
A Ábaton le encargaron Casa del Olivo, un proyecto que no se presentaba nada fácil. De entrada, ya venía con un par de ‘peros’, un suelo rústico y una sucesión de bancales recorriendo un olivar en La Vera, comarca histórica y natural situada en el noreste de la provincia de Cáceres.
El estudio, sin embargo, consiguió darle la vuelta al problema y convertir ambos condicionantes en el origen conceptual de la casa. El suelo rústico obligaba a mantener una imagen tradicional, algo que Ábaton resolvió recurriendo a la teja árabe, las cubiertas inclinadas, los enfoscados y la piedra local. Elementos que permiten a la vivienda mezclarse visualmente con el paisaje y evocar, desde la distancia, los antiguos chozos levantados entre los olivares. Pero que no engañen las apariencias. Casa del Olivo parece pertenecer a otro tiempo, pero solo de puertas afuera, ya que cuenta con una distribución y unas instalaciones modernas.

Seguir los pasos del terreno
El segundo ‘pero’, los bancales, ayudó a definir la organización de Casa del Olivo. La propuesta de Ábaton consistió en seguir la topografía. A medida que desciende el terreno, lo hace también la morada, cuyas estancias se escalonan entre las líneas de piedra. Una disposición que consigue que el inmueble no se muestre de una vez ante quien la contempla y que, por otro lado, cada zona gane independencia respecto a las demás.
De dos a muchos habitantes
Además, la solución tenía mucho que ver con la manera en que sus propietarios iban a utilizar la residencia. Con los hijos ya independizados, necesitaban un techo que se ajustara al número de habitantes. Íntimo y manejable para dos en el día a día, pero generoso cuando descendientes y futuras familias volvieran a reunirse bajo su hogar. La zona de noche muestra cómo el equipo alcanzó la meta: el dormitorio principal tiene porche y salida propios, y los restantes se ordenan a lo largo de un pasillo-porche al norte, por lo que la superficie de uso crece o mengua según lo requiera el momento.






El peaje de que Casa del Olivo se oriente al oeste
El espacio común de Casa del Olivo une salón, comedor y cocina en una misma estancia, ligeramente más baja y conectada con dos terrazas y la piscina. La vivienda privilegia el oeste para mirar al valle, aunque la espectacular panorámica viene con un pequeño peaje, el intenso sol de la tarde. Ábaton tenía previsto el inconveniente y echó mano de contraventanas de castaño y amplios aleros para mantenerlo a raya. Como plus, el domicilio puede abrirse transversalmente para favorecer la ventilación natural.
Una construcción entre olivos
Como ya anticipamos, el arraigo de la vivienda al entorno no iba a limitarse a las formas. El estudio empleó para ello piedra de la zona, barro y ladrillo recuperados, madera de castaño, vigas vistas, perlita y Mortex. Y, decididos a respetar el enclave, los arquitectos conservaron también el arbolado existente, encajando su propuesta entre los olivos y no al revés.




Pensada para ser autónoma
Por supuesto, en una ubicación rural como esta, la autonomía pasa a ser una prioridad. Por eso, la propuesta combina paneles solares, aerotermia, depósito de gas, pozo propio y fosa séptica con recursos arquitectónicos como los gruesos muros y la ventilación cruzada.

Guillermo Santos, Blanca Marías y Javier de Montero, arquitectos directores de Casa del Olivo. Créditos: Paula Cárdenas.
Sobre Ábaton
Dos arquitectos y un ingeniero industrial pusieron en marcha Ábaton en Madrid en 1998: Camino Alonso, Ignacio Lechón y Carlos Alonso. Con un amplio equipo multidisciplinar, trabaja tanto en rehabilitación como en obra nueva, con una arquitectura sencilla y consciente, muy ligada al entorno y atenta a la eficiencia energética, los materiales y la sostenibilidad.
Ficha técnica
Proyecto: Casa del Olivo (Proyecto TLV)
Arquitectura y paisajismo: Ábaton
Arquitectos directores: Guillermo Santos, Blanca Marías y Javier de Montero
Fotografía: Azul Vivó