Jack White tiene un problema de comportamiento. Puede asociarse a su carácter de genio, esas excentricidades que caben esperar, pero su tendencia a liberar la rabia a manotazos, denota serios problemas de actitud. Hace unos años le tocó a Jason Stollsteimer, el guitarrita de Von Bondies, al que le puso un ojo a la funerala por negarse a tocar con él. Más cerca en el tiempo, Patrick Carney, de Black Keys, sufrió la furia de White, al que acusaba de plagiar su sonido.

Como sucede con los niños que adolecen de semejantes problemas para relacionarse con su entorno, hay que encontrar la manera de canalizar su agresividad. Afortunadamente para el rocanrol y desgraciadamente para los traumatólogos, existe The Dead Weather. Es aquí, en la banda que forma junto a miembros de The Kills, Greenhornes y The Queens of Stone Age, dónde el chaval puede dar rienda suelta a su rabia en algo constructivo, porque está claro que sus discos en solitario o la aventura con el lánguido Brendan Benson le deben de poner de peor humor. Con The Dead Weather no. Aquí descarga la adrenalina a base de riffs y riffs. 5 segundos de ‘Dodge and Burn’ bastan para demostrarlo. Desde ese guitarrazo rasgado de “I Feel Love (Every Millon Miles)”, White sigue dale que te dale en cada corte y como, además, Alison Mosshart tampoco es que le deje mucho el micro, el bueno de Jack se dedica a lo suyo y se deja de reyertas. Es probable que no solo le alejen de los altercados, si no que también le acerquen a rock duro y puro, que este tipo de chicos también tienen problemas de déficit de atención. Pero aquí no. Aquí la máquina no para. La sierra mecánica sigue talando en “Buzzkill(er)”, “Let Me Through” es una marcha militar elástica, valga el oxímoron, y en “Three Dollar Hat”, donde Jack White toma el primer plano, parece como si los Metallica buenos hubieran pasado por el frenopático una temporada.

Fotos: David James Swanson

Domar la personalidad de Jack White y canalizarla hacia el bien supone dejar que el nene haga lo que quiera con el juguete: “Open Up” es lo más White Stripes que ha hecho desde que dejó la banda, y justo después lo estrella contra el suelo con el estribillo pop de “Mile Makers”. Pero claro, tan atentos a cansar al niño para que duerma bien que al final todo es batalla y el disco empieza a tener cierto tono plano y repetitivo, machacón y hasta cierto punto cansino, aunque el ruido alrededor lo camufle, y ya “Cop and Go” suena convencional y “Impossible Winner” con una épica impostada. Pero ‘Dodge and Burn’ es el siguiente paso de Jack White para convertirse en la referencia del rock de la primera mitad del siglo XXI, ese camino que está labrándose de modo tan ortodoxo, a base de guitarrazos y mamporros, como cualquier estrella irascible y pendenciera que se precie.