Brandon Flowers se reencuentra con sus raíces en Thrasher, su nuevo disco en solitario en 11 años… Irradia talento y carisma, conocido por ser frontman de una de las bandas más famosas del mundo, The Killer. Y, ahora, repite en solitario

Brandon Flowers vuelve a caminar solo, esta vez el brillo de Las Vegas queda al fondo del retrovisor. El líder de The Killers publica Thrasher, su tercer álbum en solitario, once años después de The Desired Effect en 2015. Ahora, Flowers cambia los neones por el polvo del desierto, las carreteras secundarias y los recuerdos de su infancia en Utah. El resultado es su trabajo más personal hasta la fecha: un disco atravesado por el country-western, la familia, la pérdida y esa mitología americana que siempre ha estado escondida en su música.

Brandon Flowers el carismático frontman y su gran vuelta

De Nephi, Utah, a Nashville

Aunque su nombre está inevitablemente ligado a himnos gigantescos como los de The Killers, Brandon Flowers creció en un entorno muy diferente al imaginario glamuroso que después construiría sobre los escenarios. Antes de convertirse en una estrella del rock, fue un adolescente de Nephi, una pequeña localidad de Utah. Por un lado, descubría la new wave, el post-punk y el britpop gracias a su hermano.

Brandon Flowers el carismático frontman y su gran vuelta

Por otro, recorría el campo con su padre mientras sonaban Johnny Cash y Waylon Jennings. Ahora, esas dos partes de su historia finalmente se encuentran. El propio Flowers ha explicado que, con los años, ha vuelto a la música que escuchaba su padre, aquel country-western que le acompañó durante su infancia. Y ha descubierto que las historias que llevaba dentro necesitaban precisamente ese lenguaje para salir.

Un disco grabado en el histórico RCA Studio A

Para dar forma a Thrasher, Flowers viajó hasta Nashville y grabó el álbum en el mítico RCA Studio A. Allí volvió a trabajar con dos colaboradores habituales: Shawn Everett y Jonathan Rado. Además, se rodeó de algunos de los músicos más importantes de Music City. Entre ellos están David Rawlings, habitual colaborador de Gillian Welch; el especialista en pedal steel Bruce Bouton; y Charlie McCoy, legendario armonicista de 85 años que participó en los cuatro grandes discos que Bob Dylan grabó en Nashville.

El resultado son diez canciones que se alejan de la épica synth-rock de The Killers para abrazar el honky-tonk, las baladas, el country clásico y las historias de carretera. Una decisión que, en realidad, no parece tan inesperada. Desde Sam’s Town hasta Pressure Machine, el imaginario americano siempre ha estado presente en el universo de Flowers. Thrasher simplemente lleva esa intuición hasta el centro.

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Does It Ever Cross Your Mind?, una canción sobre el destino

El disco se abre con Does It Ever Cross Your Mind?, cuyo vídeo en directo acompaña hoy el lanzamiento del álbum. Impulsada por la pedal steel y un ritmo galopante, la canción habla sobre esos encuentros aparentemente accidentales que terminan definiendo una vida. Sobre cómo el universo, casi sin avisar, nos coloca junto a las personas con las que acabaremos compartiéndolo todo. Es una entrada perfecta al universo de Thrasher: íntimo, cinematográfico y profundamente americano.

Historias de familia, pérdidas y sueños que no salen como esperabas

Gran parte del álbum está escrito en primera persona y se mueve entre recuerdos familiares, amigos, amores y fantasmas del pasado. One Of Us está dedicada a un cuñado de Flowers que falleció de forma repentina. Miss America viaja a los concursos de belleza en centros comerciales durante los años 80 y a algunos recuerdos de su primera infancia.

Por su parte, Plans, el primer adelanto del álbum, recoge esa gran tradición estadounidense de canciones sobre sueños enormes que nunca terminan de cumplirse. Flowers ya presentó el tema con una interpretación grabada en el propio RCA Studio A. En Paradise, el cantante vuelve la mirada hacia su familia y hacia el particular ecosistema de los casinos de Las Vegas.

Mientras tanto, Tiger’s Blood recupera el paisaje de Utah que ya aparecía en Pressure Machine, aunque aquí lo mezcla con una dimensión más áspera y fronteriza. La segunda mitad del álbum continúa expandiendo ese mapa. Trompetas de mariachi, guitarras abrasadas por el sol y paisajes casi fantasmales convierten Thrasher en algo más grande que un simple giro hacia el country.

Brandon Flowers hace las paces con su propia historia

Todo desemboca en An American Dream, el cierre del álbum. Una canción de carácter psicodélico en la que Flowers reúne recuerdos familiares, espiritualidad, carretera y referencias a toda una vida. Suena casi como una película americana condensada en unos minutos. Hay vallas publicitarias que prometen eternidad, recuerdos de su madre, los últimos momentos de su padre e incluso un encuentro imposible con Elvis dentro de un Tesla.

Es el final perfecto para un álbum que funciona como una colección de fotografías antiguas. Algunas son felices. Otras duelen. Todas forman parte de la misma historia. Thrasher no es un intento de Brandon Flowers por escapar de The Killers. Es, más bien, un viaje hacia atrás para entender mejor de dónde viene. Un regreso a Utah, a los coches con su padre, al country-western y a todas esas historias que, durante años, esperaron su momento para convertirse en canciones.

Y parece que ese momento, por fin, ha llegado. Su padre, Terry, tuvo una reacción especialmente escueta cuando escuchó el disco por primera vez: Finally. Probablemente, no hacía falta decir mucho más.

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