Entrevista al artista Carlos Sáez y su escombro tecnológico

El artista Carlos Sáez (Valencia, 1988) se inspira en el terreno audiovisual del manga y de Internet, absorbiendo, subvirtiendo y recontextualizando sus tropos icónicos y su lenguaje gráfico, para crear un rico y diverso corpus artístico. Un paseo multisensual por la relaciones entre el ser humano y la tecnología alzando su propia estética fluida y futurista.

Ya sea para transformar un show en un asalto sensorial hiperactivo, generar esculturas aprovechando residuos electrónicos, o dar vida a un show musical, Carlos Sáez se consolida como el maestro de la originalidad y la innovación en el panorama artístico nacional.

Se fue a Madrid para estudiar dirección de arte y a los 21 años se convirtió en el director creativo de una cadena de hoteles, pero entendió que ese no era su camino. Así que inició su carrera como artista hace más de una década con su “vertedero digital”, un flujo inabarcable de imágenes en la red.

Imagen portada: Carlos Sáez testeando software de sincronía láserpara Dual Mismo. Foto: Ines Sans

Como buen millennial, dinamita las clasificaciones del arte contemporáneo y se sirve de diferentes medios como ilustración, vídeo, 3D, luz, sonido o escultura con los que plasma el deseo del ser humano por modificar su apariencia natural. Esa transversalidad impregna el trabajo de Carlos, un autor que posee un multidisciplinar amasijo creativo y abraza un amalgama de conceptos transhumanistas como extropía y libertad morfológica, entendida como el derecho de modificar los cuerpos. Pero también lo queer, la fluidez de género o el fetichismo hardware, la reliquia y la atracción por el residuo. El resultado es visible en las formas y en los fondos de este creador que aúna lo digital y lo analógico con total libertad e irreverencia. Un viaje a el universo de los sistemas de comunicación, el tiempo y el espacio negativo que deja la información a través de piezas que proporcionan una experiencia cohesiva a la vez que abstracta y ambiental.

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Slah (solo show Concrete Effect en Espai Tactel, 2019). Foto: Nacho López Ortiz

Al principio

María Muñoz: Muy joven ya eras director creativo de una cadena de hoteles, casi un niño prodigio, ¿no fue un cargo de mucha presión para esa edad?

Carlos Sáez: No recuerdo el sentimiento de presión. Recuerdo mucha ilusión y sobre todo a un equipo muy dispuesto a ayudarme y a enseñarme. Tuvieron mucha paciencia conmigo y aprendí mucho con ellos. Luego entendí que no era mi camino.

M.M.: Entonces, ¿cómo entraste en contacto con las artes visuales?

C. S.: No sabría decir un momento concreto. Mi generación ya creció inmersa en un contenido audiovisual muy estimulante. El primer contacto a ese nivel probablemente fuese el arte de Dragón Ball Z. De hecho, muchas de las ideas que trabajo ahora ya se trataban en esta serie, como es el caso de la libertad morfológica. A los 15 años me instalé el Freehand y creo recordar que lo primero que intenté vectorizar fue una explosión de DBZ.

M.M.: Casi todos los artistas que conozco pioneros en arte digital, a pesar de tener haber estudiado arte, se declaran autodidactas —por motivos obvios, creo…—. Y tú, ¿te declaras autodidacta? ¿Crees que la educación reglada no sirve? —especialmente en el caso de los artistas—. O sea, ¿perteneces a esta tendencia antiacademicista?

C. S.: Considerarme autodidacta significaría anular a muchas personas que me han enseñado cosas. Desde profesores a amigos, pasando compañeros de profesión o creadores de tutoriales en Youtube. Es cierto que me he llevado gratas sorpresas experimentando con materiales, programas y técnicas que desconocía, pero no creo que aprender cosas fuera de un aula signifique ser autodidacta a día de hoy.

M.M.: Ya veo, entonces, ¿crees que conocer técnicas, movimientos artísticos y métodos ayuda a forjar tu identidad como artista?

Por supuesto, todo conocimiento ayuda, pero a la vez no es indispensable.

M.M.: Vives en Valencia: luz, sol, playa, huerta, Sorolla, Calatrava y su arquitectura futurista. Pero también, corrupción, luchas de poder, ruta del bacalao (aunque eres muy joven), ¿qué aporta el Mediterráneo y Valencia a tu trabajo?

C. S.: Al volver de Madrid,me reinstalé en Valencia por casualidad. En aquella época todo mi trabajo era digital, lo que me permitía vivir en cualquier lugar. Valencia tiene una estructura urbana muy especial, con grandes áreas protegidas prácticamente dentro del núcleo urbano. Uno siempre está a diez minutos en bici de una zona de huerta. En coche no tardas ni 12 minutos en perderle la vista a los edificios. Además aquí todavía se encuentran espacios increíbles para compartir con otros artistas cerca de la ciudad.

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Monument to dead media, Instalación para performance Tormenta, de Arca (Montreal). Foto: Carlo Sáez

Extropía y libertad morfológica

M.M.: Buceando en tu Instagram, una mezcla de perfil profesional y personal, aparecen animales. Tienes un gato negro y hermoso y fotos con él aparentemente inocentes. Pero hablas de “amor interespecie”, un concepto que lleva a otras nociones que utilizas en tu trabajo, como la “libertad morfológica”, que parte de la ética transhumanista: las fronteras entre seres vivos y seres humanos y entre biología y técnica. Sin ir más lejos, tus series de collages digitales Human Appearance Optional tratan de todo esto. ¿Cómo empezó tu pulsión e interés por esos temas? ¿Recuerdas alguna situación clave, de despertar, de curiosidad? ¿Algún momento, digamos, epifánico?

C. S.: De pequeño se me quedó grabada una escena de Jumanji en la que Alan le abre un agujero en los pantalones a Peter para liberar su nueva cola de mono. Siempre me han apasionado las transformaciones y fusiones de DBZ o de cualquier serie. En 2011 empiezo a interesarme por el transhumanismo y a través de Natasha Vita-More y Max More descubro la filosofía de la extropía, donde se hace referencia al concepto de libertad morfológica. De esta línea de pensamiento me llamó mucho la atención el enfoque optimista que ofrecen del futuro.

Poco después, durante el festival Share Conference 2013, en Rijeka (Croacia), conocí a Khannea Sun Tzu, una artista y activista transhumanista residente en Second Life. Khannea llevaba años experimentando la libertad morfológica con distintos avatares en esta plataforma. Ella me explicó que a veces se presentaba como humana y otras como súcubo. Me habló de las infinitas tipologías de antropomórficos, no antropomórficos y, entre otras muchas cosas, de su idea del metagenéro. Lo que más me gustó escuchar fue que a raíz de esta experimentación con la feminidad de forma virtual decidió iniciar su transición IRL (In Real Life).

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Human Appearance Optional, collage digital, 2018

RR.SS.

M.M.: ¡Fascinante! Siguiendo con herramientas virtuales, recorriendo tu Instagram, veo que es anecdótico al principio para convertirse en algo profesional. De hecho tu web esta vacía. Instagram es ahora tu ventana al mundo digital. ¿Por qué decides vaciar la pagina web y quedarte con esta red?

C. S.: Ahora mismo me aburre la idea de documentarlo todo en formato portafolio. Siento que la web profesional aísla demasiado la obra de la personalidad del artista. Supongo que es algo temporal y quizá cambie de parecer en un futuro.

M.M.: Sigamos con Internet y el papel de las redes como herramienta social, ¿qué otras redes usas?

C. S.: DeviantArt, Discord, Mastodon, Reddit. Ninguna de ellas con mucha frecuencia.

M.M.: Y ¿crees que funcionan como dispositivo de diseminación visual, que ahí se encuentran subculturas, nichos, etc. de otro modo invisibles? O por el contrario, ¿es una herramienta más al servicio del capital?

C. S.: Diría que son ambas cosas.

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VGArden, instrumento audiovisual realizado con 100 monitores VGA abandonados, hackeado para ser reactivo al audio (work in progress)

M.M.: Tu perfil de Instagram tiene 40K seguidores y sigues a menos de dos millares. Dicen que para ser alguien en esta red, la cosa es que te sigan mucho y seguir poco, ¿qué tipo de perfiles sigues o te interesan?

C. S.: De Instagram me interesan mis amigos, los artistas que me gustan, las páginas de información, la gente divertida y las cuentas de videos de Tik Tok.

M.M.: Pero, ¿qué piensas de la capacidad que tienen todas estas redes digitales para distorsionar la realidad? Todo eso de la posverdad…

C. S.: Creo que las herramientas digitales impulsan muchísimo nuestra propia capacidad para asumir como real algo que no lo es, pero en ningún caso responsabilizaría a una única tecnología de ello, ya que es algo que lleva ocurriendo a menor escala toda la vida. La llegada del mass media también trajo consigo una importante distorsión de la realidad que ahora consideramos real. Diría que cada generación se acostumbra a un grado de virtualidad mayor y lo asume como real. Seguramente el concepto de realidad que teníamos en los 1980, resultaría muy virtual para alguien del siglo XVIII.

Inicios

M.M.: ¡Pues seguro que sí! Pasemos a tu producción artística. Tu primera incursión fue en 2012 con Cloaque.org un proyecto web curatorial realizado conjuntamente con Claudia Maté. Estaba basado en el concepto de “cadáver exquisito” y participaban artistas digitales de todo el mundo de forma colaborativa. ¿Cómo nace este proyecto?

C. S.: Cloaque.org nace como vertedero digital donde recopilar, tratar y ensamblar basura de Internet. En aquellos años algunas redes sociales como Facebook y Tumblr estaban dando mucha visibilidad a la escena digital y netart. Pronto invitamos a gente a participar en Cloaque y el proyecto acabó mutando en un espacio de exposición para artistas digitales. Exportamos la idea a diferentes formatos como el gif y el vídeo con “cloaque.mov”.

M.M.: La técnica de cadaver exquisito fue muy usada por los surrealistas. Ellos y los dadaístas vivieron esa pulsión de la crisis entreguerras y el cuestionamiento de un orden y racionalidad que se resquebrajaba. Ahora nuestro mundo también se ha resquebrajado, ¿qué similitudes ves entre ese momento y este distópico momento que estamos viviendo ?

C. S.: La ironía del arte postinternet recuerda a la del dadaísmo, seguramente se deba a sus raíces pesimistas. Cloaque nació durante la crisis financiera de 2008, que azotó a Europa en 2010. Recuerdo Internet plagado de imágenes subversivas, estética de violencia, capitalismo absurdo, Primavera Árabe, Tumblrs como Visual Aids o R-U-IN?S y mucho witch-house. Siento que el Zeitgeist del presente continua en esta misma dirección y a una velocidad tecnológica que nos cuesta manejar. Como dicen los de DIS, “The present in Drag”.

Carlos y Arca, una simbiosis perfecta

M.M.: ¡Ah los DIS, muy en tu onda! Cambiemos de tercio. Tienes muchas colaboraciones con la productora musical Arca, aka Alejandra Ghersi. ¿Dónde os conocisteis? Y ¿cómo y cuándo empezasteis a colaborar?

C. S.: Nos conocimos en el festival Deckmantel. La primera colaboración que hice con ella fue un flyer para su fiesta Bussy. Era un tigre antropomórfico haciendo el pino en calzoncillos de corazones.

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The Mech Bull Scene para la performance Mutant:Faith, de Arca. Foto: Annie Forrest

M.M.: Además con Arca aparecen otros de tus temas de interés: la filosofía queer, lo no binario, la fluidez de género, ¿son importantes esos temas para ti?

C. S.: Antes de conocer a Alejandra mi acercamiento a la fluidez de género había sido únicamente de forma teórica y desde un punto de vista transhumanista. Al empezar a trabajar en conjunto con su identidad artística, todo adquirió un significado mucho más explícito y real. Su transición convirtió toda la teoría en práctica. No solo entendí, sino que descubrí muchas cosas que desconocía, algo muy frecuente en nuestra relación. Alejandra es una de las personas más fascinantes que he conocido nunca. Ella es un universo en sí misma.

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The Mech Bull Scene para la performance Mutant:Faith, de Arca. Foto: Annie Forrest

M.M.: En ese universo Arca sigues colaborando. Has hecho unas piezas que interaccionan con el cuerpo y que Arca usa en sus performances. Me refiero a Chihuahua Claw y Máscara láser. Otro concepto importante que aúna —en mi opinión— las características, tanto estéticas como ideológicas, de vuestra sinergia es el concepto de cyborg (o cíborg en castellano). A finales del siglo pasado, cuando eras un adolescente, en su Manifiesto Cyborg, Donna Haraway aboga por la imagen del cyborg como ser que no es ni humano ni máquina, ni hombre ni mujer. ¿De dónde surgió tu interés por desnudar esa relación alienante y supersticiosa que tenemos entre el ser humano y la tecnología?

C. S.: En mi caso influyó mucho el haber crecido en un periodo de mutación de lo analógico a lo digital. Era joven y pude adaptarme a las tecnologías de información digital con facilidad, pero a la vez suficientemente mayor como para no darlas por hecho. Ahora es imposible no comparar con el pasado y ver lo integrada que está la tecnología en nuestras vidas y lo mucho que ha cambiado nuestro presente. Además, lo que llamábamos hace 10 años “nuevas tecnologías” supusieron realmente un “expansión pack” para la creación y experimentación artística. No se trataba simplemente de una nueva herramienta. Era un nuevo medio, una nueva forma de aprendizaje, un nuevo concepto, una nueva estética, una nueva forma de exposición e incluso un nuevo tipo de error. Por ese motivo comencé a usar la tecnología digital como medio y como concepto, en el que más adelante incluí las tecnologías no digitales.

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Monument to dead media, Instalación para performance Tormenta, de Arca (Montreal). Foto: Hart Lëshkina

Dual Mismo, pensamiento no dualista

M.M.: ¡Una visión fresca a la vez que lúcida! La primera vez que vi algo tuyo fue la instalación Dual Mismo en el festival MIRA. ¡Quedé alucinada! Recuerdo caminar por la instalación de lásers como si fuesen un bosque de conexiones neuronales verde flúor con las pulsaciones de la música tecno de fondo. ¿Cómo lograste transformar ese grito de atención hacia la luz en un proceso creativo?

C. S.: Mi intención con Dual Mismo era la de componer un espacio que altere en la medida de lo posible la percepción de la realidad. La instalación, que solo ha sido expuesta en su forma completa en el MIRA 2019, juega con efectos de diferentes tipos, tanto digitales como físicos. Las esculturas físicas parecen virtuales y a la vez trato de convertir lo virtual en real. Me interesa la línea de pensamiento no dualista de Hans-Georg Gadamer con respecto a la relación entre realidad y virtualidad que define como dos puntos unidos por una linea gradual. Gadamer se refería a las expresiones artísticas como “virtualidades estéticas”, y explica que al ser admiradas por un sujeto se da algo llamado “Spiel”, en el que el objeto no es únicamente observado por el sujeto, si no que ejerce un papel activo sobre el mismo, sumergiéndolo en su virtualidad.

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Dual Mismo, vista instalación en Future Gallery, Berlín

Concrete Effect, la estética del propóstito

M.M.: Palabras mayores… Ese mismo año, en 2019 inauguraste tu primera exposición en solitario llamada Concrete Effect en la galeria Espai Tactel. Ahí pasas a la dimensión física presentando una serie de trabajos escultóricos que parten de la maquinaría abandonada. Aunque sigues con ideas similares sobre el uso o desuso de la tecnología, aquí introduces nuevos capítulos conceptuales: el fetichismo hardware y los residuos electrónicos (e-waste) en turbadoras esculturas como Crânios, Slah y Corpse. ¿Qué es lo que te fascina de este imaginario?

C. S.: Para mí es interesante la capacidad comunicativa que tienen algunos objetos a pesar de haber cesado su funcionamiento o la información que alguna vez fluyó por ellos. Boris Groys lo explica muy bien comparándolo con los acueductos romanos, por los cuales fluyó agua durante un largo periodo de la historia y ahora, vacíos, siguen en pié cumpliendo una función comunicativa y estética. Groys a su vez compara estas construcciones con los centros de datos y plantea un escenario en el que estas nuevas construcciones dejen de tener su uso actual. Yo suelo crear esculturas a partir de piezas que fueron diseñadas para realizar una función y esta estética del “propósito” se transmite al conjunto final. Además, crear maquinaria del futuro a partir de objetos del pasado genera cierto anacronismo en el presente que me gusta.

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Corpse (solo show Concrete Effect en Espai Tactel, 2019). Foto: Nacho López Ortiz

No hay nada de “soft” en el software

M.M.: También el tema de los desechos y de la obsolescencia programada se puede relacionar con compromiso medioambiental, el Antropoceno y demás. Estos temas están muy presentes en el arte contemporáneo, ¿por qué crees que este patrón narrativo gusta tanto al artista contemporáneo?

C. S.: Recopilar y trabajar con desechos tecnológicos no solo es una buena forma de archivar acontecimientos históricos, también ayuda a evidenciar el inmenso escombro como resultado del protagonismo de la tecnología en nuestras vidas. Concretamente los medios digitales llevan asociados una connotación de inmaterialidad totalmente falsa. Cuando hablamos de desmaterialización de la tecnología solo podemos referirnos a la sensación que el usuario percibe de ésta en el producto final, es decir, un teléfono cada vez más fino y menos pesado. El 99% de los materiales, altamente contaminantes, han sido descartados en el proceso de manufactura. Como dice Jennifer Gabrys, “El software no existe, porque no hay nada de “soft” en ello”.

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Carlos frente a su pieza VGArden

Multi-medium y fetichichismo hardware

M.M.: Brillante statement, ¡ese me lo apunto! Pasemos a aspectos más formales de tu trabajo. Exploras muchísimos formatos. En tu proceso creativo has utilizado ilustración, vídeo, 3D, escultura, instalaciones interactivas, protésis para el cuerpo —Light Wings o la garra—, sonido y música —video juego de Balenciaga—. ¿Que tipo de mecanismo creativo te lleva a la selección de un formato u otro?, ¿un material u otro?, ¿como te planteas el inicio de una obra?

C. S.: Lo primero suele ser el texto. Llevo diez años trabajando con la idea de “humano y tecnología” así que se podría decir que esta fase es la única constante en mi trabajo. Suelo apuntar algunas ideas acerca de un tema relacionado. Cuando decido llevar un tema a la práctica artística, pienso cuál es el mejor medio o disciplina para ello. Es por eso que casi todo era digital antes de empezar a trabajar con el fetichismo hardware. Muchos materiales se deciden en esta fase, sobre todo, si son materiales que refuerzan el concepto. Finalmente hay una fase estética, mucho más impulsiva y juguetona. Esta es la parte menos comprometida para mí porque hace tiempo que me perdoné el no seguir una única línea y ser un caos en este aspecto.

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Portada de album Kick de Arca. Imagen: Carlota Guerrero, Carlos Sáez y Arca

Art shows: proyección internacional

M.M.: Inexorablemente tenemos que hablar del componente comercial de tu trabajo. Has colaborado con la industria de la moda (marcas de lujo como Prada, Balenciaga) y también marcas de electrónica como Samsung, entre otras. Además tienes representación en la galeria Espai Tactel. Fruto de tu colaboración con ellos, tus piezas forman parte de la colección del IVAM y DKV. Así que creo que en tu caso se puede decir que “vives del arte”. ¿Qué te produce más satisfacción, colaborar en un proyecto para una gran compañía o vender una obra de arte?

C. S.: A mí me produce mucha más satisfacción conseguir monetizar aquello que es fruto de mi expresión al cien por cien. Hace que pierda la noción de estar trabajando. Las comisiones asociadas a marcas, por lo general, traen consigo filtros y límites que no se dan en el desarrollo de la obra personal. En cualquier caso, lo que más valoro es la experiencia en el proceso del proyecto en cuestión, que depende en gran medida de las personas involucradas en el proyecto. En el caso de Prada y Balenciaga tuve la suerte de trabajar con Alejandra y Claudia Maté, que son dos de mis personas favoritas.

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Cranios (solo show Concrete Effect en Espai Tactel, 2019). Foto: Ines Sans

M.M.: Ya veo, con Claudia iniciaste Cloaque y de Alejandra ya hemos hablado. A nivel expos, has participado en muestras nacionales e internacionales, en centros tan prestigiosos como el Witney Museum o el MOMA de Nueva York. ¿Notas diferencias en la recepción de tus trabajos en diferentes contextos culturales?

C. S.: En ambos centros mi trabajo formaba parte de exposiciones colectivas de videoarte que reunían a centenares de artistas de todo el mundo. PopRally, en el MoMA, seleccionaba obras de vídeo experimental vía Vimeo. En el Museo Witney se expuso Ways of Something comisariado por Lorna Mills, quien reunió a gran parte de la escena digital para realizar un remake contemporáneo del documental Ways of Seeing, de John Berger. Por ello, más allá de la recepción de mi obra en concreto destacaría la contemporaneidad en la forma de idear, organizar y llevar a cabo proyectos expositivos dando voz a artistas emergentes de todo el mundo.

M.M.: Sí, la verdad es que eso tiene nuestro tiempo. Ahora mismo eres el encargado de la imagen visual de la futura exposición You got to get in to get out sobre la cultura tecno que tendrá lugar el próximo en otoño en La Casa Encendida, ¿cuál es tu pulsión a la hora de realizar estos trabajos que vas publicando en tu Instagram?

C. S.: Trato de crear escenas íntimas que muestren un lado un poco más orgánico de la tecnología. Uso maquinaria proveniente del mundo del motor, como de costumbre, pero ahora con más motivo y aludiendo a la industria automovilística de Detroit, una de las cunas del tecno. La serie es una progresión que va desde un punto más industrial a uno más natural, en el que se entiende la maquinaria como flora.

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Skin (solo show Concrete Effect en Espai Tactel, 2019). Foto: Nacho López Ortiz

Algoritmos, grandes corporaciones y descentralización de la red de redes

M.M.: Para ir acabando, volvamos a aspectos mas genéricos de la sociedad actual, acostumbrada a la velocidad de la tecnología y concienciada para asumir los cambios. Como hemos visto, la tecnología (en todas sus modalidades) es el alma máter de tu proyecto artístico. Pero el uso de la tecnología y la idea del “monopolio de la atención” que tiene sobre la población, ¿nos está privando de ver otras cosas? ¿Crees que se está minimizando la capacidad de análisis por esa consabida inmediatez que proporciona? Y ¿que piensas de esa confianza ciega en los algoritmos que predicen nuestro comportamiento?

C. S.: En estos casos es importante centrar la materia en el usuario y no la herramienta. Los algoritmos son entrenados por humanos y durante dicho entrenamiento se transfieren nuestros intereses, errores, defectos. El manejo de datos a gran escala pertenece por lo general a empresas privadas que codifican algoritmos para intereses privados. En una sociedad como en la que vivimos es imposible que no se abra algo así como una “brecha algorítmica” que excluya de la ecuación a un importante sesgo de la población. Como siempre, el problema no es la tecnología, sino quién la va a manejar y con qué fines.

M.M.: Ya pero su capacidad de análisis de datos, para bien o para mal, creo que supera el entendimiento humano … En esta era de revolución digital, ¿existen alternativas emancipadoras a nuestro paradigma actual de comunicación online?

C. S.: Hay razones para pensar que sí. El movimiento de descentralización de Internet existe, un buen ejemplo son las cadenas de bloques. Para liberar Internet de la gestión de datos por parte de las corporaciones, sería necesario sustituir el uso de los servidores de los grandes centros de datos por servidores autónomos. Técnicamente es viable, el problema como siempre es la educación y los intereses del conocimiento de tipo económico. El dato genera un dinero que las corporaciones quieren y los usuarios queremos la comodidad que las corporaciones nos pueden dar. Generalmente se nos educa para manejar una interfaz sencilla y preguntar poco. Pero existen redes sociales descentralizadas de código abierto que funcionan del mismo modo que las privadas.

M.M.: La verdad es que sí que estamos un poco anestesiados. Los artistas actuales tenéis una capacidad de investigación que probablemente no ha existido en ninguna otra época. ¿Tu idea en un futuro es utilizar tecnologías avanzadas, o por el contrario reflexionar sobre el impacto que ellas producen en la sociedad?

C. S.: Me interesa el trasfondo de una tecnología sin importar si es o no la más novedosa. No me considero un perfil técnico en absoluto, ya que no domino ni la mitad de las disciplinas con las que trabajo. Además, opino que el avance que más puede beneficiar a la tecnología es mejorarnos a nosotros mismos como comunidad. De nada sirve crear una inteligencia artificial si ésta va a pecar de nuestra misma falta de integridad, por ejemplo.

M.M.: Otra vez sorprendida de tu lucidez. Creo que hace tiempo que no disfruto tanto con una entrevista. En este año de pandemia, el arte y la cultura se han visto más que nunca afectadas. De cualquier forma, el arte siempre ha estado impregnado de un componente de compromiso con la su actualidad. ¿Crees que el arte puede intervenir, hacer reflexionar o corregir tendencias en el pensamiento colectivo, generar experiencias empáticas?

C. S.: Puede siempre y cuando esa sea la intención del artista.

COVID-19, ¿paréntesis o reset?

M.M.: Y la pregunta que hago a todos mis entrevistados desde que comenzó el caos del Coronavirus y la crisis que ha provocado a todos niveles. ¿Piensas que será un paréntesis o por el contrario un reset y cambio total de paradigma?

C. S.: Me gusta pensar en los cambios de paradigma como algo gradual. Aunque en una gráfica temporal se apreciara un salto de una etapa azul a otra amarilla, todavía podríamos ver en medio una franja de píxeles verdes al ampliar. Creo que nada va a ser lo mismo, como siempre.

M.M.: Hablando de escenarios distópicos, ¿cuáles de las distopías contemporáneas te preocupan más: el cambio climático, la ecología, la emergencia de políticas fascistas mundiales, la vigilancia global…?

C. S.: Los cuatro derivan de la madre de los desastres, que es la estupidez humana. Pero sin duda me quedo con el cambio climático y la ecología ya que son los más difíciles de revertir.

Balance y futuro próximo

M.M.: Para cerrar nuestra conversación, ya que inauguras la sección de arte de nuestra revista impresa en este año 2021, ¿que balance haces de este pasado 2020 pandémico?, ¿que ha supuesto para ti a nivel artístico y personal?

C. S.: Me tome la pandemia como momento de reflexión. Me obligué a parar y pensar de verdad. Esto ha supuesto un importante cambio en la forma en la que empleo mi energía.

M.M.: Que planes tienes para este 2021. Aunque, hoy por hoy parece que no podemos hacer planes a largo plazo.

C. S.: Voy a centrarme en Pluto, una nave industrial que he acondicionando con mis amigos para dar alojamiento creativo a artistas en Valencia.

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Neuron (solo show Concrete Effect, Espai Tactel, 2019). Foto: Nacho López Ortiz

En primera persona, cuestionario

M.M.: ¡Excelente! Hace tiempo que no hacemos este cuestionario personal (o trampa). Me apetece hacértelo a ti.

C. S.: Si me lo permites te respondo en porcentajes.

M.M.: Por supuesto ¿Individualista o colectivista?

C. S.: 30% / 70%

M.M.: ¿Izquierda o derecha?

C. S.: 95% / 05%

M.M.: ¿Revolución o consenso?

C. S.: 50% / 50%

M.M.: ¿Rompedor (estilísticamente lo eres, pero a nivel personal) o conservador?

C. S.: 50% / 50%

M.M.: ¿Mainstream o underground?

C. S.: 15% / 85%

M.M.: ¿Irreverencia o pleitesía?

C. S.: 80% / 20%

M.M.: ¿Cultura del espectáculo o contracultura?

C. S.: 25% / 75%

Muchísimas gracias Carlos y ¡mucha suerte con todo!

Instagram Carlos Sáez