Saramalacara presenta nueva etapa con Mataderos, su segundo disco de estudio. La argentina sabe perfectamente lo que hace y tiene muy claro cómo convertirse en una artista global

Sara Azul Froján (Argentina, 2000) es Saramalacara. La diva presenta su segundo disco, Mataderos.  No es solo una evolución. Es una declaración. Desde el primer momento, el proyecto se siente como un salto sin red. Más ambicioso. Más global. Pero también más íntimo. Porque, aunque el disco se haya gestado lejos, su corazón sigue anclado en el mismo sitio: su origen.

Saramalacara anuncia su segundo disco, Mataderos

La niña rara emo de Argentina es una de nuestras favoritas. Auténtica y no se deja llevar por las modas o los clichés…

Grabado en Los Ángeles durante 2025, Mataderos se mueve entre dos mundos. Por un lado, la ciudad donde hoy se construyen muchos de los códigos del trap global. Por otro, el barrio que da nombre al disco y que define toda su narrativa emocional. Esa dualidad atraviesa cada tema. El sonido crece, se vuelve más agresivo, más rage. Pero las letras siguen cargadas de nostalgia. De memoria. De identidad. La propia artista lo deja claro: irse lejos no significa desconectarse. Significa mirar hacia atrás desde otro sitio. Y entender mejor quién eres.

Saramalacara anuncia su segundo disco, MataderosSaramalacara (@badfacesara) por Ignacio Chinchilla

El salto al mapa global

En este álbum, Saramalacara no juega sola. Se rodea de algunos de los nombres más influyentes del nuevo sonido internacional. Entre ellos aparece F1lthy, pieza clave en el universo de Playboi Carti, o Dylan Brady, responsable de empujar los límites del pop experimental junto a 100 gecs. También se suman nombres como Evilgiane o Eera, ligados al colectivo Surf Gang, además de productores cercanos al ecosistema Opium. Todos ellos aportan una capa distinta al proyecto. El resultado es un sonido que no pierde su esencia, pero sí amplía su escala. Más denso, pulido y expansivo.

Saramalacara anuncia su segundo disco, Mataderos

Rage, nostalgia y melodía

Uno de los mayores aciertos de Mataderos está en su equilibrio. Saramalacara mantiene esas atmósferas etéreas que definieron su identidad. Voces suaves, casi fantasmales. Melodías que flotan. Pero ahora hay algo más. Un filo nuevo. Una energía que empuja hacia delante. El rage entra en escena, pero no borra lo anterior. Lo intensifica. Esa mezcla genera una tensión constante. Entre lo delicado y lo agresivo. Entre lo emocional y lo eufórico. Y ahí es donde el disco encuentra su personalidad más fuerte.

Saramalacara anuncia su segundo disco, Mataderos

Un lugar entre lo under y lo mainstream

El concepto del álbum gira alrededor de un entre. Un espacio intermedio. Mataderos, el barrio, está justo ahí: entre capital y provincia. Y su música también. Entre lo underground y lo mainstream. Entre lo local y lo global. Ese punto medio no es una debilidad. Es su identidad. Es lo que le permite moverse con naturalidad entre escenas distintas sin perder coherencia.

Un disco de quiebre (y de llegada)

Mataderos funciona como un punto de inflexión claro. No solo porque amplía su sonido. Sino porque redefine su lugar dentro del mapa actual. Saramalacara ya no es solo una promesa dentro de la escena argentina. Es una figura que dialoga directamente con el presente del trap global. Y lo hace sin dejar de mirar atrás. Sin soltar el hilo que conecta todo: su historia, su barrio, su forma de entender la música. En ese equilibrio está la clave. Y también, probablemente, su futuro.