
Sus Hijos, de Pablo Trapero, es un drama familiar con humor negro sobre secretos, legado y reconciliación, protagonizado por Bill Nighy. Llegará a los cines el 18 de septiembre.
Con Sus Hijos, Pablo Trapero cambia Buenos Aires por Londres y el español por el inglés, pero conserva intacta su mirada sobre las relaciones humanas. Entre el drama familiar, el humor negro y una inesperada deriva surrealista, el director argentino enfrenta a un escritor moribundo con las decisiones que marcaron su vida y con unos hijos que quizá conozcan demasiado bien sus defectos.
Andrew Dyer es un escritor de fama mundial que lleva casi veinte años sin escribir, sin salir de casa y sin hablar con sus hijos mayores, Richard y Jamie, ni con su exmujer, Isabel. La razón tiene nombre propio: Andy, el hijo pequeño, fruto de una relación extramatrimonial que alteró para siempre el equilibrio familiar. Pero cuando un viejo amigo muere y su alcoholismo se agrava, Andrew empieza a sospechar que su propio final puede estar cerca. Decide entonces reunir a sus dos hijos mayores. Lo que les contará, sin embargo, está bastante lejos de la clásica conversación de reconciliación.

A veces, poner en orden una vida significa descubrir que nunca estuvo demasiado ordenada.
La premisa de Sus Hijos parte de la novela El Extravagante Señor Dyer, de David Gilbert, considerada uno de los libros destacados de 2013. El guion corre a cargo de la oscarizada Sarah Polley y del propio Trapero, una colaboración que recibió el Premio Astor Piazzolla al Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La adaptación conserva el núcleo familiar de la novela, pero lo convierte en un territorio cinematográfico donde lo cotidiano puede adquirir, de repente, proporciones absurdas.

Trapero afronta además un cambio importante en su trayectoria. Por primera vez dirige íntegramente en inglés y abandona los escenarios argentinos que han acompañado buena parte de su filmografía para instalarse en Londres. También cambia buena parte de sus habituales colaboradores interpretativos por un reparto internacional encabezado por Bill Nighy como Andrew Dyer e Imelda Staunton como Isabel. George MacKay, Johnny Flynn, Noah Jupe y Dominic West completan una familia en la que cada conversación parece tener una cuenta pendiente escondida debajo de la alfombra.

Cambian el idioma y el paisaje; la obsesión de Trapero por las relaciones humanas permanece.
Porque Sus Hijos no es únicamente una película sobre un escritor que se acerca al final de su vida. Es, sobre todo, una película sobre el legado. Andrew ha conseguido el éxito profesional, pero ahora debe enfrentarse a una pregunta bastante menos cómoda: ¿qué queda de una persona cuando desaparecen los premios, los libros y la reputación? Su preocupación por aquello que dejará atrás le obliga a revisar no solo su carrera, sino también la forma en que ha amado, ejercido de padre y tomado decisiones.

En ese sentido, la película se mueve por terrenos muy reconocibles. La familia funciona aquí como una pequeña institución llena de normas no escritas, agravios históricos y afectos que nadie sabe gestionar correctamente. Richard y Jamie cargan con años de silencio, mientras Andy representa la consecuencia más visible de las decisiones de su padre. Isabel, por su parte, pertenece a ese territorio sentimental en el que amor, decepción y memoria pueden convivir sin ponerse de acuerdo.

El resultado es un drama familiar con humor negro y una cierta inclinación hacia lo insólito. Trapero no parece interesado en presentar a sus personajes como víctimas o culpables perfectamente delimitados. Más bien los observa en ese incómodo espacio intermedio donde todos tienen razones, todos han cometido errores y nadie dispone de la versión definitiva de la historia.

En la familia Dyer, cada secreto tiene una factura pendiente.
Esta dimensión explica también la continuidad de Sus Hijos con el cine anterior de Trapero. Desde Mundo Grúa hasta El Clan, pasando por Leonera, Carancho o Elefante Blanco, el director argentino ha mostrado interés por individuos atrapados en estructuras que condicionan sus decisiones. Aquí esa estructura ya no es necesariamente social, económica o institucional: es la propia familia.

La película se estrenó mundialmente en el Festival Internacional de Cine de Toronto y pasó posteriormente por el Festival de Cine de Londres. Para Trapero supone, además, una nueva etapa internacional después de trabajos como ZeroZeroZero y Echo 3. El salto lingüístico podría haber convertido la película en un ejercicio de extranjería cinematográfica, pero el material parece permitirle conservar algo más importante que un idioma: su particular sentido de la intimidad y de la ironía.

Y quizá ahí esté la clave de Sus Hijos. Andrew quiere arreglar las cosas antes de morir, pero la película plantea una duda bastante más interesante: ¿es posible reparar una familia cuando todos sus miembros llevan años construyendo su propia versión del pasado? Trapero no ofrece una respuesta sencilla. Prefiere dejar que los Dyer hablen, se contradigan, se hieran y, ocasionalmente, se quieran.
Después de todo, las familias no suelen parecerse demasiado a las novelas. Aunque, en ocasiones, la realidad familiar puede ser bastante más surrealista que cualquier ficción.
