Zetak convierte San Mamés en un ritual colectivo: sold out, retraso y una noche que reescribe el estadio
San Mamés volvió a dejar de ser estadio para convertirse en escenario. Y esta vez no de fútbol, sino de algo mucho más difícil de encajar en una definición única: un espectáculo total firmado por Zetak que agotó entradas. Retrasó el inicio de la función y terminó transformando Bilbao en una especie de ceremonia colectiva en euskera.

La espera ya formaba parte del guion. El concierto arrancó con casi una hora de retraso. Mientras el público llenaba cada rincón del estadio con una mezcla de expectación y ansiedad. Cuando las luces por fin bajaron, la sensación era clara. Lo que iba a ocurrir no era un concierto al uso, sino un despliegue de gran formato pensado para ocupar San Mamés de arriba abajo.

Desde el inicio con Deskontrola y Su, Zetak dejó claro el enfoque del show: electrónica, narrativa y una estructura casi teatral que no se detiene. El setlist fue creciendo en intensidad con temas como Zoriontasuna, Errepidean o Argitan, en un recorrido donde cada canción no solo sonaba, sino que construía una escena dentro del estadio.

Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó con la aparición de Grison. Que aportó su beatbox en un punto del espectáculo que rompió la estructura habitual del concierto y empujó la energía hacia algo más cercano a la improvisación controlada. El estadio respondió con una ovación inmediata, como si reconociera que aquello no estaba dentro de lo esperado.
Zetak (@zetak_org)
Pero si hubo algo que marcó la noche fue el carácter colectivo del espectáculo. En uno de los momentos más simbólicos, dos futbolistas vinculados al Athletic Club subieron al escenario junto a la banda vasca, que años atrás había sido vetada en ese mismo entorno. Una imagen que cerraba un círculo cargado de significado y que el público entendió al instante, celebrándolo con una ovación.
El repertorio siguió avanzando con canciones que todo el mundo conocía. Sonaron Hegan, Zu y Nirekin topatu naiz, antes de desembocar en uno de los tramos más intensos del concierto. Allí, Zetak enlazó Beti da garaiz, Akelarretan y otros momentos de su universo sonoro más electrónico y ritual. Todo ello acompañado por un imponente despliegue visual que transformó el césped en un escenario casi cinematográfico.

El fervor del público fue constante. No hubo zonas frías ni pausas reales. San Mamés entero cantó, saltó y respondió a cada cambio de ritmo como si se tratara de una sola entidad. El euskera, lejos de ser una barrera, funcionó como pegamento emocional de una audiencia entregada desde el primer minuto.
Uno de los momentos más impactantes de la noche llegó cuando el estadio se detuvo por completo para dar paso a una imagen cargada de memoria colectiva. Sobre el escenario aparecieron José Ángel Iribar e Inaxio Kortabarria, recreando la histórica escena de 1976 en la que ambos capitanes portaron la ikurriña cuando todavía era una bandera ilegal.

Décadas después, el gesto volvió a repetirse en el mismo entorno. Convertido ahora en símbolo de identidad cultural y celebración, desatando una de las ovaciones más intensas del concierto. La aparición no fue un gesto aislado… forma parte del universo de Mitoaroa III. Zetak utiliza la narrativa histórica y emocional como eje del espectáculo. En ese mismo bloque también participaron figuras del imaginario cultural vasco y deportistas vinculados al Athletic. Reforzando así la sensación de que el estadio se estaba fundiendo con su propia memoria.

El cierre con Aralarko dama, Hileta Kantu Nafarra y el tramo final del espectáculo confirmó lo que ya se intuía desde el inicio: Zetak no solo está llenando estadios, está redefiniendo cómo puede sonar y sentirse un directo de gran formato en euskera.
Cuando las luces se encendieron, San Mamés ya no era el mismo. Ni tampoco el público. Durante unas horas, el estadio había dejado de ser un campo de fútbol para convertirse en el epicentro de un ritual musical masivo…. Que difícilmente encaja en la categoría de concierto convencional.

Zetak construyó una distopía musical de gran formato cuyo mensaje apuntaba a cómo el arte, la libertad, la sensibilidad y la creatividad se abren paso en un futuro tecno-futurista en el que ya estamos metidos de lleno. El espectáculo planteaba un universo escénico donde la idea de control, identidad y resistencia se filtraba entre estructuras visuales.
Más allá de lecturas e interpretaciones, lo que queda es la evidencia de un proyecto que empuja al euskera hacia un territorio pop capaz de llenar estadios. También le permite dialogar con grandes formatos internacionales. Es una propuesta que puede generar debate. Pero confirma que las lenguas minoritarias también pueden ocupar el centro del espectáculo global sin renunciar a su identidad.

Tras hacer historia con dos San Mamés consecutivos completamente llenos, Zetak ha confirmado el extraordinario momento que atraviesa. Cerca de 80.000 personas asistieron a ambos conciertos. Ahora, la banda llevará su nuevo espectáculo al Buesa Arena de Vitoria-Gasteiz los días 16, 22 y 23 de enero de 2027.
La respuesta del público ha vuelto a ser inmediata. Las entradas para los conciertos del 22 y 23 de enero ya están agotadas. La fecha del 16 de enero es la única que todavía mantiene localidades disponibles. Zetak continúa encadenando sold out y consolidándose como uno de los grandes fenómenos de la música estatal.
