
La exposición de Alejandro Guijarro explora memoria, azar y percepción mediante imágenes fragmentadas, invitando a reflexionar sobre recuerdo, ciencia, arte y construcción contemporánea.
La exposición No Recuerdo Cómo Llegué Hasta Aquí, de Alejandro Guijarro, presentada en Madrid, propone una reflexión compleja y sugerente sobre la naturaleza de la memoria, el papel del azar y los límites del lenguaje visual. A través de una serie de obras inéditas, el artista despliega un proceso de investigación en el que la fotografía deja de ser un fin para convertirse en una herramienta de pensamiento.
Detalle de Composition tips for summer filming, 2026
La práctica de Guijarro se ha articulado en torno a la relación entre imagen y conocimiento, pero en este proyecto el foco se desplaza hacia la propia arquitectura del recuerdo. El cerebro humano, con sus mecanismos de selección, almacenamiento y reconstrucción, se convierte en un modelo conceptual desde el cual abordar la creación artística. Así, la exposición no solo presenta objetos visuales, sino que invita a pensar en cómo recordamos y qué implicaciones tiene ese proceso en nuestra experiencia del mundo.
Composition tips for summer filming, 2026
Recordar no es recuperar, sino reconstruir.
Uno de los aspectos más relevantes de la muestra es su cuestionamiento de la linealidad narrativa. Frente a la lógica tradicional del cine, basada en la sucesión ordenada de imágenes, Guijarro fragmenta y reconfigura películas domésticas encontradas. Estos materiales, despojados de su contexto original, son reorganizados en composiciones que desestabilizan cualquier intento de lectura unívoca. La imagen en movimiento se transforma así en una estructura distribuida, más cercana al funcionamiento caótico y simultáneamente productivo del pensamiento.

Este procedimiento encuentra un paralelismo directo con los procesos neuronales. Lejos de concebir la memoria como un archivo estable, la neurociencia contemporánea la entiende como una actividad dinámica, en la que distintos patrones de activación cerebral se sincronizan para reconstruir experiencias pasadas. En este sentido, los fotogramas utilizados por el artista funcionan como “hilos sinápticos”, elementos mínimos que, al entrelazarse, generan configuraciones visuales complejas.

La imagen deja de representar para empezar a operar.
El azar desempeña un papel fundamental en este sistema. Las imágenes iniciales surgen de materiales encontrados, marcados por la contingencia, pero posteriormente son sometidas a un proceso de intervención mediante un algoritmo diseñado por el propio artista. Este intento de control, sin embargo, no elimina la incertidumbre; al contrario, la intensifica. La herramienta, concebida para simplificar, termina produciendo resultados inesperados, revelando así la imposibilidad de dominar completamente el proceso creativo.
En este punto, la figura del artista se aproxima a la del científico. Guijarro no se limita a componer imágenes, sino que establece un marco experimental en el que variables como el tiempo, la repetición o la interferencia generan resultados que deben ser observados e interpretados. No obstante, lejos de renunciar a la dimensión estética, su trabajo demuestra que el rigor metodológico puede coexistir con una profunda sensibilidad formal.

Entre el método y el accidente emerge una nueva forma de ver.
Otro elemento clave en la exposición es el uso del efecto moiré, resultado de la superposición de capas de celuloide. Este fenómeno óptico produce vibraciones visuales que dificultan la percepción inmediata de las imágenes subyacentes. El espectador se ve obligado a ajustar su mirada, a desplazarse físicamente, a insistir en la observación. Este esfuerzo no es meramente perceptivo, sino también cognitivo: reproduce, en cierta medida, el trabajo del cerebro al intentar discriminar señales dentro del ruido.
La interferencia visual se convierte así en una metáfora de la interferencia de la memoria. Las experiencias no se almacenan de forma aislada, sino que se solapan, se contaminan y se transforman mutuamente. En consecuencia, el recuerdo nunca es una reproducción fiel del pasado, sino una construcción siempre inestable, sujeta a modificaciones constantes.

Toda memoria es, en última instancia, una ficción en proceso.
La exposición plantea, por tanto, una paradoja central: una práctica profundamente interesada en la memoria que, sin embargo, se articula desde la imposibilidad de explicar su propio origen. El título, No Recuerdo Cómo Llegué Hasta Aquí, no solo alude a los contenidos de las obras, sino también al propio proceso del artista, quien reconoce la dificultad de trazar una línea clara entre intención y resultado.
En conjunto, la muestra de Alejandro Guijarro se sitúa en un territorio híbrido entre arte y ciencia, entre control y contingencia, entre imagen y pensamiento. Más que ofrecer respuestas, abre un campo de preguntas sobre la naturaleza de la percepción, el funcionamiento del recuerdo y el papel del arte como herramienta de conocimiento. Su propuesta, rigurosa y accesible a la vez, invita al espectador a participar activamente en ese proceso, convirtiendo la experiencia estética en un ejercicio de reflexión compartida.

Fotos: Diego Beyró
No Recuerdo Cómo Llegué Hasta Aquí
Exposición individual de Alejandro Guijarro
Hasta el 5 junio 2026
El Chico Gallery
Ronda de Toledo 16, local 9, Madrid