Lara Fluxà, entrevistamos a la joven artista mallorquina

La artista insular Lara Fluxá (Palma de Mallorca, 1984) trabaja la percepción de lo invisible a partir de materiales transparentes como el agua, a menudo salada, el vidrio en cuyo trabajo artístico está especializada y otros más fenomenológicos como el aire o la luz. Elementos familiares poseedores de poética propia cuya naturaleza la ha llevado a interesarse por la fragilidad y la potencialidad de riesgo o de accidente. En su sutil práctica artística aflora constantemente una conciencia ecológica que interroga sobre el delicado equilibrio del ecosistema y las consecuencias de su quebrantamiento, para acercarnos a la posibilidad de criaturas poshumanas y al vivir y morir sin impacto.

María Muñoz: La tuya es una carrera artística muy consecuente y consistente, desde 2010 con tan solo 25-26 años comienzas a trabajar con el mar y sal. Tus “Estudios de Salinidad” realizados en siete mares —Rojo, Muerto, Báltico, Mediterráneo, Mar de Azov y Mar de Bering— son muestra de ello. Supongo que el ser de las Baleares y estar rodeada de agua tiene que ver, ¿no?
Lara Fluxà: El agua salada para mi ha sido un elemento cotidiano, casi doméstico, algo muy habitual. Una materia que regula ritmos y que condiciona como moverte en un espacio limitado y delimitado, una isla. El mar es también un medio diferente en el que vivir, un lugar donde hay que adaptarse. Cuando era pequeña —rondaba el año—, mis padres junto a otra pareja de amigos construyeron un barco. La idea era cruzar el Atlántico, así que lo dejaron todo y zarpamos las dos familias: cuatro adultos y tres niñas. Mi familia no llegó tan lejos, bajamos en Marruecos. ¡Viaje frustrado! Después de aquello, todos los años pasamos mes y medio en el mar, crecí con el mar y con mucha sal.

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María Muñoz: Dices que la sal es un elemento vivo y frágil, un hecho dinámico ¿puedes elaborar un poco más esta idea?
Lara Fluxà: Me gusta pensar la sal como esa parte sólida de mar, disuelta y suspendida, invisible en un líquido, pero que al evaporarse, aparece. Sobre todo, entenderla como una materia que reacciona al medio, que se ve afectada, por la humedad, el sol, etc. se disuelve y se vuelve a cristalizar. Luego también es un dato, sabiendo el nivel de salinidad de un agua podemos determinar el mar del cual procede.

María Muñoz: ¡Ah interesante!, y de la sal pasas a la contaminación. En una trayectoria de escasos diez años tus trabajos apuntan hacia la delicada situación ecológica del planeta. ¿Te consideras una de esas artistas ligadas al Antropoceno, una linea o tendencia —digo tendencia porque de repente hay mucha actividad artística sobre ese “importantísimo” tema, i.e. Pierre Huyghe y demás—?
Lara Fluxà: No me importaría incluirme en esa lista, porque la cuestión me afecta y me altera. No obstante, a nivel artístico, me interesa mucho la percepción mental del riesgo, los futuribles que somos capaces de imaginar cuando presentimos que algo es potencialmente peligroso. Todo lo que allí se activa. Es verdad que he trabajado esa consciencia de riesgo investigando materiales, lugares o situaciones donde la acción/negligencia del hombre influye en un entorno natural, condicionándolo, agrediendo al ecosistema y a sus habitantes inmediatos. Son trabajos desarrollados y pensados esencialmente a través del agua como materia, que me permiten analizar la confiabilidad de su aspecto cristalino y la seguridad que despierta lo transparente. Así pues, más allá de un análisis profundo alrededor de la situación ecológica, me interesa activar la idea mental de amenaza y riesgo.

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María Muñoz: En tus investigaciones utilizas una aproximación casi forense, pero con un alto grado de poesía en la realización de las obras, ¿es poesía científica o ciencia poética o las dos cosas, poesía y ciencia?
Lara Fluxà: Hay materias o elementos con los que trabajo que llevan implícita una fuerte carga poética, política y física y de un modo u otro, acaban manifestándose todas al mismo tiempo. Dicho de otra manera, hay materiales que para mí son entendidos desde la poética de su condición física o política, aunque creo que te refieres también al formato aséptico que genero en algunas esculturas o instalaciones, para acercarme a conceptos como “realidad”, “verdad” o “utilidad”…

María Muñoz: ¡Exacto!
Lara Fluxà: La ciencia procura dar información de una realidad concreta, pero hay muchas más. Por ejemplo planteo la acción de medir como una estrategia inútil para afrontar aquello que es incierto. La ciencia limita las posibilidades de percibir lo analizado más allá del resultado que ofrece, por eso modifico y altero instrumentos y procesos de medición amplificando sus posibilidades y generando nuevos resultados que hasta el momento no se tenían en cuenta.

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María Muñoz: Sí, eso de la creencia ciega en la ciencia… Respecto a temas formales, aparte del agua del mar —y por extensión todo lo que en él se vierte— usas el vidrio como material y la instalación como disciplina, ¿por qué te atrapa tanto el vidrio?
Lara Fluxà: Del vidrio me interesan muchos aspectos: plasticidad, composición, proceso de trabajo y todo lo que allí ocurre —que es un pacto entre materia y gesto—, pero principalmente me inquieta cómo su física nos afecta y el conocimiento doméstico adquirido sobre él. El vidrio es y es percibido como materia frágil. Ese miedo a lo que es rompible nos violenta porque nos interpela a tener cuidado y a estar alerta. Si se rompe no se repara, se reemplaza. Esa vulnerabilidad del material no es más que un reflejo de nuestra propia materia frágil. Un vidrio cortante delante de un cuerpo carnoso. Esa amenaza. Hablar del miedo a que se rompa, es hablar del miedo a ser cortado y herido.

María Muñoz: Mucho lirismo en ti. Hablando de fragilidad como concepto, éste se repite en tu trabajo junto con el accidente y el riesgo. Todos están interrelacionados, ¿como los aplicas a las temáticas de desastre ecológico, medioambiental, incluso sanidad?
Lara Fluxà: Me interesa esa situación límite de potencia de autoagresión/autolesión, en este caso ecológica, que puede acabar en un desastre. Evidentemente detrás de eso hay unas políticas capitalistas y lucrativas muy determinadas. Pero más allá de la denuncia, lo que me importa es percibir y trabajar la autoamenaza del accidente. Y aquí cito a Paul Virilio para constatar la especificidad del accidente: “Inventar un objeto técnico es inaugurar un accidente específico: inventar el navío es inventar el naufragio; inventar el tren es inventar el descarrilamiento; inventar el avión, la ruptura y la electricidad, la electrocución”.

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María Muñoz: Parece que las “invenciones” humanas llevan implícito el fallo, no existe la perfección, de ahí el accidente. En “Dissolution Is The Best Solution For Pollution” que presentaste en 2016 en Amposta (Tarragona), usas el principio homeopático de la memoria del agua para tratar el conflicto de la contaminación del Ebro con mercurio. También de temas medioambientales va la muestra “Verni”, que presentaste a finales de 2018 en la Fundació Joan Miró de Barcelona, y con la que has obtenido el premio al mejor proyecto artístico de la ACCA (Asociació Catalana de Crítics d’Art). Primero explicanos que es verni, ¿es chapapote?
Lara Fluxà: “Verni” es una palabra propia de Mallorca, se usa para referirse a una materia oscura y pastosa que a veces encuentras aislada pegada a rocas al lado mar. Podría ser parte de la roca, una supuración líquida, un magma que por alguna razón no ha terminado de cuajar. Pero no, “verni” es un residuo lanzado al mar desde los buques petroleros cuando limpian sus bodegas. Es petróleo, en griego, aceite de roca. Ese aceite de roca hoy es el combustible de un sistema colapsado y que colapsa y que persigue la productividad por encima de la reproductividad y el cuidado, y de cuidado es de lo que trata mi “Verni”.

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María Muñoz: La expo, que me encantó, era una especie de paisaje surrealista de vidrio que a su vez contenía esa sustancia negra. De nuevo aparece el vidrio soplado y los conceptos de riesgo, accidente y fragilidad. Aquí pasas de las perfectas capsulas de cristal a una serie de finas formas escultóricas orgánicas, ¿por qué ese cambio de paradigma?
Lara Fluxà: Me interesaba un paisaje, una zona donde directamente las formas integraran y asumieran el aceite de motor. Usé el vidrio para generar y articular un ecosistema casi poshumano, una comunidad del compost, donde familias de criaturas, que ya nada tienen que ver con nosotros, se nutren de materiales y residuos encontrados. Aquí aparece el cristal sin ser cápsula de nada, sin ser contenedor de materias de estudio alguno. Es un abandono de las herramientas y formas de análisis humanas para dar lugar a organismos materiales.

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María Muñoz: En términos medioambientales, parece como si las piezas de vidrio aislaran de la toxicidad, pero precisamente por esa delicadeza, ¿sería el vidrio una metáfora del frágil equilibrio ecológico?, ¿un apunte hacia lo cerca que estamos —sino estamos ya— de una catástrofe?
Lara Fluxà: El “umbral ecológico” se define como el momento en que debido a un cambio/intervención/actuación en el ecosistema, éste no es capaz de volver a su estado original. Este concepto lo enlazo con el llamado “punto de no retorno”, ése punto que una vez cruzado, es físicamente imposible volver atrás y que obliga a continuar hacia delante, volver al equilibrio anterior deja de ser una opción. La exposición apela a ese y a otros límites. A cómo y dónde se sitúa nuestro límite en relación a otros cuerpos, cosas, ambientes… Uso dos materiales que ya de por sí poseen una potencia de accidente: el vidrio, que al romperse corta, contiene a su vez el aceite de motor usado, materia tóxica, viscosa, que mancha. Estas piezas se presentaron en el espacio expositivo directamente sobre el suelo, sin ninguna protección que impusiese una distancia concreta. Era interesantísimo ver cómo transitaban los visitantes. De repente los movimientos de los cuerpos se ralentizaban, tomando conciencia de su situación y de sus gestos para evitar el accidente, el pisar o tropezar con algo. Visitar la exposición se convirtió en algo incómodo: surgía la pregunta de hasta dónde acercarse y comprobamos que la precaución o el miedo es algo subjetivo y aprendido. El accidente en la exposición era posible, probable y sucedió. Los accidentes son inevitables.

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María Muñoz: ¡Ah sí, se rompió una pieza! “Verni” va también sobre economía y poder. La ciencia se pone al servicio de la explotación del petróleo y sus derivados, aunque también investiga la prevención de sus accidentes y el tratamiento de sus residuos. ¿No aloja esto una importante contradicción que probablemente solo se favorezca transacciones monetarias, incluyendo en estas transacciones la gestión de residuos?
Lara Fluxà: Claro, es el negocio de la gestión de residuos y del desarrollo de la tecnología para asumir la catástrofe. Sabemos que el accidente pasará, por ello existen una serie de estrategias desarrolladas, extendidas y comercializadas que proporcionan sensación de seguridad y control sobre lo que nos rodea, pero que no dejan de ser ficciones que buscan reconfortar. Por otro lado, una correcta gestión de residuos es lo mínimo que podemos pedirle a un sistema capitalista que no quiere renunciar a nada.

María Muñoz: ¡Cierto! Pasando de los que contaminan a los que observamos como contaminan, ¿con tu obra pretendes crear un estado de alerta o de consciencia del riesgo?, ¿como se involucra a la ciudadania en la toma de conciencia de lo común, como las consecuencias de la contaminación?
Lara Fluxà: Empatía interespecies. La comisaria Carolina Jiménez lo decía bonito: “Verni forma una comunidad del compost —tomado de Donna Haraway. “The Camille Story, Children of Compost”— que ha sabido comprender cómo heredar las múltiples dimensiones del vivir y del morir, permeando cada lugar y cada corredor ecológico”. Igual la cuestión es esa, cómo vivir y morir sin demasiado impacto.

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María Muñoz: Volviendo a la esfera puramente artística, el proyecto propicia también una reflexión sobre el valor de la obra de arte y los condicionantes impuestos por los materiales que usas. Cuando la obra es extremamente frágil o potencialmente peligrosa, ¿su valor es igual al valor de su riesgo?
Lara Fluxà: Bueno, puede resultar incómoda, crear rechazo, no querer hacerse responsable de algo que precisa cuidado y que implica ir alerta y despacio. Algo que puede ser temporal. Pero a su vez, justo ahí radica su potencia y fuerza y también valor (que no monetario).

María Muñoz: Para acabar, ¿en qué estás trabajando ahora? ¿Dónde y cómo podremos ver tus próximos proyectos ?
Lara Fluxà: A finales de abril, después de dos años maravillosos como artista residente, termino en Hangar.org de Barcelona. Preparo mi nuevo taller en FASE, en Hospitalet, un lugar de trabajo y de encuentro para todos aquellos —artistas, comisarios, investigadores— relacionados con las prácticas artísticas y el pensamiento contemporáneo. Luego tengo dos exposiciones: una en mayo, en un nuevo espacio expositivo de Barcelona, conducido por Louis Charles Tiar, Cati Bestard, Marta Sesé y Ana Ramírez; y la otra en junio, en ADN Platform, comisariada por Oriol Fontdevila.

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Imágenes: “Verni”, Fundació Joan Miró, Barcelona, 2018 – Fotos: Violeta Mayoral