Amy

Cuatro años después de su muerte, la artista británica vuelve a sonar

Era cuestión de tiempo que llegara el documental definitivo sobre Amy Winehouse. Desde que muriera el 23 de julio de 2011 por brutal ingesta de alcohol, teniendo en cuenta que las drogas la habían ido debilitando los últimos años, la Winehouse ha despertado todo tipo de comentarios, historias, rumores y demás titulares de peso que ya necesitaban de un documento gráfico absoluto que los diera luz o echara por tierra en musical equilibrio. Un valioso material en el que imágenes de archivo, hasta ahora nunca vistas, se mezclan con la banda sonora que Amy se encargó de componer desde que empezara a hacer sus pinitos en la música en pequeños bares de Londres.

Amy Winehouse era una cantante atípica, su portentoso registro de contralto, abarcando 3 octavas y 1 semitono, su fraseo, su tono hábil e innata profesionalidad vocal, chocaba con esa imagen de chica judía desganada que no creía en su propio talento pero sí en la fuerza terapéutica de poner en palabras todo aquello que le hacía sufrir, a modo de diario. Su estilo corriente no respondía a los cánones de estrella que se buscaban, pero sí su voz que desde el primer momento ya se equiparó a la de Aretha Franklin y que inunda, de principio a fin, el documental dirigido por Asif Kapadia. De la misma manera que en Senna, Kapadia abordaba la vida íntima y profesional del piloto brasileño de Fórmula1, Ayrton Senna, Amy responde a un exhaustiva y desgarradora mirada al proceso de creación de una estrella y posterior caída a los infiernos.

Una historia con todos los ingredientes para ser un bombazo en taquilla, si no fuera porque la visión de Kapadia pasa del objetivismo al subjetivismo tan rápido como cambia el fotograma, centrándose en el poder de la prensa amarilla contra la estrella en declive y la ausencia de ayuda por parte de familia y compañeros de trabajo. Un documental que pese a tener en un principio la venia de sus más allegados, se convierte en arma en su contra, al reflejar de qué manera no supieron estar a la altura de una mujer que pese a su aparente fortaleza, era una débil bulímica, drogadicta y alcohólica que clamaba que el mundo era una mierda sin drogas. Un padre que parece estar más preocupado en hacer caja en cualquier encuentro con su hija, un manager, más ocupado en seguir contratando giras, porque en su vida privada no creía que se debía meter y un novio/marido que la arrastra a un oscuro mundo de perdición por el único placer de seguir sacando tajada y acabando de la misma manera (tajado), son el resumen que Kapadia hace del triste final de Winehouse, de este juguete roto de talento inmenso que todos exprimieron hasta que las lágrimas se secaron.

Quizá sea un documental sensacionalista, quizá haya tanto material que a veces la información aturda al espectador pero lo que tengo claro es que Amy es una absoluta carta de amor a esa chica detrás del nombre que lo único que pretendía es que la quisieran. Un homenaje póstumo que cree encontrar las causas del por qué Amy quiso dejar en el camino tantos éxitos que podría haber conseguido dentro del exclusivo mundo del jazz, al que tanto amaba y respeto profesaba. Le daba igual el dinero, la fama o llegar a ser número 1, no creía especialmente en su talento pero sí en las ganas que tenía de expresar sus sentimientos. No creo que la crítica la mimara, solo querían hacer de ella la siguiente greatest star, según se entendía en modo clásico. Su chorro de voz callaba bocas, la situaba sin esfuerzo entre las grandes y quizá el mito que surgió a su muerte le viniera mejor que la fama mainstream con la que jamás se encontró cómoda. No era tiempo para que se marchara pero tampoco lo fue con Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison o Kurt Cobain. Todos tenían 27 y eso les da un aura de mágica y trágica diablura de un destino musical que se nos escapa.

El amor que tanto ansiaba fue el amor que la llevó al calvario, que acabó con ella, que hizo de sus últimos pasos en el escenario, un espejismo de lo que podía haber sido y jamás fue. No debería haber jugado con ella misma, debería haber sido su propia mejor amiga, que su cabeza no se jodiera con estúpidos hombres pero al final, la tristeza de esa chica detrás del nombre acabó por sucumbir al propio personaje. Hoy, seguimos llorándola.

ESTRENO, HOY, VIERNES 17 DE JULIO

Amy

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