David Ostrowski  - The Thin Red Line

David Ostrowski lo deja claro de entrada. Lo primero que se encuentra el visitante que se acerca a descubrir “The Thin Red Line”, la primera exposición personal del artista en la sede londinense de Sprüth Magers, al pasar la angosta puerta que da acceso a la sala de exposición es un cuadro colgando que le bloquea el paso.

En este caso, nada de alfombras rojas desplegadas para acoger al espectador aunque, a decir verdad, podemos ver precisamente una de ellas debajo del lienzo en cuestión. Un felpudo bermellón con figuras blanquecinas, inútil, posicionado en la entrada más a la manera de un estorbo que de -su función más práctica- un gesto de bienvenida, como un anticipo de todas esas mesas elementales dispuestas en el espacio expositivo, esos cuadros cubriendo otros cuadros; en definitiva todos los elementos que avisan al observador que nada aquí está pensado para su plácida y cómoda contemplación.

David Ostrowski  - The Thin Red Line David Ostrowski  - The Thin Red Line

Y es que Ostrowski es ante todo un pintor. Y uno muy bueno. Pero sus cuadros siempre se presentan como esculturas que desafían la arquitectura, instalaciones que estimulan la mirada y subvierten el espacio al tiempo que parecen confrontarse y violentarse entre si, en una búsqueda de atención y de visibilidad que el artista parece divertirse en impedir o desdeñar. Siempre ha sido el caso en todas sus anteriores exposiciones, pero el efecto se hace más abrupto e impactante en “The Thin Red Line”, donde, como su nombre indica, predomina el color rojo.

David Ostrowski  - The Thin Red Line David Ostrowski  - The Thin Red Line

Un pigmento poco utilizado hasta ahora por Ostrowski – la última vez fue en el 2009 – en sus cuadros y cuya ambigua y paradójica potencia visual disuelve la relativa quietud tan espiritual que emanaba habitualmente de su cromatismo apagado y suave. No es por nada, nos recuerda el historiador Michel Pastoureau, que la ambivalencia del rojo “es aún más importante que para otros colores. Por un lado, tenemos el rojo de la felicidad, la fiesta, la infancia, el placer o el poder, y del otro, del enfado de la violencia y del pecado”. Las líneas en espray, los materiales insertados en el lienzo – algodón, madera o papel, por ejemplo – y la abstracción de las creaciones formalistas que caracterizan el estilo de Ostrowski siempre interpelaban al público, reflexionando sobre los límites del cuadro y dejando entrever las grietas del entorno aséptico de las instituciones, como rastros derridianos que indican como el azar, el tiempo y lo cotidiano alimenta el minimalismo del artista. Y esa sensación se multiplica con la aparición -y predominancia- de un color cuya excentricidad y radicalismo no deja indiferente a nadie.

David Ostrowski  - The Thin Red Line

Los trazos del spray de Ostrowski parecen esparcirse sobre las paredes, como marcas de sangre en una escena de crimen -recordemos la zozobra de mantenerse en una sala completamente roja, como nos mostró Cildo Meireles en Red Shift (1967–84) – o, mejor aún, un escenario lyncheano -el escenario rojo de Twin Peaks-, un universo de Kubrick en el que lo prodigioso puede irrumpir en la banalidad de lo real. Y es que el rojo de Ostrowski no parece remitir a lo violento, lo pasional sino a lo enigmático y maravilloso, creando algo más parecido a un entorno, una gramática de lo visual en la que los diferentes objetos – la alfombra enrollada, el print de la invitación, las mesas o los catálogos- y su curiosa disposición espacial imponen su presencia y juegan con la dimensión narrativa.

David Ostrowski  - The Thin Red LineDavid Ostrowski  - The Thin Red Line

El color ya no bordea o moldea el vacío como ocurría anteriormente con el azul, el amarillo, el marrón o el gris sino que parece irrumpir en su pura materialidad. No es sencillo acercarse al vacío con el rojo. Pero quizás Ostrowski busque en este caso todo lo contrario: mostrar la emergencia fenomenológica, el advenimiento se esa presencia que se esconde en la nada. Lo que aparece en la tela ya no son pinceladas inciertas y evanescentes, como era el caso antes, sino trazos decididos, espacios saturados, una afirmación más tangible, como si el mundo necesitara hoy más que nunca un poco más de convicción o firmeza.

 

Ostrowski “The Thin Red Line” installation view at Sprüth Magers, London, 2018-2019.
© David Ostrowski. Courtesy Sprüth Magers, London.