
Pensando en Blanco no puso límites en Abasotas Food Studio, una antigua carpintería abandonada a pie de carretera convertida hoy en casa, tienda, obrador y cafetería, todo bajo el mismo techo.
El encargo de Isa Serna y Niko Susaeta, impulsores de Abasotas Food Studio, perseguía justamente ese objetivo: dar forma a un ecosistema donde vivir y trabajar no se entendieran como mundos separados, sino como una misma realidad, coherente, funcional, claro está, y también sostenible. El inmueble, anodino en su estado previo y situado en la costa vizcaína, en Barrika, fue objeto de una reforma integral de Pensando en Blanco que en nueve meses dio lugar a 225 m² de superficie.

Un interior que se recorre paso a paso
Los propietarios viven en el espacio denominado Hogar y, a la vez, son quienes están detrás del mostrador y de la cafetera. Aunque todo está conectado, sin divisiones cerradas, cada uso cuenta con accesos independientes que garantizan que todo funcione como debe. Pensando en Blanco ordenó la planta como si fuera un camino: empieza en las zonas más privadas y, poco a poco, se llega a las zonas más públicas, evitando así cambios abruptos.



Imágenes superiores: café.
Atención cercana y usos cambiantes en Abasotas
En Abasotas no se buscaba una lógica de gran afluencia, sino el trato cómplice con quien cruza la puerta. La atención es personalizada y, en muchos casos, supeditada a reserva previa. Desde el obrador se elaboran cookies, tartas y servicios de breakfast y brunch los fines de semana. Sin embargo, la identidad del proyecto no es fija: al caer la noche puede mutar con propuestas como Night Shift, que alteran la iluminación (en abierta resistencia a la luz azul, se vuelve roja), la atmósfera e incluso las normas, como la restricción del empleo de dispositivos móviles. “La discreción de la arquitectura e imagen de marca hace que la gente más atenta percibe que dentro pasa algo”, explican desde Pensando en Blanco.




Imágenes superiores: casa.
Materiales que construyen el bienestar
El estudio trabajó principalmente con cuatro materiales. El cáñamo, presente en todos los muros, se ejecutó mediante tradicionales técnicas de apisonado, y resultó ser un componente clave para la regulación térmica, acústica e ignífuga. El cedro se empleó para la estructura del edificio. El yeso alabastrino se utilizó para cubrir los suelos, combinado con un sistema de suelo radiante. La cal, por último, se aplicó como raseado en las paredes. Cabe destacar que el mobiliario, en su mayoría construido inssitu, evita la acumulación de elementos sueltos.

Imagen superiores: tienda.
El verdadero reto de Pensando en Blanco: hacerlo posible
Que Abasotas no sea un lugar fácilmente clasificable no complicó su diseño ni su construcción, pero sí puso a prueba todo lo demás. Para Pensando en Blanco, el mayor esfuerzo de esta reforma (con un coste aproximado de 1.600 € por m²) no consistió en dibujar planos ni en levantar muros, sino en conseguir que pudiera existir dentro de los márgenes de la legalidad. La tramitación de permisos y licencias se convirtió en el verdadero campo de batalla “teniendo en cuenta la diversidad de espacio y servicios”, tal como nos indican los arquitectos.
Ficha técnica
Proyecto: Abasotas Food Studio®.
Cliente: Isa Serna y Niko Susaeta..
Estudio responsable: Pensando en Blanco
Arquitectura interior: Aurora Polo Santamaria.
Dirección creativa: Borja Garmendia.
Tipo de intervención: reforma integral.
Ubicación: Barrika, Vizcaya, España.
Entorno: costa vizcaína, a 200 m de los acantilados.
Superficie total: 225 m².
Duración de la obra: 9 meses.
Presupuesto aproximado: 1.600 € / m².
Programa: vivienda, obrador, tienda, cafetería y estudio.
Sistema constructivo: bioconstrucción.
Material principal: cáñamo en muros.
Técnica del cáñamo: apisonado tradicional.
Estructura: madera de cedro.
Pavimentos: yeso alabastrino.
Sistema térmico: suelo radiante.
Climatización: Cáñamo + aerotermia.
Acabado de paredes: raseado de cal.
Mobiliario: ejecutado mayoritariamente in situ.
Iluminación: Siete formas.
Mobiliario comercial: Ondarreta.
Fotografía: Iker Basterretxea.