YO, BLYTHE

BLYTHE, LA MUÑECA QUE ASUSTÓ A LAS NIÑAS

Nace el siglo 21 y con él una pasión exótica. Unos brillantes ojos grandes y una cabeza de tebeo no se sabe si recupera los sueños de la infancia o si suaviza las pesadillas de la oscuridad. Hablamos con tres customizadoras españolas de Blythes para conocer un poco más a esa peculiar princesa de siniestros cuentos para adultos: Reina de Salem y Cocomicchi.

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UN POCO DE HISTORIA SOBRE LAS BLYTHE

En 1972, la fábrica americana Kenner decide lanzar la muñeca Blythe para hacerle competencia a la esbeltísima Barbie y el mismo año suspende su fabricación porque su mecanismo de ojos, que cambian tirando de una cuerda situada en la parte posterior de la cabeza, asusta a niñas y progenitores.
Las Blythe de Kenner dormitaron en los garajes y trasteros hasta que a la fotógrafa Gina Garan le obsequiaron con una de esas muñecas y ella la transformó en su musa, publicando en 1999 un libro de moda y arte en el que utilizaba a la muñeca como modelo.
Su éxito fue tal que la fábrica japonesa Takara obtuvo los derechos y en 2001 lanzó su primer modelo al mercado. No podría ser de otra forma. Los japoneses cuentan con una dilatada tradición en muñecas, tanto que al igual que en España se queman gigantes en las fallas, ellos también disponen de su propio festival exorcista de quema de muñecas.
Sin embargo, la historia de esta muñeca no se detiene ahí. No es inusual en Japón personalizar muñecas. Las BJD (del inglés Ball Jointed Dolls) dominan una importante parte del mercado de hobbies para adultos. Son muñecas que se venden por partes para que el consumidor la una, la maquille, la vista y le arregle el pelo a su gusto. La pasión por customizar (del inglés customise, que significa personalizar mediante modificaciones) muñecas allí es algo comparable a los fenómenos de masas del estilo de los fans de manga, con todo el ceremonial que ello supone: exposiciones, convenciones… la vida alrededor de una muñeca puede llegar a ser sorprendentemente nutrida.
Tan pronto salieron las Blythe al mercado, algunos expertos empezaron a modificarla, sólo que la Blythe no fue creada para ser customizada. Eso implica un reto añadido. Supone descuartizar la muñeca para recomponerla y esculpirla de nuevo en formas y personajes originales y únicos.
Y el fenómeno, a pesar de no comercializarse fuera de Asia con las consiguientes dificultades que entraña su adquisición, fue tal que cruzó fronteras y llegó a Occidente, donde hoy se encuentran algunos de los artistas más transgresores que utilizan a la Blythe como lienzo en blanco sobre el que plasmar sus más íntimos deseos.

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LA EXPOSICIÓN “YO, BLYTHE, VIDAS DE PLÁSTICO”

Ningún otro país occidental acogió tan bien esta afición como España. En mayo de 2008, el museo de arte contemporáneo MACUF de Coruña reunía a los más célebres artistas de aquel momento para dar a conocer la muñeca en una exposición titulada Yo, Blythe, Vidas de Plástico, organizada por Clara Rodríguez Cordero, comisaria independiente. Fue la primera de este tipo realizada en Europa y se puede adelantar que no será la última.
Fotografías, cuadros, dioramas e ilusión enmarcaban las creaciones de diferentes artistas. Como soporte artístico, aparte de la muñeca en sí misma, se han pintado cuadros con ellas, se le han hecho fotografías, incluso en Brasil, algunas fans han empezado a guionizar una fotonovela online con ellas de protagonistas. Según Clara, al menos a nivel aficionado, se ha hecho de todo con ellas. Entrevistamos a tres de artistas españolas para así lanzar en el aire la tentación misma: Reina de Salem y Cocomicchi.

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REINA DE SALEM: ATREVESANDO PAREDES

La llamaban Reina de pequeña. Cuando llegó a la pubertad, leyó El alquimista de Paulo Coelho y se quedó con el personaje del Rey de Salem. Su nombre artístico combina esas dos experiencias para desembocar en un mar de sensaciones. Creció y su formación en filología alemana, la llevaron a trasladarse a Alemania, donde comparte techo con sus bulldogs.
Como Fausto de Goethe, Reina parece haber hecho un pacto con el diablo para crear sus piezas, todas etéreas y, no obstante, únicas y rematadamente melancólicas. Como si estuviesen atrapadas y encorsetadas dentro de un esquema de normas al que no pertenecen y del que quisieran escapar. La fórmula funciona porque sus muñecas llegan a alcanzar los 2.000 dólares en subasta.
Ese molde tan versátil fue amor a primera vista: “La Blythe representa uno de mis ideales de muñeca. Tierna y oscura, así la veía y así la sigo viendo. Un pequeño molde de plástico que encierra algo que va más allá. Por eso la elegí a ella”, explica Reina de Salem. Son lienzos que a ella le aportan magia (y a los demás que contemplan su obra también). “Con cada una puedo crear a la muñeca de mis sueños”, continúa.

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Customizar permite, prosigue Reina de Salem, además crear una irrepetible sinfonía sensorial: “Incluso usando la misma paleta de colores, el mismo pelo y la misma ropa, son las manos de cada customizador las que hacen posible crear una muñeca única”, aunque recalca que para ella las muñecas no dejan de ser niñas: “La que más edad aparenta, puede situarse en los 16, pero las que más abundan son las que no pasan de los 11, 12 añitos”, incluso aquellas con piercings o colmillos se incorporan al libre pensamiento para escarbar un recuerdo de la infancia en el mundo real adulto.
Al igual que la mayoría de los customizadores y a diferencia de lo que podamos suponer, su colección personal se compone de 11 muñecas, una cifra reducida teniendo en cuenta el número de creaciones ya realizadas desde que empezó en el año 2007. Aunque todas le han aportado algo especial, su favorita ha sido “We have a map of the Piano”, muñeca que vendió en subasta. Los curiosos nombres de sus muñecas se deben a la música que escucha y le inspira cuando trabaja con ellas: “Son la banda sonora de mi vida”, añade.
Su comprador más típico, de edades variadas y perteneciente a una clase social media-alta, viene de Estados Unidos, aunque sus piezas se encuentran desperdigadas también por Canadá, Italia, África, Turquía, el Reino Unido, Alemania, Tailandia, Noruega y, por supuesto, España. Entre sus customizadores favoritos se encuentran Nanuka, de España y CeriseDolls, que también trabaja con BJDs. Gracias a la Blythe, Reina espera explorar la restauración de muñecas antiguas y también trabajar en un nuevo proyecto sobre la muñeca y su entorno.
Reina agradece, como todo artista, la libertad de movimiento en los encargos que recibe. Un simple poema o un vídeo musical pueda servir de manual de instrucciones para un encargo. En particular, Reina recuerda con cariño a una jovencita que le escribió desde Estados Unidos porque quería hacer coincidir con un viaje a Alemania, una visita a su estudio. Reina la conoció y cuenta: “Jamás había visto una expresión que me enterneciera tanto como la suya cuando se encontró con mis muñecas. Las veía como pequeñas personas, y al principio no quería ni tocarlas por si las lastimaba. Tuve que ser yo quien la animara a hacerlo. Y su modo de agarrarlas era como si tuviera miedo de hacerles daño, y su forma de acariciar su pelo era como si intentara rozar una burbuja con sumo cuidado de no hacerla desaparecer al tocarla”.
En todo caso, la muñeca no acaba en el plástico y el nailon. Lo que más tiempo le consume a Reina es la ropa, toda ella hecha a mano y a base de experimentar. Tal vez porque nunca haya aprendido a coser y vea el traje como parte integral de la muñeca, los resultados sean tan estremecedores. Ella va recogiendo información de todo lo que ve: libros, películas, la gente en la calle y incorpora en ellas lo que sea necesario: “Si tengo que cortar la cabeza a una Barbie porque considero que debo hacer con ella un gorro para una de mis muñecas, corto esa cabeza sin dolor alguno, porque si lo hago es porque esa nueva nena debe ir dentro de un papel y su papel sólo puede ser ese. Soy muy dada a utilizar extremidades de muñecos, brazos, piernas, cabezas, para emplearlos en la personalidad de mis customs”, y añade: “Me dejo llevar y no me pongo ningún límite cuando lo hago”.

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COCOMICCHI Y LA ARQUITECTURA DE LA INTIMIDAD

Las piezas de Cocomicchi están en otra frecuencia. Encarnan la liberación indiferente ante la competitividad, el coraje ajeno a las corrientes y un sentimiento marginado, similar a la incomprensión.

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Empapada por el bullicio de Londres, donde vive actualmente, María del Mar Sánchez, Cocomicchi, se tropezó un día con una tarjeta que ilustraba a una Blythe. Sintió la suficiente curiosidad como para averiguar algo más sobre ellas: “Fue entonces cuando descubrí que estas muñecas existían de verdad y que, además, contaban con todo un mundo de variaciones y posibilidades. Habiendo hecho tantas cosas a lo largo de los años, cuando comprobé la amplia gama artística que estas señoritas aportaban, me emocioné. Siempre he pasado de una cosa a otra, pero nunca nada logró retenerme tanto tiempo”.

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María, Cocomicchi, siempre ha tenido la mente inquieta. Antes de llegar a las Blythe, estudió en el Royal College of Fashion de Londres y se dedicó a la confección de corsés, al óleo, la fotografía y a su trabajo para una empresa de papeles de pared pintados a mano. Su obra es la revelación de una artista emergente ya que lleva customizando desde mediados del año 2008, sin embargo, sus muñecas alcanzan precios muy respetables. Cocomicchi maneja sus Blythe con una seguridad de la que ni ella misma es consciente. Hablando con ella, empezamos a descubrir el motivo: sus muñecas, como no podía ser de otro modo, son el resultado de la regurgitación de detalles de su vida, en exponer sin miedo lo que ella lleva dentro: “Mis nenas nunca serán clásicas y siempre llevarán una parte de mí en ellas”. A simple vista, ese trozo de ella tan fundamental se observa en las prendas de PVC con que las viste y en una expresión tímida y desafiante a la vez. “El mundo corsé y PVC me encanta y lo he llevado o llevo en mis carnes. Quizás yo sea una persona bastante oscura en estética y por eso en mis muñecas saco la parte colorista que de vez en cuando dejo salir a la luz, incluso incluyo detalles que han sido parte de mi vida en el pasado y que en estas niñas de plástico puedo preservar como un memento”, explica. En otras palabras, sus niñas son suyas porque son ella.

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Cocomicchi –seudónimo proveniente de un apelativo cariñoso que hace cosquillas con el que la llamaba su novio- confiesa que Antoinette, su primera muñeca, es su favorita. Se intuye que habrá, a pesar de todo, un impío efecto residual de la dolorosa vez primera que obliga a regresar, repetir y perfeccionar la vivencia.

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Su colección privada está compuesta por seis muñecas, “es decir, seis con sus nombres y personalidad” -puntualiza, pero queda alguna más esperando pasar por el bisturí. Cocomicchi empezó vendiendo con timidez y fue su primera compradora quien la incitó a continuar y hoy sus muñecas viajan a Estados Unidos, Australia, Brasil o Holanda y así, María va sembrando muestras de su talento por los cinco continentes. “Es curioso poder ver una obra tuya al otro lado del mundo en su nuevo ambiente”, señala.

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A pesar de la distancia, Cocomicchi, siente una conexión con los coleccionistas y artistas españoles y reconoce que aquí es donde está la cantera más prometedora –“genialísimos”, puntualiza, junto tal vez con Francia. Los asiáticos, en cambio, le merecen respeto, pero “tienden al barroquismo, lazos y tirabuzones”. Aunque son muchos los customizadores que admira, destaca la labor de Julien Martinez y Esthy & Lulla.

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Para el futuro, María, Cocomicchi, espera combinar su trabajo con las muñecas y actualmente está terminando un insinuante calendario con papeles pintados a escala Blythe porque la muñeca no termina en sí misma, sino que paulatinamente va ocupando mucho más que espacio físico.

YO, BLYTHEYO, BLYTHEYO, BLYTHEYO, BLYTHE

Texto: ISABEL MANCEBO + Fotos: REINA DE SALEM + COCOMICCHI