
En 2025, Laia Estruch saludaba al público con Hello Everyone desde el Reina Sofía. Ahora vuelve a la capital con una nueva propuesta en su galería habitual, Ehrhardt Flórez, donde presenta Carrau y en la que, esta vez, performas tú.
Carrau significa carraca en catalán; un juguete infantil, pero también un instrumento musical de dos caras con origen medieval asociado a la fiesta y al carnaval, que anunciaba la llegada de la primavera con gran estruendo al ser accionado. Toda esta explicación digna de la Wikipedia, cobra sentido al adentrarse en las tres instalaciones que plantea Estruch en el umbral de las salas que conforman la Galería Ehrhardt Flórez. El umbral importa, y mucho, en esta propuesta, jugando en un doble sentido, como las dos caras de una carrau.

Una propuesta que rompe la distancia entre arte y espectador
Por un lado, se habla insistentemente en el sector sobre la distancia entre las prácticas artísticas contemporáneas y el público en general. Más allá de que a la gente le cuesta entrar en las galerías —¿molestaré?, ¿es un espacio de trabajo?, ¿entenderé aquello que me proponen dentro? —, todas esas cuestiones debieron de pasar por la cabeza de Laia Estruch a la hora de montar este site specific, que sucede en la entrada, modificando la perspectiva que solemos tener sobre las obras de una exposición tradicional. De otro lado, está la participación inmersiva del espectador.

El cuerpo entra en juego: la experiencia comienza al atravesar
La artista juega con nosotros planteando una relación distinta con las piezas, delegando la relación entre el cuerpo y la instalación escultórica hinchable en quienes vamos a verla. Como participante del experimento, puedes llegar a sentir y pasar hasta por tres etapas diferentes; la expectación a la entrada, donde vemos unos grandes volúmenes de plástico de colores brillantes y escuchamos un ruido blanco lejano que procede del interior. Una vez que decidimos adentrarnos y formar parte (recomiendo ir cómodos, sin abrigo o complementos grandes, sin tacones para entrar por las ranuras abiertas y, lo más importante, sin miedo) notaremos en el acceso cierta presión que no llega a ser incómoda, pero que te atraviesa para, después, entrar en el cubo blanco y diáfano de la galería.

El vacío interior desplaza la mirada hacia el origen de la obra
Sin embargo, y aquí la sorpresa, no hay nada en el interior, porque la mirada nos obliga a girarnos y observar hacia ese afuera, a ese umbral de entrada donde se sitúan las piezas y el discurso. Ya dentro sí reconocemos el ruido que proviene de la bomba de aire que se utiliza a diario para mantener el volumen de los hinchables. La atención hay que ponerla en otro lugar; no busquemos en las paredes complementos a las esculturas. Esos materiales adicionales se encuentran cosidos a las piezas, y documentan distintas acciones performativas llevadas a cabo por la artista. En esas imágenes nos reencontramos por ejemplo con la voz de Laia improvisando el Cant dels Ocells —el canto de los pájaros— a través de la articulación del cuerpo y la voz en los espacios verdes de la Fundación Cerezales de León, allá por el año 2022.

Un recorrido que consolida un nuevo lenguaje espacial y performativo
Esta suerte de playground tiene su origen en la búsqueda a través de un nuevo lenguaje no solo escultórico sino también arquitectónico y espacial que Estruch ha ido desarrollando en proyectos anteriores como Trena (MNAC Barcelona, 2023) donde durante un verano ocupó con una gran trenza de tubos hinchables la decimonónica Sala Oval del museo catalán. A Trena se accedía a través de una entrada que impresionaba en el arranque dando paso después a un peculiar recorrido interno a manera de gymkana hacia la salida.

Este proyecto supuso un punto de inflexión para ella, pero también para todas las que formamos parte, al permitirnos nuevas formas de habitar el arte contemporáneo. Ahora, toda esta nueva performatividad se despliega en sus obras Carrau P1, Carrau P2 y Carrau P3, en la galería Ehrhardt Flórez, en pleno barrio de Justicia y en un contexto situado junto a otros de los espacios expositivos más interesantes de Madrid.
Laia Estruch. Foto: Arnau Mata
Color, forma y performance: la armonía sensorial de Estruch
La distribución del espacio arquitectónico y la monumentalidad de las piezas, junto al uso precioso de naranjas, azules, amarillos y verdes, conforman una composición cromática y táctil gustosa. Tiene su origen en una formación clásica en dibujo y artes plásticas, donde tiene cabida también todo un recorrido por la historia del arte, tanto la abstracción geométrica de un Rothko como las referencias al humor y la singularidad de Duchamp. Estruch ha sabido transformar cada una de sus propuestas en una armonía disruptiva y sensorial. A toda esta dimensión pictórica y espacial se suma la performance, que estudió en la prestigiosa escuela de arte y ciencia Cooper Union de Nueva York. Laia Estruch ha dicho en varias ocasiones que “Se dedica a la performance porque implica trabajar con la vida en lugar de representarla y eso es un sueño”.

Todo este bagaje desemboca en Carrau y en una trayectoria que, hasta la fecha, la sitúa como una de las propuestas más lúcidas, inteligentes y sorprendentes del panorama actual.
Carrau se puede visitar hasta el 2 de mayo en la Galería Ehrhardt Flórez de Madrid.
Las imágenes de la instalación son de Jonás Bel cortesía de la galería.