Fundación Cerezales Antonino y Cinia:

Planes culturales fuera de la ciudad para el verano: la Fundación Cerezales Antonino y Cinia expone este verano A punto de ser nada, una exposición sobre ecología y territorio que se puede visitar hasta el 21 de noviembre.

La Fundación Cerezales Antonino y Cinia (FCAYC) se instaló en 2009 en el pueblo leonés de Cerezales del Condado —a 30 escasos kilometros de León— nace como donación de un hijo del pueblo, Antonino Fernández, humilde emigrante a México tras la guerra. Allí hizo fortuna gracias al grupo cervecero comercializador de la cerveza Coronita. La fundación, si bien cabe dentro del eterno debate centro-periferia, ha puesto mucho cuidado en integrar al pueblo y evitar convertirse en un centro snob y extraño que los urbanitas del mundo del arte visitan en cada inauguración.

Foto portada: Chema Sarmiento, «Los Montes», documental, 1981. Conjunto de Dicksonia antarctica y Cyathea, procedente de los viveros de CIUDEN

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Vista general de la exposición

Antonino Fernández, Coronita y Cerezales del Condado

Su origen habla del conflictivo pasado rural español y de la emigración masiva que sufrió durante todo el siglo XX. La primera y principal misión de Antonino Fernández fue recuperar las escuelas, comenzando con el último aula que pisó antes de irse del pueblo con 14 años tras la guerra civil. Hoy es la sede de la Fundación Cerezales, en conjunto con su ampliación que se inauguró en 2017.

A punto de ser nada: la huella del Antropoceno

A punto de ser nada conserva paisajes al borde de la desaparición. Presenta de un modo multitemporal restos de materia, de energía y de formas que han sido localizadas y creadas en distintas sesiones de trabajo de campo de las artistas Irene Grau, Juan López y Jorge Yeregui a lo largo de los últimos tres años. La investigación enlaza tiempos y campos, así como todo tipo de sustancias.

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Trabajos de campo. Gran Corta de Fabero

Si según apunta el pensador marxista Marshall Berman en uno de los textos que encabeza la guía de la muestra: «ser moderno implica alegría, crecimiento, transformación de nosotros mismos y del mundo, pero también amenaza con destruir todo lo que tenemos, conocemos, o somos».

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Trabajos de campo. Nueva Julia en Carrasconte

Compuesta por tres salas, en la planta baja la exhibición discurre entre karst, minas, montañas, grandes infraestructuras e imágenes agrarias que amplían nuestros imaginarios y nos dotan de narrativas que resuenan sobre el terreno baldío con pasado minero.

Irene Grau

El film de Nikolaus Geyrhalter y una instalación de fragmentos de voladuras con registros fósiles de Dicksonia, helechos y troncos se encuentran delante de la instalación de 14 pinturas monocromas negras de Irene Grau. Plenairista conceptual, como ella se autodefine, en este trabajo pone de manifiesto los efectos del extractivismo, lo oscuro y el negro geológico, mediante un exhaustivo proceso pictórico a estratos que tiene como resultado lienzos oscurisimos montados en bastidores de pino, también teñidos de negro.

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En primera linea: fragmentos de voladuras con registro fósil procedentes de mina Nueva Julia en Carrasconte. Detrás: Irene Grau, «Sobre A punto de ser nada», instalación

Juan López y las cicatrices del pasado

Las Dicksonias antarcticas, no en huellas sobre trozos de piedra sino vez vivas y verdes ocupan gran parte de la sala. Las Dicksonias antárticas son el único eslabón vivo cercano a los fósiles de la zona y además habitan las faldas de las minas abandonadas. ¿Qué sucede cuando toda la actividad se interrumpe y el futuro se cancela dejando profundas cicatrices en las almas de las personas y del paisaje?

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Juan López, «Devolver su ruido», 2021, detalle

En Devolver su ruido, en una placa de pizarra, un robot con una aguja y altavoces, Juan López devuelve —como el nombre de la pieza indica— el ruido a las canteras de pizarra, o a la Gran Corta de Fabero, una de las minas de carbón a cielo abierto más grandes de Europa. Y con el ruido, la nostalgia de una economía de la abundancia. Además López recapacita sobre la capa tecnológica que impregna el mundo rural. En sus collages, refleja no solo al extractivismo relativo a los recursos naturales, sino también a seres vivos no humanos.

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Juan López, «No hay tal desastre», 2021

Jorge Yeregui

Las Montañas Perfectas de Jorge Yeregui tienen delante unas mesas que contienen el Tesoro del Delfín y muestras de minerales y fósiles de la Colección de la Real Academia de Artillería de Segovia. Además comparten pared con un vídeo publicitario de hydroseeding. En general, el trabajo de Yeregui recoge la relación entre arquitectura, medioambiente y los efectos de la transformacion del territorio por mega infraestructuras.

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Fondo: Jorge Yeregui, «Montañas perfectas II y III», 2021. Frente: mesa con selección de 28 muestras minerales y fósiles, facsímil y mapa

Según asegura durante la presentación, la visión poética de «ahuecar la montaña, meter la mano y sacar trozos de ella», como es el caso de la montaña vaciada de Valporquero, inspira en gran medida sus Montañas perfectas I, II y III.

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Jorge Yeregui, «Montañas perfectas III», 2021 y Dicksonias antarcticas

Sala de Escucha

Cumpliendo con el tercer eje temático de la fundación dedicado a la música y el sonido, A punto de ser nada finaliza con una sala de escucha que abre la muestra a diversos paisajes sonoros. A través de 44 trabajos discográficos de todo el mundo, agrupados en cuatro listas: Antroposfera, Litosfera, Biosfera y Troposfera, se puede oír lo que suena sobre y bajo el suelo; las reverberaciones de los valles, montañas y ríos; grabaciones de campo; canciones de trabajo; música tradicional, o propuestas contemporáneas que miran a paisajes en continua transformación.

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Izq: Juan López, «La \\|| (x)|o», 2021. Der: Nikolaus Geyrhalter, «Earth», documental, 2019

Historia de la Fundación Cerezales. La escuela republicana

Estas escuelas dónde se originó la Fundación Cerezales no son unos centros docentes cualesquiera. El edificio de época republicana fue proyectado por el arquitecto Luis Aparicio Guisasola en el año 1933. Con una división central, servía como colegio de niños y de niñas, de forma segregada, y estaba rodeado por sendos patios de recreo. En los años 50, el éxodo rural provocó el cierre del colegio y el consiguiente abandono del edificio.

Las escuelas fueron el primer eslabón de FCAYC, que no ha parado de crecer desde entonces, tanto en tamaño como en actividades e investigaciones sobre la zona. Para garantizar que el pueblo tenga voz y voto en las decisiones de la Fundación Cerezales, el presidente de la Junta Vecinal forma parte del patronato.

Nuevo edificio: una cabaña elemental

En el año 2011, la Fundación Cerezales comienza a estudiar la forma más adecuada de mejorar su equipamiento impulsada por el crecimiento de su equipo. Y por la consolidación de las tres principales líneas de trabajo en torno a la investigación, transferencia y distribución abierta de conocimientos y prácticas.

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Vista posterior de la ampliación de FCAYC por estudio AZPML. Foto: María Muñoz

Tras un periodo de análisis FCAYC encarga el proyecto Alejandro Zaera Polo & Maider Llaguno, AZPML. Se trata de un proyecto de escala discreta que evoca la idea de la cabaña elemental. Éste incluye nuevas infraestructuras integradas en el conjunto urbano de Cerezales, sostenibles económica y energéticamente, en parcelas contiguas a las escuelas. En 2014 la escuelita original se amplia con un edificio múltiple de 2.800 metros cuadrados que alberga una sala de exposiciones y un auditorio y que finalmente se abrió al publico en 2017, año en que ganó el I Premio a la Construcción Sostenible.

Sostenibilidad

La nueva sede de la Fundación Cerezales está concebida desde una perspectiva de sostenibilidad integral que busca minimizar el impacto ambiental del edificio a lo largo de su ciclo de vida. Uno de los elementos clave es la reducción y balance del consumo energético. Para ello se han utilizado materiales de baja energía y se ha optado por las estrategias pasivas, jugando con la orientación, la forma y las características de la envolvente para minimizar la demanda del edificio.

Por otro lado, los elementos activos para cubrir esa demanda son altamente eficientes, lo que permite reducir el consumo al menos un 30% sobre el de un edificio estándar. Utiliza tres fuentes de energía renovables: geotermia, biomasa y materiales de cambio de fase, lo que consigue además reducir las emisiones de CO2.

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Quintin (izq) y vaca en el prado de la FCAYC. Foto María Muñoz

Ejes de la Fundación Cerezales y su equipo humano y no humano

Los ejes son tres: música, arte contemporáneo y etnoeducación. En ese sentido su programación incluye ciclos, talleres y encuentros que van desde la ganadería autóctona a la micología. El equipo del FCAYC, está compuesto por humanos, bueyes, vacas y un burrito, Quintín.

El equipo humano coordina todas las iniciativas y las vuelca en la población. Gracias a la fundación el pueblo ha vuelto a contar con un bar (por supuesto una cantina donde se lee Coronita), además de otros trabajos derivados de la presencia de la fundación en Cerezales como son las tareas de mantenimiento y cuidado de las huertos, cuidado de Quintin y sus colegas, además de los trabajos relacionados con las exposiciones como montaje y vigilancia. Pero lo mejor la fundación es que ha logrado frenar el éxodo en una zona azotada por la despoblación.

Mediante la integración de la cultura contemporánea y como agencia de desarrollo del territorio pone en contacto mediante sus proyectos a agentes locales, regionales, nacionales y transnacionales.

Fotos cortesía de FCAYC


A punto de ser nada

Exposición hasta el 21 de noviembre y programa de mediación de mayo a junio

Fundación Cerezales Antonino y Cinia
c/ Antonino Fernández, 76
24150 – Cerezales del Condado, León