Love Enqvist - Un Nosotros Común (entrevista)

Love Enqvist es un artista visual sueco con base entre Berlín y Venecia. Su trabajo se centra en la representación de la idea de comunidad, el cambio social y espacial y lo que está inscrito en la historia y memoria colectiva. Mediante fotografías, dibujo, performance, instalación o ensayo cinematográfico explora el lapso entre imagen, lenguaje y texto a través de una compleja red de relaciones presentes e históricas, fluctuando siempre entre lo físico y lo imaginario. Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, especialmente las bienales de Estambul y Gotemburgo. En 2015 fue residente en Gasworks (Londres) y en 2017 obtuvo el premio Celeste a la mejor película. Hablamos con Love sobre visiones utópicas, distopías, paradojas, ideologías y de como mejorar nuestras relaciones —físicas, no digitales— en comunidad.

Comencemos nuestra conversación hablando de tus amplios estudios sobre la utopía, concepto que parece funcionar como la columna vertebral de tu corpus de trabajo. En este momento que vivimos, en mi opinión, todo tiende más a las distopías que a las utopías. Además, mencionas la heterotopía en algunos de tus textos, ¿podrías explicar brevemente el papel que juegan estos tres términos en tu trabajo?

Love Enqvist: Un discurso utópico puede ser una forma de representación crítica de una sociedad, una especie de dualidad argumento/juego, no un lugar. Lo utilizo como una sombra que me da visibilidad a mí mismo. Utopía no trata de alcanzar una meta sino situarla en el futuro. Por supuesto, no hay utopía sin distopía. Por otro lado, las heterotopías están en cualquier sitio en el que coexisten contradicciones y me encanta estar en medio, dónde estas contradicciones suceden. Necesitamos alternativas para pensar en el futuro.

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Tus proyectos son casi todos extensos, continuados y a muy largo plazo. Por ejemplo, en Diggers and Dreamers, visitaste, observaste y documentaste catorce comunidades intencionales —definidas como comunidades alternativas, espirituales, eco aldeas y comunas— que existen en la actualidad. ¿Cuánto tiempo te llevó?, ¿por qué estás tan interesado en esas comunidades?, ¿parte de tu atracción formal es la arquitectura y la utopía espacial?

Love Enqvist: Sí, estuve trabajando durante cinco años aproximadamente en Diggers And Dreamers – Intentional Communities In A New Age. El proyecto consiste en fotografías, esculturas, películas y un libro de artista donde se presentan lugares como Ciudad Abierta en Ritoque (Chile), Eclectic City (Brasil), Auroville (India), Findhorn (Scotland) o Arcosanti (USA). Las preguntas y las categorías se formalizaron en el camino. Todo comenzó de manera bastante intuitiva a partir de un sentimiento de carencia profundamente relacionado con la vida cotidiana en Suecia, donde parece no haber alternativa al sistema. Me intrigaba ver cómo se han manifestado otras visiones en forma física. Aunque la mayoría de estas comunidades falla después de varios años, algunas han persistido desde los años sesenta. Las catorce comunidades intencionales que visité me revelaron que se pueden hacer las cosas sin pedir permiso, lo positivo de la flexibilidad y que los fallos son fructíferos, se aprende mucho de los fracasos. Además, la escala es importante para probar nuevas ideas y ver rápidamente los resultados de sus experimentos sociales.

Love Enqvist - Un Nosotros Común (entrevista)Love Enqvist - Un Nosotros Común (entrevista)Uncivilisation

Becket decía: “Fracasa de nuevo, fracasa mejor” … Como apuntas, la mayoría de esas comunidades se fundaron en la era hippie, algunas de ellas fracasaron y no sobrevivieron, ¿también has estudiado las que no sobrevivieron? Hay mucha literatura sobre todo esto, ¿te has inspirado en algunas de estas novelas?

Love Enqvist: A mediados de los setenta la mayoría de las comunidades experimentales comenzó a declinar en número y visibilidad, algunas persisten y otras lo hacen en escala más pequeña. El motivo no es una causa histórica única o evidente: luchas internas, cambios ideológicos y normas imperativas implementadas por los comuneros como táctica para el rechazo de las estructuras explotadoras del capitalismo, pudieron implicar e imposibilitar la transformación política y radical con la que soñaron. Con respecto a la literatura, establecí un diálogo en forma de collage cut-up con obras como Walden Dos de B.F. Skinners, Viaje a Icaria de Ètienne Cabets y Charles Fourier.

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Impulsados por el fervor contracultural de los años sesenta y setenta, los nuevos misticismos, las espiritualidades alternativas y new-age han servido como evangelio sustitutivo a los agnósticos religiosos desde esas décadas. ¿Crees que seguiremos aún proyectando en el futuro conceptos procedentes de ese tiempo?

Love Enqvist: Quizás la estética de la ciencia ficción y, por supuesto, las fantasías sobre el futuro están muy influenciadas aún por esa década, todavía vivimos bajo el ciclo de 1968. Efectivamente, muchos sienten que no hay futuro, en la actualidad es más fácil pensar en la extinción humana, pero yo creo que el pasado, el presente y el futuro están conectados de algún modo en el presente. Miramos hacia atrás desde el pasado, pero también para tener una visión del futuro.

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Las prácticas new-age son una mezcla ecléctica tipo “do it yourself” de identidades, culturas y creencias en general no occidentales. ¿Qué piensas del resurgir actual comercializado y ampliamente difundido de estas técnicas new-age, el autocuidado hippie, yoga, meditación etc.? ¿Es un síntoma del culto al individualismo de nuestro capitalismo tardío, donde buscamos perpetuamente la felicidad, auto gratificándonos, absortos en nosotros mismos, pero nunca satisfechos?

Love Enqvist: Quizás nada escapa a esta lógica capitalista, de hecho, la gente tiende a olvidar que la cultura new-age es muy tolerante y se ríen de ella. Yo creo firmemente que puede enseñarnos mucho sobre la tolerancia —tan falta en el presente— y la inclusión y aceptación de puntos de vista contradictorios. Y sí, ecología profunda, filosofía Gaia, esoterismo, agnosticismo, el poder de los cristales, evolución espiritual, alta concienciación, meditación y todas esas prácticas actuales vienen de ahí.

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Tu filme Magellania está relacionada con todo lo anterior. Con ella ganaste el premio Celeste el año pasado. Además, explora los efectos del colonialismo en la desaparición de culturas a través de la relación entre imagen y lenguaje. La película presenta a Cristina Calderón, la última india Yaghan en Isla Navarino (Patagonia) que habla este idioma, ¿qué hay detrás de esta pieza? ¿Cómo encaja este trabajo en tu práctica general?

Love Enqvist: Magellania es un estudio sobre un lugar y sus proyecciones utópicas sobre el paisaje para observar las consecuencias que han tenido sobre los habitantes. Magellania es un lugar donde muchos hilos e historias parecen terminar y conectarse tanto a nivel histórico como personal. Trabajé con aspectos documentales y performativos que involucran el desplazamiento. Es un esfuerzo para hablar sobre los fantasmas y lo que nosotros llamamos el sur. Personalmente el trabajo también me acercó a mi padre, ya que su sueño era visitar la Patagonia. Me atreví a hacerle las preguntas que nunca le hice antes y comprendió que lo necesitaba por primera vez.

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Magellania se incluye en el proyecto todavía en curso Hunger for Pictures, un trabajo con un enfoque fotográfico altamente estético. ¿Realidad o representación a través de imágenes?

Love Enqvist: De hecho, este trabajo no se pensó como un trabajo fotográfico, se compone de una performance y de una partitura con banda sonora. Las fotografías se generaron como documentación de un taller que realicé con un bailarín. El comisario pensó que hacían referencia a un enfoque chamánico y que mostraba nuestras limitaciones de entendernos el uno con el otro y de profundizar en cómo el cuerpo, el texto y la imagen trabajan juntos.

En Imaginary Gardens asimismo trabajas la relación entre lenguaje, texto e imagen. Los jardines —que también han servido de inspiración para actual la bienal Manifesta en Palermo— han inspirado esta muestra. Explícanos de que va.

Love Enqvist: Trabajé con el concepto de jardines interiores y exteriores y su relación con la resistencia y la radicalidad inspirándome en los escritos de Emanuel Swedenborg y sus descripciones de jardines en la tierra y en el cielo. También investigué el movimiento Diggers, que fue un grupo agrario de ingleses comunistas protestantes iniciado por Gerrard Winstanley en el siglo XVII, famoso por su intento de cultivar tierras comunes para desafiar la sociedad de clases, ofreciendo un modelo para los movimientos activistas contemporáneos como Guerrilla Gardening o The Land is Our. El jardín se asemeja a un micro universo que contiene visiones utópicas sobre cómo habitar y funciona como metáfora para describir el vínculo entre el hombre, la tierra y la espiritualidad.

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Y de comunistas a situacionistas, Uncivilization está basado en el juego de mesa “Kriegspiel (Juego de Guerra)” de Guy Debord. En él se presenta una especie de “anti-lenguaje” a través de abstracciones formales y patrones prístinos. ¿Por qué este trabajo?

Love Enqvist: Pues quise subrayar el aspecto de escaparate de la galería, así como el intento de Debord de representar la realidad mediante las formas abstractas de un tablero de juego. Encontré una correlación entre la galería de arte que tiende al “espectáculo”, donde las experiencias cotidianas se mercantilizan y los intentos de Debord por encontrar una práctica de táctica y resistencia a los mitos que vivimos.

Volviendo a los conceptos teóricos y a las líneas de pensamiento, a día de hoy y en términos de presencia tecnológica, ¿crees que Internet está actuando como un cerebro colectivo contemporáneo?

Love Enqvist: Pues al final siempre dependemos de la naturaleza, seguimos siendo seres físicos incluso si nos identificamos fuera de nuestra corporalidad y con nuestras redes más que antes. Creo que Internet sigue siendo muy primitiva, para mí es como una herramienta de la edad de piedra que actúa como una extremidad larga que recolecta información de posibles consumidores más que como un cerebro colectivo.

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Entonces, ¿qué pasa con nuestra memoria emocional colectiva, crees que la tecnología aumenta el nivel de alienación en nuestras vidas?

Love Enqvist: Yo creo que sí, ya que lo utilizamos de manera acrítica y es adictiva. La memoria se pixela y se seca. Simplemente la alienación parece diferente debido a que la tecnología cambia.

Desde fuera y viniendo de un país latino del sur de Europa, Suecia parece ser el estado socialdemócrata perfecto. Sin embargo, tu obra en cierto modo critica el sistema sueco, ¿porqué?

Love Enqvist: Hay muchas cosas buenas en la sociedad sueca, pero como dije antes, las utopías están conectadas con las distopías. La libertad tiene un precio en términos de soledad que no se justifica de ninguna manera. No es suficiente que las cosas funcionen. Se pensó y proyectó una especie de ingeniería social naif que lentamente ha sido reemplazada por el individualismo capitalista. Veamos dónde nos llevan las elecciones de septiembre.

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¿Crees que las artes son todavía un motor para el cambio social?

Love Enqvist: Pues para mi es fundamental la posibilidad de crear un espacio para la resistencia. El arte supone la capacidad de transferir categorías creando un lenguaje híbrido, permitiendo que sea confuso y complejo. Me gustaría ver la actividad artística como una posible herramienta para la búsqueda de una conciencia diferente.

A mí también me gustaría… Para acabar, ¿que proyectos futuros tienes?

Love Enqvist: Estoy preparando una instalación a gran escala inspirada en la historia de la sociedad cooperativa sueca Co-op y su archivo visionario, también incluye el filme titulado The Coperative Human. Además, estoy creando un espacio para proyectos artísticos en Venecia.