MATHIEU MERCIERArte abstracto, visual y conceptual con accesorios cotidianos. Reflexión sobre el objeto como materialidad y representación. Esculturas e instalaciones urbanas llenas de humor e imaginación. En el Credac de ParÍs
Desde su completa exposición-retrospectiva en el MAM de París en el 2007, que le consagró como uno de los artistas más interesantes de su generación, Mathieu Mercier no había vuelto a exponer individualmente en un museo francés. Algo que ha conseguido arreglar el centro de arte Credac con “Sublimations”, una amplia exposición dedicada a las obras más recientes del joven artista. Una propuesta que no se aleja demasiado del estilo conceptual, minimalista, geométrico y cromáticamente punzante que siempre le ha caracterizado, con una depurada puesta en escena en la que conviven las formas abstractas, la poesía de los productos cotidianos y la imaginación de las formas complejas. Una mezcla de utilitarismo vanguardista y de humor “duchamptiano” en la que el valor práctico del objeto deja paso a la fantasía de la composición y de la libre asociación, ya sea alegórica o intelectual. De esta manera su reciente serie de zócalos blancos combina de manera sorprendente una serie de objetos banales (plátanos, un vaso de agua con una pajita…) con medidores de colores presentados de manera más o menos desorganizada. Una reflexión sobre el objeto, como figura material y raíz de la representación, que también aparece en los magníficos cuadros casi matemáticos del artista en los que varios objetos tridimensionales pueden verse como (falsas) líneas de un típico cuadro bidimensional. La propuesta también incluye la dimensión más urbana de un artista que siempre se ha divertido a la hora de reciclar materiales triviales, como una plancha de madera, unos trozos de mármol o una puerta blindada, para convertirlos en enigmáticas creaciones. En este caso, Mercier ha construido una versión actualizada y personal de una bicicleta, un banco y una farola. Un constante vaivén entre naturalismo e ilusión óptica, banalidad e imaginación, representación y realidad, escultura y ready made que nutre también un curioso diorama (una especie de vitrina de zoo o de museo de historia natural que servía antiguamente de sistema de presentación público) en el que emergen dos míticos axolotls que, como en el fascinante cuento homónimo de Julio Cortázar, quizás están ahí para recordarnos que “el tiempo se siente menos si nos estamos quietos”.

Hasta el 25 de marzo. Credac. Centre d’art contemporain d’Ivry. Rue Raspail. 94200 Ivry-sur-Seine.

MATHIEU MERCIER

MATHIEU MERCIER

MATHIEU MERCIER