
Pensando en blanco tenía el proyecto Niko Coffee entre manos y, sobre sus cabezas, una grata sorpresa. Al desmontar el antiguo techo del acceso del Hotel San Nikolás escapó de su encierro una estructura circular de hormigón que nadie esperaba encontrar y que el estudio tampoco tuvo intención de volver a esconder.
“Su aparición cambió la organización”, afirma Pesando en Blanco, dado que desde su descubrimiento “barra, mesas y recorridos pasaron a relacionarse con esa geometría y con la luz de la claraboya”. Así se puso en marcha Niko Coffee, una cafetería abierta tanto a los huéspedes del establecimiento como a vecinos y viajeros de paso por Hondarribia.
Con el hormigón, hasta el más mínimo adorno está de más, debió pensar el estudio fundado en 2006 por Aurora Polo (Barcelona, 1980) y Borja Garmendia (Hondarribia, 1978), que aplicó al elemento hallado los principios del béton brut para dejarlo a cara lavada y conservar intacta su aspereza brutalista.

Brutalismo a la luz de la claraboya
La mencionada iluminación ayuda también a descifrar una paleta material formada, además de por ese protagonista pétreo, por cemento, celulosa proyectada, morteros de cal, módulos de yeso, acero inoxidable, madera de iroko y cerámica artesanal. Como cada cual la absorbe, difunde o matiza a su manera, una de las tareas más difíciles a la hora de crear Niko Coffee consistió en estudiar su incidencia sobre los distintos acabados y conseguir que “la distribución, las texturas y los reflejos” compusieran un resultado cohesionado.
La imperfección tiene quien la defienda
La cerámica artesanal se permite el lujo de no parecer ni antojarse perfecta. Sus relieves e irregularidades delatan el trabajo, ese ademán propio del artífice que la moldeó con tiento. Convertidas algunas piezas en taburetes, la huella queda, dicho sea con toda propiedad, al alcance de la mano del usuario. “Llevamos tiempo trabajando piezas cerámicas con nuestro equipo, buscando una funcionalidad más allá del objeto decorativo, integrando estas piezas en los espacios”, comenta Pensando en blanco.



Por su parte, la madera de iroko, elegida por “su densidad, su rica veta y su calidez cromática”, compensa la frialdad inherente a los revestimientos minerales y dulcifica una cafetería que hace mucho con poco. En sus 58 m² interiores, con aforo para 36 personas sentadas, da sitio a la zona de clientes, la barra y la cocina. Por fortuna para los que quieran acomodarse a disfrutar de un buen desayuno o una merienda, el local gana algo de espacio al prolongarse hacia la Plaza de Armas, con una terraza desde la que se divisan la bahía del Bidasoa y Francia.
La distribución de Niko Coffee despeja el camino
Pese a toda esa carga conceptual, la distribución ideada por Pensando en blanco pauta el movimiento respetando lo que ya venía dado, como el patio interior y la geometría existente. La prometida atmósfera “libre de interferencias” se llevó a la práctica apartando el mobiliario, en concreto mesas, sillas y banquetas, hacia los laterales, donde una bancada continua deja expedito el camino. Todo son buenas noticias para la circulación, sin mesas que sortear, sillas que esquivar ni pasos que coordinar con quien viene de frente. Otra de las comodidades ahorra al comensal fastidiosas colas para pedir, corrillos frente a la barra y paseos con la taza en precario equilibrio, ya que el servicio llega directamente a la mesa, tanto en el interior como en la terraza.


Y lo que no obstaculiza el tránsito tampoco estorba a la vista. los autores de Niko Coffee combinaron piezas de Ondarreta, fabricadas a 10 km del hotel, con barras de acero inoxidable, estanterías y mesas confeccionadas ex profeso para la propuesta, junto a módulos de yeso que retienen las señales de su ejecución. Entre lo hecho a su medida y lo aportado por otras firmas, Pensando en Blanco busca un término medio que ya es marca de la casa: “Como siempre en nuestros proyectos, hay un equilibrio entre el mobiliario diseñado por nosotros y marcas que nos ofrecen una implementación funcional y técnica”.
Mucho más que una reforma hotelera
Se tenga o no previsto pasar la noche bajo el mismo techo, el establecimiento ofrece un aperitivo de lo que reserva el Hotel San Nikolás y posibilita asomarse, antes incluso de pasar por recepción, al proyecto integral de Pensando en Blanco, gestado durante seis meses antes de que abriera sus puertas el 1 de julio.


Alojamiento y cafetería pertenecen ahora a propietarios distintos de los que regentaban el hotel que anteriormente ocupaba el inmueble. El cambio de manos no significó, sin embargo, empezar de cero, pues Pensando en Blanco conservó la fachada y la identidad cromática del complejo anterior. Tampoco los actuales dueños se limitaron a entregar el encargo y esperar, despreocupados, el resultado final. Los arquitectos destacan su “visión contemporánea y una mirada internacional, junto con una implicación muy directa en el proyecto”. “Valoran la calidad de los materiales y el cuidado de la ejecución, pero también lo que sucede después: cómo se recibe, cómo se utiliza cada espacio, cómo se siente quien se aloja allí y cómo se le cuida mediante una propuesta gastronómica y de repostería hecha en la propia casa”, añaden.
Sobre Pensando en blanco
Y es que Aurora Polo, Borja Garmendia y su equipo saben internarse en el universo de quienes depositan su confianza en ellos y plasmar sus aspiraciones en realidades concretas que incluso las superan, especialmente cuando, como en esta enorme reforma, ambos lados comparten sensibilidad, principios y convicciones.
Ficha técnica
Proyecto: Pensando en blanco.
Arquitectura interior: Aurora Polo Santamaria, de Pensando en blanco.
Dirección creativa: Borja Garmendia.
Diseño de mobiliario: Aurora Polo Santamaria, de Pensando en blanco,
Fotografía: Xue Gil.