
Mónica Rikić lleva años explorando nuestra relación con las máquinas desde la robótica, el juego y los cuidados. Ahora presenta Meltdown, una instalación inmersiva habitada por criaturas tecnológicas.
Entrevistamos a Mónica Rikić, artista electrónica y programadora creativa que lleva años explorando nuestra relación con las máquinas a través de la robótica, el código y la escultura cinética. Sus criaturas tecnológicas sirven para ensayar futuros posibles y plantear preguntas sobre autonomía, cuidados y convivencia. Ahora presenta Meltdown, su nuevo proyecto junto a Mayte Gómez Molina y Myriam Bleau , así como el festival Responsive Dreams en Roca Umbert Fàbrica de les Arts, Granollers.
Imagen superior: Simulacion. Foto: Centro Párraga
Somoure. Foto: Agustina Isidori
Robótica desde una perspectiva lúdica
Mónica Rikić lleva años imaginando otras formas de relacionarnos con las máquinas. Artista electrónica y programadora creativa, su trabajo se mueve entre la escultura cinética, la robótica y el código para construir dispositivos que parecen tener comportamientos, emociones e incluso conflictos propios. Robots extraños, criaturas amorfas y sistemas autónomos se convierten en pequeños laboratorios desde los que observar nuestra relación con la tecnología y preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo junto a ella.
Hipertelia. Foto: Edu Pedrocchi
Frente a los discursos que presentan la innovación tecnológica como algo inevitable y ajeno a nuestras decisiones, Rikić insiste en devolvernos capacidad de acción. Sus máquinas no buscan tanto anticipar el futuro como ensayar posibilidades desde el presente, muchas veces a través del juego, entendido como un espacio desde el que imaginar relaciones distintas entre humanos y dispositivos. Esa perspectiva adquiere una dimensión especialmente política en Somoure, su investigación en torno a la robótica asistencial. El proyecto desplaza la conversación desde la eficiencia tecnológica hacia cuestiones como los cuidados, el envejecimiento, la vulnerabilidad o la autonomía. Rikić introduce además una distinción fundamental: las tecnologías pueden asistirnos, pero son las personas quienes cuidan. En lugar de imaginar robots destinados simplemente a sustituir tareas humanas, plantea cómo podrían contribuir a que quienes necesitan asistencia ganen independencia y cuestiona las imágenes paternalistas que todavía asociamos a la dependencia y la vejez.
Home of Mind. Foto: Mónica Rikić
Este septiembre estrena Meltdown, una nueva instalación inmersiva creada junto a Mayte Gómez Molina y Myriam Bleau, comisariada por Xavier Hernández e impulsada por The Generative Art Museum (TGAM), con el apoyo de Roca Umbert Fàbrica de les Arts. Concebida como un espacio onírico habitado por seres tecnológicos físicos, poesía y música generativa, la obra propone experimentar formas más afectivas, extrañas y lúdicas de relacionarnos con las máquinas. Meltdown podrá verse también durante Responsive Dreams, festival de cuyo equipo forma parte Rikić. Charlamos con ella.
Inflovable Machine. Foto: Mónica Rikić
Escultura cinética autónoma
Belén Vera: Si tuvieras que explicar tu trabajo a alguien que nunca lo ha visto, ¿cómo lo describirías?
Mónica Rikić: Normalmente empiezo por decir que hago esculturas, luego que se mueven, que usan electrónica y luego acabo diciendo que son robots raros… ¡no de los que se imaginan! Al final siempre acabo enseñando videos… Creo que escultura cinética autónoma sería lo más sencillo de entender y lo que resumiría mejor a todos los públicos.

B.V.: Tus robots funcionan a menudo como pequeñas sociedades o laboratorios donde ensayar comportamientos humanos. ¿Utilizas la tecnología para imaginar el futuro o, en realidad, para observar mejor nuestro presente?
Mónica Rikić: Me gusta verlo más como un reflejo de un presente alternativo. El futuro nunca sabemos hacia donde nos llevará y, si nos fijamos en el lado positivo de eso, ¡qué maravilla!. Quiero un futuro que me sorprenda y que lo definamos en colectivo o se lo imagine gente más joven que yo. Yo trabajo con ideas presentes del futuro y las pongo en práctica. Es decir: ¿Qué pasaría si esta posibilidad esperada fuera una realidad? Y, entonces, imagino resultados fuera de lo esperado.
“¿Qué emociones te despierta que un ser amorfo te de mimos? ¿Cómo te imaginas que te cuide un robot en el futuro? ¿Puede una máquina expuesta como arte tener síndrome del impostor, en vez de sustituir al artista?” Mónica Rikić.
Hipertèlia en Drugo More. Fotos: Agustina Isidori
B.V.: Llevas años trabajando con inteligencia artificial y robótica, pero en muy poco tiempo estas tecnologías han entrado de lleno en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo está transformando esta aceleración tu manera de pensar y producir obra?
Mónica Rikić: Mi proceso siempre ha sido muy artesanal – tanto en programación como electrónica – y en ese sentido no ha cambiado mucho. Me gusta involucrarme físicamente en la creación de las piezas, y eso incluye desde atornillar hasta teclear, ya sea texto o código. Lo que si que se ha cambiando es la percepción que tiene la sociedad – el público – hacia estos dispositivos. Por tanto lo que ha variado mucho es el enfoque en cuanto a la ‘interacción’ con mis obras. Si lo que producía impacto hace años eran las formas que tenían los dispositivos de reaccionar ante presencias o contactos humanos, ahora este ‘clic’ funciona mejor a nivel conceptual. Es decir, ahora priorizo las ideas y espacios de discusión que puede general la tecnología más que el efecto acción-reacción de una interacción. ¿Qué emociones te despierta que un ser amorfo te de mimos? ¿Cómo te imaginas que te cuide un robot en el futuro? ¿Puede una máquina expuesta como arte tener síndrome del impostor, en vez de sustituir al artista?
Somoure. Sonar +D. Fotos: Cecilia Díaz
De la idea al prototipo
B.V.: Tus obras parten de ideas muy complejas, pero terminan convirtiéndose en máquinas y dispositivos físicos. ¿Cómo es el paso de una pregunta o una intuición a decidir qué máquina necesitas construir?
Mónica Rikić: Ese paso suele canalizarse mediante una acción lúdica. El juego nos permite acceder a realidades, conceptos y conversaciones complejas simplemente por la libertad que nos inspira. Cuando juegas a algo, no te preocupan las consecuencias necesariamente porque estas jugando, no debes preocuparte de lo real porque sucede en otro plano. Pero que suceda en ese plano de fantasía no implica que no tenga poder transformador en la conciencia o percepción que tenemos de la realidad. Los juegos ofrecen espacios de ensayo colectivos de lo que podría ser. Por defecto, pienso en físico, objeto, cosa. Entonces me imagino como sería una máquina que reflejara ese concepto o que estuviera en esa situación y como lo expresaría, como si fuera un juego.
Psychoflage. Foto: Yose Llobet
B.V.: Si pudieras elegir sin pensar en dinero, contactos ni posibilidades reales, ¿cuál sería tu próximo proyecto?
Mónica Rikić: La verdad es que esto nunca me lo he planteado… Mi forma de trabajar normalmente nace de una motivación conceptual o emocional y la necesidad de producirla en una obra de arte. Luego me pongo a escribir y a prototipar con los medios que dispongo y, a partir de ahí, la cosa va creciendo. Supongo que en ese sentido, si no tuviera que pensar en nada mi proyecto soñado sería la posibilidad de, simplemente, seguir produciendo todo el tiempo lo que me motive según vayan evolucionando mis intereses, sin tener que preocuparme de nada más.
Somoure. Foto: Streamflow
Repensar los cuidados desde la tecnología
B.V.: En tu proyecto en desarrollo Somoure, la robótica asistencial se aborda desde el cuidado, la vulnerabilidad y la autonomía. ¿Por qué te interesa explorar la tecnología desde ese lugar?
Mónica Rikić: La verdad es que temática específica de los cuidados y la tecnología acabó en mis manos por accidente. Yo me presenté a la beca S+T+ARTS que inició ese proyecto por un interés en trabajar con robots industriales e investigar como crear un lenguaje expresivo y performativo para esos dispositivos aplicados a la robótica social, a la cual pertenece la robótica asistencial. Pero tras pasar un tiempo en el laboratorio, me di cuenta de que trabajar en torno a la robótica asistencial no es simplemente diseñar tecnologías, si no proyectar como vamos a envejecer con la tecnología y ella con nosotras. Es decir, es proyectar una sociedad en el futuro y eso no se puede limitar únicamente a diseñar soluciones técnicos a problemas aislados. Se debe ampliar el foco y atender a toda la red pública, privada y política que involucra este tipo de prácticas.
Somoure. Sonar +D. Foto: Cecilia Díaz
Somoure intenta hablar de todos estos agentes involucrados en los cuidados, intentando escuchar y proyectar otras voces que van desde la mía, una mujer “independiente” de 40 años sin familia propia, que poco sabía hasta entonces realmente sobre los cuidados, hasta activistas por los derechos de las personas disca, trabajadoras de los cuidados – tanto de espacios institucionales y a domésticos -, activistas por los derechos de esas trabajadoras, sociólogas, filósofas, ingenieras y el público que ha venido a las exposiciones, talleres y otras actividades que se han desarrollado. La tensión entre la vulnerabilidad y la autonomía, han sido los conceptos que más han aparecido en estas conversaciones. Los cuidados se asocian a personas vulnerables, pero muchas personas que requieren asistencia regularmente, solo quieren ganar autonomía y ser independientes.
“Asumir que, por ejemplo, una persona que necesita ayuda para comer no tiene el deseo de ir a una cita con alguien a cenar fuera y sentirse sexualmente atractiva, es una visión muy condescendiente.” Mónica Rikić.
Creación. Fotos: Centro Párraga
En Somoure propongo un 2070 en el que, ya mayor, un robot asistencial me da de comer y es, al mismo tiempo, un accesorio bonito —y no un armatoste médico-industrial— que he diseñado yo misma y que me hace sentir sexy y empoderada, aunque tenga 83 años. En esa sociedad futura y envejecida, la vida social estará articulada en torno a nosotras, las ancianas, y no alrededor de las jóvenes. ¡Seremos el foco de atención de la silver economy! Porque no aprovecharnos de ello. No somos vulnerables por necesitar ayuda, si no que las tecnologías pueden jugar a nuestro favor para hacernos más fuertes. En este caso, la diferencia entre cuidados y asistencia también es muy importante.
“Trabajar en torno a la robótica asistencial no es simplemente diseñar tecnologías, sino proyectar cómo vamos a envejecer con la tecnología y ella con nosotras.” Mónica Rikić.
Metamáquina. Fotos: Eloi Jodar
B.V.: Somoure ha ido creciendo y adoptando distintas formas a lo largo del tiempo. ¿Cuánto de lo que vemos hoy estaba ya en la idea inicial y cuánto ha surgido de los encuentros, descubrimientos y preguntas que han aparecido durante el proceso?
Mónica Rikić: Todo ha surgido de los encuentros, tanto con el laboratorio como con las otras personas involucradas, ¡hasta con los mismos robots! Los descubrimientos y las preguntas se han construido de forma muy orgánica durante todo el proceso y han tenido incluso un impacto bidireccional en mi vida personal. Como decía anteriormente, yo venía inicialmente con otra idea y me impactó tanto lo que descubrí durante el proceso que dejé todas mis expectativas de lado para centrarme en algo que me parecía más importante: abordar las tecnologías de los cuidados desde una mirada amplia y transversal. Creo que eso es lo que ha hecho que sea un proyecto tan bonito, al menos para mí, y sospecho que la gente lo nota cuando lo ve.
Es un proyecto que se formaliza de diferentes maneras y que pasa de la investigación al videoensayo, el dispositivo robótico, la performance, los talleres y los espacios de conversación. Creo que ese formato híbrido es, al final, lo que mejor representa que tanto los cuidados como la robótica no son conceptos aislados, sino que forman parte de una enorme red de interrelaciones entre personas, políticas, condiciones laborales y ecológicas, e incluso el diseño de los espacios y las ciudades donde vivimos, incluyendo el acceso a la vivienda.
“Somoure es un proyecto que se formaliza de diferentes maneras, que pasa de la investigación al video ensayo, dispositivo robótico, performance, talleres y espacios de conversación.” Mónica Rikić.
Hipertelia. Fotos: Edu Pedrocchi
B.V.: Mientras desarrollamos tecnologías cada vez más sofisticadas para cuidar, vivimos también una creciente soledad y precarización de los cuidados. ¿Cómo conviven estas dos realidades en tu trabajo? ¿Hay espacio para imaginar otros modelos posibles?
Mónica Rikić: Las tecnologías no cuidan, asisten. Cuidan las personas. Las tecnologías nos pueden asistir – de forma muy efectiva en muchos casos – en tareas de cuidados para darnos más independencia y autonomía. Esto puede ocurrir a nivel personal, pero también pueden mejorar la forma en la que les ofrecemos cuidados a los demás. Mi trabajo se enfoca en recordar que la tecnología es humana porque son herramientas que nacen de lo humano y que tenemos agencia sobre su uso y producción.
El modelo social, político y económico en el que pensamos y desarrollamos estas tecnologías es, para mí, el principal espacio de acción desde el que podemos imaginar otros futuros. Futuros en los que estemos mejor sincronizadas con la tecnología y dependamos menos, por ejemplo, de las presiones económicas o geopolíticas. Es dentro de esos marcos donde podríamos producir no solo tecnologías, sino también otras formas de hacer y relacionarnos que no generen aislamiento ni precariedad. ¿Demasiado optimista tal y como están las cosas? Puede ser. Pero si no somos capaces ni siquiera de imaginarlo, difícilmente podremos cambiar aquello que nos incomoda. Al menos, que el arte y el juego nos den un rato de pausa para coger fuerzas.
La máquina que juega sola. Fotos: Julieta Feroz
Influencias
B.V.: ¿Qué artistas, imágenes, libros, películas o personas están alimentando tu trabajo últimamente?
Mónica Rikić: Me encanta leer, es una de mis principales fuentes de inspiración. Varío entre novelas y ensayos más filosóficos, sociológicos o académicos (estoy haciendo un doctorado). Entre las novelas que he leído últimamente está la última obra de Mayte Gómez Molina, La boca llena de trigo, también cosas más oscuras como La Doloríada, de Missouri Williams, o más artísticas como Memòria d’Eco, de Alicia Kopf. Entre obras más ensayísticas que he leído más recientemente me encantó Feminisme Gòtic, de Núria Gómez Gabriel e Ingrid Guardiola. Y luego, por el doctorado me estoy leyendo cosas más específicas como Robots won’t save Japan, de James Adrian Wright o Mother Media, de Hannah Zeavin.
Hipertelia. Fotos: Edu Pedrocchi
Meltdown y Festival Responsive Dreams
B.V.: ¿Algún proyecto para la nueva temporada que nos puedas adelantar?
Mónica Rikić: Hemos estado un año trabajando en un proyecto bastante grande llamado Meltdown que estrenamos ahora en septiembre en Roca Umbert Fàbrica de les Arts (Granollers, Barcelona). Es una colaboración con otras dos artistas, Mayte Gómez Molina y Myriam Bleau y esta producido por The Generative Art Museum. Se trata de una experiencia inmersiva, pero no tiene nada que ver con las que nos tienen acostumbradas basadas en proyecciones y demás. Se trata de un espacio onírico en el que viven una serie de seres tecnológicos físicos (robotitos y otros entes) que quieren comunicarse contigo a través de la poesía, la música generativa y los mimos. Para entrar en ella, debes despojarte de todos tus dispositivos tecnológicos y un walkman hackeado te guía por este espacio colorido que tiene como objetivo mostrarte nuevas formas de relacionarte con el mundo tecnológico, más allá de la fórmula binaria usuario – herramienta.
“Hay dispositivos que te permiten conversar con ellos, otros que puedes abrazar y responden a tus caricias, inflables (¡por supuesto!) que quieren jugar contigo y otros que te observan o dibujan.” Mónica Rikić.
Psychoflage. Fotos: Eloi Jodar
Esta obra estará expuesta también durante el festival Responsive Dreams, que sucede en el mismo espacio, del que hace dos años que formo parte del equipo, enfocándome sobretodo en el comisariado de las piezas físicas. Se trata de un festival pequeño hecho con mucho amor, que empezó como espacio de exposición de arte generativo – arte visual que se muestra en pantallas y hecho a partir de algoritmos creados que pintan. Hechos por humanos, nada de IA – pero que ahora se ha expandido a otras formas de arte visual que utilizan el código, como las instalaciones físicas o la música hecha con Live Coding. También en abril estrenaré una nueva pieza basada en una máscara de teatro, en la que estoy trabajando junto a la Fundación Romea, pero de esa de momento puedo contar menos.
+ información sobre Meltdown en este enlace.