto para mejor pabellón como mejor artista. Mientras que el viernes de la vista previa una huelga y manifestación en apoyo a Gaza y contra la participación de Israel y Rusia recorrió la Bienal.
Imagen de portada: Pabellón de España de Oriol Fontdevila, comisariado por Carles Guerra
Pabellón de India
En medio de este clima de desgaste institucional y polarización política, destacamos algunos pabellones nacionales de la 61ª Bienal de Venecia que, desde lenguajes y sensibilidades y procedencia muy distintas, trazan algunas de las propuestas más sólidas de esta edición. La edición de 2026 amplía significativamente la presencia de países africanos y de nuevas participaciones nacionales. La performance emerge como lenguaje dominante en los pabellones de Bélgica, Holanda, Japón, Corea del Sur y Austria, con sus colas interminables para ver las performance de Florentina Holzinger.
Pabellón de Japón
La 61ª Bienal de Venecia, pabellones en los Giardini
España
El pabellón de España presenta Los restos del artista Oriol Vilanova, una propuesta que convierte el espacio en una vasta arquitectura de acumulación donde el archivo se activa como materia inestable. La entrada no organiza una lectura lineal, sino que introduce al visitante en un sistema de proliferación visual donde miles de postales y materiales encontrados funcionan como unidades mínimas de memoria. El gesto curatorial evita toda jerarquía: lo histórico y lo banal comparten el mismo régimen de visibilidad, produciendo una deriva constante entre documentación y exceso. El recorrido no se estructura como narrativa sino como acumulación progresiva, donde la repetición genera un efecto de desorientación controlada. En este marco, el pabellón no representa una identidad nacional sino que la disuelve en un campo expandido de imágenes sin centro.

Grecia
En el pabellón de Grecia, Andreas Angelidakis, transforma el espacio en Escape Room, una instalación escultórica inmersiva que reinterpreta el edificio como una “caverna platónica” contemporánea en la era de la posverdad. A través de fragmentos de historia política griega y europea del siglo XX, el proyecto explora cómo el nacionalismo y la identidad se construyen como ficciones narrativas. El pabellón propone la verdad no como esencia fija, sino como una puesta en escena inestable, donde la historia se convierte en herramienta crítica de desmontaje.

Japón
En el pabellón de Japón, Ei Arakawa-Nash presenta Grass Babies, Moon Babies, una instalación tan absurda como precisa que mezcla performance, escultura (cientos de muñecos-bebé) y coreografía colectiva. La instalación invita a los visitantes a tomar y cuidar muñecos-bebé con el peso real de un niño de cuatro meses, dispersos entre jardines, estructuras y proyecciones. Entre el humor absurdo y la performance colectiva, la propuesta convierte el acto público de cuidar en una reflexión inesperadamente vulnerable sobre atención, responsabilidad y proyección emocional. Lejos de la solemnidad de muchos pabellones de esta edición, Arakawa-Nash introduce una energía caótica y profundamente lúdica que transforma el recorrido en una experiencia imprevisible. El resultado es uno de los pabellones más vivos y desacomplejados de la Bienal.

Dinamarca
Una de las artistas más joven de la bienal, Maja Malou Lyse aborda la crisis contemporánea de la fertilidad masculina en diálogo con la cultura digital, la “manosphere” y la pornografía online en Things to Come, curada por Chus Martínez. La instalación construye un paisaje crítico y satírico donde, por un lado, contenedores de transporte de semen funcionan como soporte para pequeñas pantallas que muestran “carreras de esperma” protagonizadas por jóvenes que exhiben su masculinidad. En el extremo opuesto, actrices de cine para adultos vestidas con microbikinis encarnan científicas de ficción que estudian las tasas de fertilidad. El pabellón articula así una lectura ácida de las relaciones contemporáneas entre género, deseo y tecnología.

Alemania
En el pabellón alemán, Henrike Naumann y Sung Tieu presentan Ruin, una propuesta atravesada por la memoria política y doméstica de la Alemania del Este. Fallecida inesperadamente en febrero, Naumann dejó finalizada The Home Front(2026), instalación central del pabellón que consiste en un denso paisaje de objetos, mobiliario, armas ornamentales y elementos cotidianos desplegados sobre paredes verde neón. Dos escenas domésticas enfrentadas —una habitada por muebles y otra por figuras obreras aplanadas— convierten el espacio en una reflexión sobre cómo los restos del pasado soviético continúan infiltrándose en la vida cotidiana contemporánea.

La intervención de Tieu comienza ya en el exterior, donde un mosaico recubre casi por completo la fachada del edificio y oculta el histórico rótulo “Germania”. Inspirada en los bloques prefabricados de Berlín Este donde crecieron muchos trabajadores vietnamitas, la pieza transforma el pabellón en una arquitectura marcada por capas de desplazamiento, violencia y memoria migrante. Más que ilustrar la historia alemana, Ruin consigue activar sus fracturas aún abiertas.

La 61ª Bienal de Venecia, pabellones en Arsenale
Arabia Saudí
En el pabellón de Arabia Saudí, Dana Awartani transforma el espacio en un paisaje arqueológico de mosaicos de arcilla inspirado en hammams y suelos de mezquitas destruidos en Siria, Palestina y Líbano. Comisariada por Antonia Carver, la instalación —realizada junto a 32 artesanos saudíes y compuesta por más de 29.000 ladrillos hechos a mano— convierte la fragilidad material en una reflexión sobre memoria, pérdida y violencia. A medida que el visitante recorre las superficies agrietadas, el pabellón desplaza la mirada arqueológica hacia una experiencia física y profundamente emocional.

Marruecos
En el pabellón de Marruecos, Amina Agueznay presenta Asǝṭṭa (2026), una gran instalación textil realizada junto a 166 artesanos marroquíes que reivindica el tejido como espacio colectivo de memoria y transmisión cultural. Paneles bordados, fibras, vidrio y estructuras suspendidas envuelven el espacio combinando patrones tradicionales amazigh con referencias a Venecia, sus canales y sus rutas comerciales. Más que una celebración artesanal, el pabellón propone una lectura contemporánea de las tradiciones textiles como formas vivas capaces de transformarse mediante colaboración y experimentación.
China
En el tramo final del Arsenale, Zhang Zhoujie participa junto a otros artistas chinos en una sección dedicada a las relaciones entre arte e inteligencia artificial. Entre robots calígrafos, paisajes escultóricos y mitología convertida en videojuego, destacan especialmente sus “digital chairs”, una serie de asientos futuristas instalados sobre una superficie de césped artificial dentro de un espacio oscuro atravesado por una columna de luz. Frente al tono melancólico predominante en In Minor Keys, la propuesta introduce una energía más especulativa y tecnológica, imaginando nuevas formas de convivencia entre cuerpo, diseño e inteligencia artificial.

India
El pabellón de India, Geographies of Distance: remembering home, reúne a cinco artistas que trabajan con materiales vinculados a la artesanía tradicional para explorar la idea de hogar como estructura frágil y en transformación. Sumakshi Singh reconstruye en hilo la casa familiar demolida en Nueva Delhi, convirtiéndola en una arquitectura fantasmática atravesable, mientras Asim Waqif despliega una gran estructura de bambú en estado de construcción continua. El conjunto activa una memoria material y sensorial del hogar como algo inestable y en permanente reconstrucción.

Perú
Sara Flores presenta una obra basada en el kené, el lenguaje visual ancestral del pueblo Shipibo-Konibo de la Amazonía peruana, entendido como sistema de conocimiento, espiritualidad y relación con el territorio. Sus pinturas sobre algodón funcionan como “portales” entre saberes ancestrales y futuros sostenibles, articulando una visión donde lo humano y lo no humano están profundamente interconectados. Más que estética, su trabajo activa una dimensión política y ecológica que reivindica formas relacionales de soberanía y resistencia.


La 61ª Bienal de Venecia, pabellones dispersos por la ciudad
Gaza – No Words – See the exhibit
La muestra sobre la destrucción de Gaza está organizada por el Palestine Museum US en Palazzo Mora. El proyecto Gaza Genocide Tapestry reúne a mujeres palestinas de Gaza, Ramallah, campos de refugiados en Líbano y la diáspora para bordar colectivamente 100 paneles que registran la destrucción y las pérdidas en Gaza desde 2023–2025. A través del tatreez, técnica tradicional de bordado palestino reconocida por la UNESCO, la obra transforma un lenguaje ornamental ligado a la vida cotidiana en un archivo visual de violencia, duelo y memoria colectiva. El proyecto se inscribe como continuación del Palestine History Tapestry y funciona como testimonio material frente al borrado de la experiencia palestina. La presentación se completa con un vídeo de Forensic Architecture, que aporta una lectura forense de la devastación, reforzando la dimensión documental y probatoria del conjunto.
Gabrielle Goliath, Elegy, Sudafrica de forma independiente
La artista sudafricana Gabrielle Goliath presentó Elegy (2019-actualidad) de forma independiente en la iglesia de Sant’Antonin tras ser excluida oficialmente por el gobierno sudafricano, que calificó la obra —un homenaje a la poeta palestina Hiba Abu Nada, fallecida en un ataque aéreo israelí en octubre de 2023— de “divisiva”. Concebida como un ritual de duelo por mujeres víctimas de violencia racial y sexual, la pieza despliega una secuencia hipnótica de cantantes líricas sosteniendo una única nota hasta el agotamiento de la voz. Más que una performance, Elegy funciona como un espacio suspendido de respiración, duelo y resistencia colectiva.

Taiwan
Taiwan presenta Screen Melancholy del artista Li Yi-Fan y curada por Raphael Fonseca. Screen Melancholy destaca cómo su traducción entre portugués, inglés y mandarín abre múltiples capas de interpretación. El concepto de “pantalla” se entiende tanto como el dispositivo contemporáneo —ordenadores, móviles, superficies digitales— como parte de una genealogía más amplia que incluye la televisión, el cine, la fotografía y la pintura, desde la metáfora renacentista de la “ventana” de Leon Battista Alberti. En conjunto, el proyecto sitúa la obra de Li Yi-Fan dentro de una historia expandida de la imagen mediada y sus formas de percepción.
Bulgaria
El pabellón de Bulgaria imagina un laboratorio ficticio, The Federation of Minor Practices, que propone una política post-soberana basada en el cuidado y la atención colectiva. A través de cuatro películas de Gery Georgieva, Veneta Androva, Rayna Teneva y Maria Nalbantova, el espacio combina desinformación, ecología y trabajo en un entorno interactivo que funciona como un videojuego colectivo en la Sala Tiziano del Centro Culturale Don Orione Artigianelli.
Kirguistán
El pabellón de Kirguistán, presenta el artista Alexey Morosov. Explora la identidad contemporánea del país a través de memoria, mito y tradición material. Bajo el concepto de belek (“regalo”), la exposición aborda la relación entre territorio, cultura y el agua como recurso esencial en Asia Central. El proyecto se articula en torno a referencias culturales como el deporte ecuestre kok-börü y la recitación del épico Manas, que funciona como relato oral fundacional. En conjunto, el pabellón situado en la Ex Chiesa di Santa Caterina, Convitto Foscarini propone una inmersión en una identidad construida entre lo ancestral y lo contemporáneo, donde paisaje, mito y transmisión oral definen la pertenencia.
Pabellón lleno de estrellas, el Vaticano
El pabellón del Vaticano construye un espacio sonoro y coral, donde múltiples voces generan una arquitectura auditiva más que visual. Titulado The Ear is the Eye of the Soul, reúne a 24 artistas y músicos —entre ellos Brian Eno, FKA twigs, Patti Smith, Jim Jarmusch, Precious Okoyomon o Otobong Nkanga— en una propuesta concebida por Hans Ulrich Obrist y Ben Vickerscomo una “plegaria sonora” en diálogo con In Minor Keys. Inspirada en la figura de Santa Hildegarda de Bingen, la exposición se despliega entre el Giardino Mistico de las Carmelitas Descalzas y el complejo de Santa Maria Ausiliatrice, transformados en espacios de escucha, contemplación y archivo.
En los jardines, composiciones sonoras creadas específicamente para la Bienal acompañan el recorrido entre huertos y pérgolas históricas mediante auriculares, mientras que Soundwalk Collective activa un instrumento site-specific que “escucha” el propio paisaje vegetal. En paralelo, el espacio interior funciona como un scriptorium contemporáneo donde conviven instalaciones, libros, películas y textos vinculados a la memoria espiritual y la experimentación sonora. Más que un pabellón expositivo, la propuesta opera como un refugio de silencio y percepción lenta dentro del ruido constante de la Bienal.


Todas las imágenes cortesía de la Biennale di Venezia.
Continuar con la bienal, exposición central In Minor keys aquí.
La 61ª Bienal de Venecia se puede visitar hasta el 22 de noviembre, toda la info aquí.