
Pharmakon explora el color verde como símbolo cultural ambiguo, entre cura y veneno, a través de obras que revelan su inestabilidad histórica, emocional y artística.
La exposición Pharmakon, presentada en la Galerie Chantal Crousel de París, propone un recorrido por las múltiples y contradictorias dimensiones del color verde. A través de obras de artistas históricos y contemporáneos, la muestra explora cómo este color —asociado tanto a la armonía como a la toxicidad— actúa como un agente simbólico inestable, capaz de encarnar promesa y amenaza al mismo tiempo.
Vista de la exposición.
Desde la antigua Grecia, el término pharmakon designa aquello que puede ser simultáneamente remedio y veneno. No se trata de una paradoja anecdótica, sino de una condición esencial: su efecto depende siempre del contexto, de la dosis y del uso. Esta ambivalencia es el punto de partida de la exposición, que toma el color verde como eje conceptual y sensorial para reflexionar sobre la incertidumbre, la transformación y el cambio.
Mike Kelley. Wood Grain # 9, 2003. Cortesía del artista y la galería Chantal Crousel. Foto: Jiayun Deng. © Mike Kelley/ADAGP, Paris (2026).
El verde nunca ha tenido un significado fijo.
A lo largo de la historia cultural occidental, ha sido un color escurridizo, cargado de tensiones. Goethe lo recomendaba a finales del siglo XVIII para los interiores domésticos por su capacidad para calmar la vista y estabilizar el ánimo. Sin embargo, aquellos papeles pintados verdes contenían pigmentos altamente tóxicos. El resultado era un entorno visualmente apacible y, al mismo tiempo, físicamente nocivo: un decorado letal disfrazado de equilibrio.
Vista de la exposición.
Esta contradicción histórica no es un accidente, sino una constante. Durante siglos, el verde fue químicamente inestable y difícil de fijar. Las sustancias utilizadas para estabilizarlo eran con frecuencia venenosas, lo que convirtió al propio color en un riesgo material. De ahí surge buena parte de su carga simbólica: el verde como signo de todo lo que muta, se desplaza o escapa al control.
Nina Beier. Scheme, 2014. Cortesía del artista y la galería Chantal Crousel. Foto: Jiayun Deng. © Mike Kelley/ADAGP, Paris (2026).
El verde es el color de lo que está en juego.
Preside los espacios del azar, el juego y la fortuna: las mesas de cartas, el dinero, la apuesta por el futuro. Puede traer buena o mala suerte, asociarse tanto a la juventud como a la corrupción, a la inocencia y a la decadencia. En lugar de resolver estas oposiciones, el verde las mantiene en suspensión.
La historia del arte y del cine ha sabido explotar esta ambigüedad. En El roble de Flagey de Gustave Courbet, el verde transmite la presencia sagrada y duradera de la naturaleza, sólida y casi eterna. En el extremo opuesto, los paisajes verdosos de Stalker (1979), de Andrei Tarkovski, sugieren contaminación, peligro y desolación espiritual. El mismo color que promete refugio puede anunciar amenaza.
Brook Hsu. Good-Bye Hannah, 2024. Cortesía del artista y la galería Chantal Crousel. Foto: Jiayun Deng. © Mike Kelley/ADAGP, Paris (2026).
También en la tradición literaria y pictórica el verde oscila entre polos opuestos. El Caballero Verde de las leyendas artúricas encarna protección y misterio, mientras que los tonos enfermizos en La niña enferma de Edvard Munch remiten al deterioro físico y emocional. En la cultura de consumo contemporánea, el verde vende frescura y naturalidad, pero también despierta sospechas de artificio o toxicidad.
Vista de la exposición.
En Pharmakon, el color se convierte en experiencia.
La exposición reúne a artistas de distintas generaciones, vivos y fallecidos, que abordan el verde no como una cualidad decorativa, sino como un campo de fuerzas. Aquí el color actúa como un elemento perturbador, capaz de desestabilizar las fronteras entre naturaleza y artificio, cuidado y peligro, seducción y amenaza.
Lejos de imponer una lectura cerrada, la muestra permite que emerjan zonas de indeterminación. El verde no funciona únicamente como símbolo, sino como vivencia sensorial y conceptual. Su significado no está dado de antemano: se construye en la relación entre obra, espacio y espectador.
Jean-Luc Moulène. Rose, Paris, 03 août 2002, 2005. Cortesía del artista y la galería Chantal Crousel. Foto: Jiayun Deng. © Mike Kelley/ADAGP, Paris (2026).
Pharmakon no ofrece respuestas, sino fricciones.
Al igual que el término que le da nombre, la exposición asume que toda promesa de equilibrio puede ocultar un riesgo, y que incluso lo tóxico puede contener una forma de cura. En ese territorio ambiguo, el verde despliega todo su potencial cultural, recordándonos que la contradicción no siempre debe resolverse: a veces basta con habitarla.
Marcel Broodthaers. Pluie & Mer du Nord, ca 1973. Cortesía del artista y la galería Chantal Crousel. Foto: Jiayun Deng. © Mike Kelley/ADAGP, Paris (2026).
Artistas participantes:
With Mathis Altmann, Nina Beier, Marcel Broodthaers, Chiki, Cosima von Bonin, Roberto Cuoghi, David Douard, Ana Viktoria Dzinic, Mimosa Echard, Felix Gonzalez-Torres, Andrew J. Greene, Wade Guyton, Pierre Huyghe, Brook Hsu, Dana Lok, Mike Kelley, Jean-Luc Moulène, Amy Sillman, Haegue Yang y Heimo Zobernig.
Pharmakon
Hasta el 7 de marzo de 2026
Galerie Chantal Crousel
París