
Luis Zahera se adentra en la oscuridad humana con Leones en Invierno, una historia de violencia, duelo y transformación que desafía los límites del ser humano.
Luis Zahera (Santiago de Compostela, 1966) vuelve a sumergirse en el lado más oscuro de de la humanidad a través de la ficción Leones en Invierno, su segundo proyecto cinematográfico a las órdenes del director Albert Pintó. En esta historia, el gallego encarna a un padre de familia que, tras la inesperada y trágica pérdida de su hija, ve resurgir al animal despiadado que creía haber dejado atrás.
Foto superior de Juan Naharro Giménez
Nos sentamos con Zahera y charlamos de la naturaleza de los personajes extremos, la complicidad de rodar junto a actores de la talla de Roberto Álamo, la tendencia al encasillamiento en la industria audiovisual española y el papel determinante de la suerte y el público en su extensa carrera.

Neo2: En Leones en Invierno interpretas a un padre que, debido a la pérdida de su hija y al duelo, libera al animal que tenía enterrado dentro. ¿Cómo fue interpretar esta catarsis violenta y liberar los fantasmas del pasado? ¿Cómo fue crear ese personaje?
Luis Zahera: Hombre, interpretar para mí siempre tiene una cosa divertida. Es cierto que soy un actor característico y generalmente me dan papeles violentos y extremos —que sinceramente espero que cambie y me den otro tipo de personajes—, pero interpretar es muy divertido. Este es un padre que creía que había cambiado su vida, que la tenía encarrilada y que había abandonado la violencia del pasado, pero sufre un episodio extremadamente violento y vuelve a ella. No soy muy amigo de juzgar a los personajes, lo hablo con el director. No sé por qué vuelve a esa ultraviolencia que lo devora y lo consume, pero lo hace. Hay algo innato; somos animales gregarios, pero creo que también somos animales violentos.

Neo2: Plantea un poco el dilema de si realmente se puede llegar a huir o a esconder lo que somos.
Luis Zahera: Claro, ¿se cambia o se mejora? Quiero creer que no se cambia, pero se puede mejorar muchísimo. Habría que preguntárselo a un especialista en psicología o neurología, no soy un entendido, pero quiero creer eso. En este caso, este hombre creía que lo había conseguido y vuelve a caer. Me gustan esas expresiones de «caer enfermo» o «caer preso»: caes, tropiezas y te caes, no es voluntario. Caes en las drogas, caes… Las causas de cada uno son difíciles de desentrañar y esto es una ficción, una historia para entretener, muy negra, muy dura, triste y dramática.

Neo2: Quería preguntarte cómo trabajaste ese arco de transformación del personaje tan radical, porque empieza siendo un padre de familia de bien y acaba convirtiéndose en el león que había enterrado. ¿Cómo fue el proceso de trabajar esa transformación?
Luis Zahera: El proceso es el trabajo. Es la segunda vez que trabajaba con Albert Pintó; el porqué es hacerlo. Es como hacer una entrevista, no creo ni que haya proceso: te vas imaginando cómo es todo. Esto es sacar el niño que llevas dentro: el niño actúa, se alegra, se entristece. Nuestro trabajo es alegrar o entristecer los corazones desde el entretenimiento, y en esta película hay que entristecer a la gente. Es una película muy dura y visceral. En la ficción hay que intentar divertirse, aunque interpretes al peor pederasta del mundo, porque si no te consume. El proceso es divertirse para que parezca muy real.

Neo2: Compartes muchas escenas con Roberto Álamo y tenéis una dinámica que evoca al cine de gánsteres de Hollywood. ¿Cómo fue trabajar con él?
Luis Zahera: Sí, habíamos coincidido en Que Dios nos Perdone de Sorogoyen y ahora volvemos a coincidir. Es un sol, un actor maravilloso con el que te lo pasas muy bien. Dibuja muy bien con sus cascos escuchando su música; un hombre tranquilo, educado y tan buena persona, nada que ver con esos personajes tan radicales, obtusos o violentos que hace. Ojalá hiciera muchas más películas con él.

Neo2: Supongo que tuvo que ser divertido rodar escenas tan duras con un compañero siempre al lado, donde hay una coreografía y no cargas tú solo con todo el peso.
Luis Zahera: Claro, trabajar con Roberto es superagradable y tranquilo, es como estar en la playa; tiene algo que te tranquiliza y lo armoniza todo. Es un tipo con mucho oficio que estuvo en la compañía Animalario. Es muy cómodo trabajar con actores así.

Neo2: Aunque seas el eje vertebrador de Leones en Invierno, tiene un reparto muy coral con muchas subtramas enlazadas. ¿Cómo es trabajar en tramas donde no estás presente en una parte importante de la historia?
Luis Zahera: Cada uno hace su parte. Tienes determinados días, las películas van muy comprimidas de tiempo y tú vas a lo tuyo. Hay un trabajo previo de ensayo y de conversación sobre el guión, pero luego cogen todas esas escenas, las montan, las cortan y le ponen música. Tú trabajas en tu trama y el resto de tramas las tiene que vivir el público. Si no te centras en lo tuyo, te vuelves loco. Es como hacer una entrevista: vas a lo tuyo y construyes tu pequeña parte, como en un edificio.

Neo2: Comentabas que estás acostumbrado a hacer personajes duros y violentos y que te gustaría hacer otras cosas. ¿Qué historias te gustaría contar?
Luis Zahera: Una comedia romántica, una de amor. Nunca he hecho una de amor, por ejemplo hacer de un electricista que se enamora de alguien, un personaje agradable. Todos queremos lo que no tenemos: los que hacen de feos quieren hacer de guapos, los que hacen de delgados quieren hacer de gruesos. En España se encasilla mucho en comparación con la cinematografía inglesa, francesa o norteamericana. Entiendo a los productores y directores, pero me gustaría que abrieran la baraja y confiaran en que un actor que hace de malo malísimo puede hacer de bueno buenísimo. Aunque el problema no es que te encasillen, sino no trabajar, así que me considero un privilegiado.

Neo2: Barriendo un poco para casa, me parece que siempre has llevado Galicia por bandera y mantienes el acento aunque tu personaje no sea gallego. ¿Qué llevas de Galicia a tus personajes? ¿Te sale de forma orgánica o es algo premeditado?
Luis Zahera: Mi padre decía que «ser gallego era ya tener una carrera», me encantaba esa frase. Empecé haciendo teatro y mucha ficción en Galicia porque mis orígenes son esos. Mantengo el acento porque soy bastante negado de oído y me cuesta ir al acento neutro, así que hago lo que puedo. Tuve mucha suerte en esta profesión, el azar de estar en el sitio adecuado y que el público te quiera. Es como si me hubiera tocado la lotería y estoy feliz con lo que me ha tocado.
Leones en Invierno se estrena en cines el próximo 23 de octubre.