
La segunda parte del desfile de moda otoño-invierno de Hermès se centra en una arquitectura del movimiento. Una mujer libre, que se deja llevar por la emoción. La seda gana protagonismo.
Junto a un mágico atardecer en una colina de Bel Air, se ha celebrado el desfile de moda otoño-invierno de Hermès. Aprovechando la famosa golden hour, la firma francesa presenta una segunda entrega con un enfoque más libre, luminoso y fluido. La idea central es convertir el diseño en movimiento: una danza que no se entiende como un baile, sino como una extensión natural del lenguaje corporal de quien la viste.
Fotografías oficiales del desfile de otoño-invierno 2026 de Hermès en Los Ángeles. Crédito: @hermes
Hermès apuesta por la seda y el satén como protagonistas, sin renunciar a sus códigos ecuestres.
Nadège Vanhée-Cybulski, directora creativa de Hermès, no solo quiso cambiar de escenario para la segunda parte de su desfile otoño-invierno, sino también dar un giro a la narrativa de la colección. Si en París, durante el primer capítulo, predominaban la fuerza, la precisión y el control —expresados a través del cuero, las referencias ecuestres y las chaquetas técnicas—, en esta segunda entrega rompe con esos códigos para adentrarse en un universo más libre, ligero y sensual.
Una serie de cualidades asociadas a una mujer que se desprende de las reglas y se deja llevar por las emociones, los sentimientos y el movimiento natural de su cuerpo. Una idea que tuvo el escenario perfecto en la ubicación elegida para el desfile: una colina de Bel Air bañada por un atardecer inolvidable, cuya luz dorada realzó la atmósfera poética y evocadora de la colección.
Una paleta de colores muy viva, en la que destacan un rojo singular y un clásico amarillo mantequilla.
En esta segunda parte del desfile otoño-invierno de Hermès destacan los vestidos y faldas fluidas, así como una mayor presencia de seda, satén, chiffon y terciopelo. Entre las novedades, sobresale una menor rigidez estructural, inspirada en el movimiento corporal de la danza. Todo ello estuvo acompañado por una paleta de colores influida por la luz californiana y el atardecer, factores que marcan una clara diferencia con la primera parte presentada en París.
Este capítulo permite también apreciar la visión de Nadège Vanhée-Cybulski: una elegancia funcional y sofisticada, alejada del espectáculo y centrada en la esencia del movimiento y la materia.
Vestidos fluidos y con movimiento, combinados con cuero estructurado.
En la segunda parte del desfile otoño-invierno de Hermès, la mujer se muestra más libre, con un movimiento fluido.
Sabiendo las diferencias con el primer capítulo, es necesario señalar las prendas más llamativas. Destacan abrigos envolventes, chaquetas de cuero y vestidos de seda y satén de caída ligera, que permitían un movimiento constante sobre la pasarela.
También llaman la atención las faldas fluidas combinadas con cuero estructurado, así como los vestidos de terciopelo acompañados de botas altas y accesorios propios del ADN ecuestre de Hermès.
En todos estos diseños reside otra de las claves del desfile: la paleta de colores. Desde el amarillo mantequilla —uno de los más comentados— hasta un rojo intenso y un negro singular, más brillante y cercano a un tono medianoche que cerró la propuesta.

En esta ocasión, como cierre, no podemos olvidar la belleza y el maquillaje del desfile otoño-invierno de Hermès. La inspiración en la danza se mantuvo también en este aspecto: una apuesta por el brillo natural, una piel luminosa, un colorete muy ligero y una mirada suave. La idea clave era conseguir que la mujer Hermès transmitiera una sensación de naturalidad y movimiento, alejada de lo teatral o del espectáculo.
Descubre en la web oficial de Hermès cómo es la segunda parte de su colección otoño-invierno 2026.











