WHIPLASH

O CÓMO CONSEGUIR LA EXCELENCIA MUSICAL DESDE LA HUMILLACIÓN MÁS DESPIADADA

Si tuviera que definir esta película con una palabra, tendría que meter los dedos en un enchufe para explicar exactamente la sensación que causa y es que Whiplash es sorprendentemente electrizante. Y digo sorprendente porque que con casi 30 años, su director Damien Chazelle haya logrado dar forma de ese cortometraje que en un principio fue la cinta a película, consiguiendo un implacable combate musical de J.K Simmons vs Miles Teller, es para quitarse la gorra y rendirle mis más entregadas pleitesías. Whiplash es la historia de Andrew Neiman (Miles Teller), un ambicioso baterista que busca el éxito más allá del Conservatorio de Música de la Costa Este, donde Terence Fletcher (J.K.Simmons) es profesor. En el momento en que Fletcher le da la oportunidad a Neiman de unirse al grupo que dirige, desconoce el riguroso método de enseñanza (o tortura rítmica) del profesor. Nuevas reglas de un juego que el joven baterista tendrá que sortear si pretende seguir los pasos de aquellos grandes a los que tanto admira. Una relación que Chazelle deja fluir al ritmo de temazos del jazz más mítico como Caravan o la propia Whiplash que da nombre a la cinta, y que colisiona de manera furiosa mientras la sacudida del tambor sigue agitando nuestros nervios. No es una película que nos cuente nada nuevo, pero gracias a una magnífica banda sonora firmada por Justin Hurwitz, que ya puso sus notas al servicio de Chazelle en su primera película Guy and Madeline on a Park Bench, nos hipnotiza al máximo y sin filtros. Entre temas de Ellington, Getz o incluso Buddy Rich, el director va argumentando la dureza de llegar a rozar la perfección, no así el éxito, y la importancia del orgullo propio y la persistencia en la búsqueda de esos sueños que nos quedan por cumplir. Una película que no deja ni un segundo para el remordimiento de creer que no hemos acertado con nuestra elección de cine semanal y que se confirma, según pasan los minutos, como una de esas pequeñas joyas que gracias a un guion basado en la música y en una dialéctica rápida como el repiqueteo de un tambor, explota en un feroz aplauso del público que sale de la sala oscura con las pilas más que cargadas. Un cara a cara en el que no sabemos bien, en ocasiones, quien ridiculiza a quien y que se convierte en el perfecto ejemplo de la preparación que sufren aquellos que llegan a virtuosos de cualquier arte. Una cinta que nos habla de motivación, intensidad, perseverancia, lucha, sudor, sangre (mucha sangre), lágrimas, pureza musical y que nos regala a un Teller que pasa de aceptable a supremo en cuestión de 107 minutos. Un sacrificio que no solo le permite despuntar, sino dar sentido a una vida que solo gira en torno a la música y que en el fondo es la meta de aquellos a los que podemos llamar maestros. Galardonada por crítica y público en casi todos los festivales donde se ha presentado, Whiplash se cuela como sorpresa en la 87ª edición de los Óscar sumando candidaturas a mejor película y actor secundario (Simmons), tras haber ganado, este último, su Globo de Oro la pasada semana. Elijan o no verla, sí recomendarles que lo hagan porque aunque la historia no les atraiga de primeras, quizá su banda sonora sí y les aviso que esta película engancha y suena demasiado bien.

ESTRENO HOY, DÍA 16 DE ENERO

WHIPLASH

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