Hormigón habitado en un local en Campoamor de BarrioBohrer

BarrioBohrer ha diseñado este nuevo restaurante especializado en gastronomía japonesa, ubicado en la calle Campoamor en el barrio madrileño de Justicia. Un espacio de 220 m² que se transforma con el paso de las horas.

El establecimiento de la calle Campoamor opera como cafetería durante la mañana, comedor a mediodía y, llegada la noche, como un espacio en el que música y ocio se disfrutan con plenitud. Lo proyectó BarrioBohrer, estudio de arquitectura más preocupado en construir experiencias que en crear lugares bonitos y fácilmente olvidables. Para evitar esa peligrosa indiferencia, concedió máxima importancia al tránsito, a la luz y a la percepción cambiante del establecimiento hostelero a medida que el visitante avanza por él.

Hormigón habitado en un local en Campoamor de BarrioBohrer

Una planta compleja convertida en recorrido

La planta del local no se lo puso nada fácil al despacho fundado por Antonio del Barrio (1992, Madrid) y Leonardo Bohrer (1992, Guayaquil). Era, y sigue siendo, alargada y estrecha, con la dificultad añadida de contar con una serie de muros estructurales que condicionan toda la organización interior. Se habla en presente porque, aunque en muchos proyectos esas limitantes paredes habrían sido ocultadas o de inmediato elimina das, BarrioBohrer procedió de forma radicalmente contraria a lo esperable. No las derribó; priorizó su aprovechamiento para repartir el recorrido en diferentes ambientes contiguos e interconectados. Solo las dependencias de servicio, cocina y cabinas de aseo, en este caso, requirieron compartimentación.

Hormigón habitado en un local en Campoamor de BarrioBohrer

Por tanto, el comensal no descubre la casa de comidas nipona de una sola vez, sino por ‘capítulos’, ámbitos de homogénea escala, todos de tres metros de altura a excepción del último, que alcanza los cinco. Primero se topa con un rincón para desayunar plácidamente; a continuación, accede a una zona intermedia de recepción y baños; después llega a la sala principal, compuesta de barra de sushi, área lounge y mostrador de bebidas, y, finalmente, termina en una zona tipo club pensada para eventos, encuentros y largas noches al ritmo de los temas que el DJ selecciona desde su cabina.

El hormigón como materia y estructura

Este proyecto, ejecutado con un presupuesto aproximado de 1.100 € por m2, resultaría inconcebible sin la imperante presencia del hormigón. El suelo, las barras, los bancos, las mesas y algún que otro lavamanos fueron elaborados directamente in situ con este resistente y versátil material. BarrioBohrer, que trabajó codo con codo con un proveedor externo del adquirente, dio la espalda a piezas de mobiliario independientes y apostó con convicción por soluciones monolíticas, inseparables de la arquitectura y que ayudan a organizar la distribución, razón por la cual Del Barrio y Bohrer prefieren referirse a “volúmenes” antes que a mobiliario. “Son piezas casi abstractas, que funcionan por posición, escala y materialidad”, apuntan.

Hormigón habitado en un local en Campoamor de BarrioBohrer

La técnica al servicio de la forma del local en Campoamor

Materializar estas formas llevó consigo un enorme desafío técnico. La dificultad se concentró en el diseño y fabricación de los encofrados, especialmente en las formas más peculiares, obligadas a compatibilizar ambición formal, eficiencia y viabilidad. Las superficies de hormigón permanecen desnudas y pulidas para exhibir su áspera textura y permitir que el paso de los años, con su inevitable desgaste, deje su huella sobre cada superficie del restaurante. La aplicación de azul antracita sobre paredes e instalaciones genera un fondo oscuro y uniforme que camufla imperfecciones, disimula el entramado de conductos y cables y, por encima de cualquier otra consideración, hace destacar todavía más las masas minerales. Para aportar calidez y quitarle algo de solemnidad a tanta austeridad, BarrioBohrer recurrió a la madera de nogal, repartida en otras piezas del restaurante.

La iluminación como herramienta espacial

La iluminación, resuelta mediante sistemas de Wästberg y XAL, acompaña discretamente la atmósfera del lugar. El estudio la utilizó sin la menor intención decorativa, sino para potenciar cualidades inherentes al local como profundidad, relieve y densidad. “La arquitectura no aparece en los planos, aparece cuando la luz toca el material”, señala BarrioBohrer.

Hormigón habitado en un local en Campoamor de BarrioBohrer

Trabajar con lo que ya existe

“Nunca partimos de cero. Siempre hay algo previo que nos interesa conservar, reinterpretar o incluso tensionar”, explica el equipo de la oficina, que afrontó el encargo desde una privilegiada libertad creativa. Ya descubierta esa filosofía, no sorprendeen absoluto que los autores preservasen una pequeña parte de la instalación básica de climatización y determinadas preexistencias eléctricas del inmueble, vacío y abandonado durante años antes de convertirse en lo que es hoy.

Respecto a esa infraestructura ambiental, BarrioBohrer no quiso ocultarla, pero tampoco realzarla. Tanto el aire acondicionado como el recuperador entálpico se integraron con esa discreción tan inteligentemente buscada que deja el protagonismo en manos de los demás elementos previamente mencionados, y no de los sistemas.

Hormigón habitado en un local en Campoamor de BarrioBohrer

Entre Barragán y la cultura pop

Cabe resaltar que hay algo en la relación entre color, luz y planos que conecta de lleno con ciertas corrientes de la arquitectura mexicana. BarrioBohrer, de hecho, reconoce como dos de sus fundamentales referentes a Luis Barragán o Ricardo Legorreta, maestros en producir emoción a partir de muy pocos recursos. Los artífices de este proyecto también encontraron inspiración en las tendencias culturales actuales, reflejadas en una imagen, una narrativa y una identidad cuidadas hasta el más mínimo de los detalles. Mencionan a Rosalía y Lux, el cuarto álbum de la cantante, como ejemplo de una propuesta que monta y produce un universo tan poderoso como el propio contenido. “Hay algo interesante en cómo hoy lo cotidiano se escenifica, se ritualiza. Nos interesa esa idea trasladada al espacio: que entrar en un lugar no sea neutro”, comentan.

Cinco meses para hacerlo posible

La obra se completó en aproximadamente cinco meses, un margen desde luego ajustado que, de acuerdo a lo que nos dicen sus responsables, confirma que “en restauración, el tiempo no es solo una variable: es un condicionante estructural”. “Más allá de la complejidad técnica, uno de los mayores retos es equilibrar operación, experiencia y tiempo de ejecución”, nos agregan. Al fin y al cabo, se trata de entornos llamados a funcionar a pleno rendimiento desde el primer día, con una presión que obliga a proyectar desde la certeza y la coherencia, y apenas tolera ocurrencias de última hora.

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Antonio del Barrio y Leonardo Bohrer.

Sobre BarrioBohrer

BarrioBohrer, estudio madrileño fundado en 2017 por Antonio del Barrio y Leonardo Bohrer, desarrolla una arquitectura donde la forma nunca es un fin, sino la consecuencia de una serie de decisiones ligadas al recorrido, la materia y la escala. Su actividad abarca proyectos residenciales, intervenciones de rehabilitación y diseño interior, siempre desde una mirada atenta a la funcionalidad y a la correcta elección de los materiales.

Aquí puedes ver los planos de la ejecución de objetos.

Ficha técnica

Proyecto: Campoamor Restaurant.
Diseño: BarrioBohrer.
Superficie: 220 m²
Coste aproximado por m²:  1.100€
Dirección: calle Campoamor 3, Madrid.
Tipología: restaurante.
Fotografías: Gregori Civera.